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Los rankings son listados que se elaboran cada año desde diversas organizaciones, tanto públicas como del sector privado, a nivel nacional e internacional, ordenando las diferentes universidades tanto de la pública como de pago. (Fundación BBVA, CSIC, IVIE, ARWU)

Esta tendencia tiene su origen en el mundo anglosajón. Buena muestra de ello son los Estados Unidos, donde una larga historia de rankings lleva a estudiantes a decidirse por una u otra universidad; modificando así mismo el ya elevado precio de la matrícula para la que se ahorra desde el nacimiento de un hijo [1].

En realidad, su relevancia actual en el resto del mundo comienza a tener lugar en la última década, enmarcada en una globalización de la educación junto al principio del nuevo siglo, estableciéndose comparativas ya no sólo entre centros de estudio, sino entre naciones, y entrando con ello de lleno en la enseñanza superior española. Es ahora, con la profunda crisis de producción del sistema, cuando las miradas de instituciones, alumnos e inversores se dirigen a ellos con más fuerza. La necesidad de subvenciones en la deficiente financiación y administración de las grandes universidades públicas, en contraposición a la necesidad de captar una mayor cuota de mercado del sector privado, llevan a un recrudecimiento de la competencia por encabezar estas listas.

Estos estudios, si bien pueden llegar a ser informativos en ciertos aspectos, no pueden servir como una medida fiable de la calidad de un centro universitario, dado que se ven sesgados por diferentes variables. Se valen del apoyo en la “opinión de autoridad” de celebridades y directivos empresariales, juicios de excelencia —como es el número de premios Nobel por universidad— y se centran en las carreras con contenido económico/científico, menospreciando muchas veces a una universidad por su formación humanística[2]. Se trata, así, de una herramienta peligrosa para estudiantes e instituciones.

A escala nacional, da lugar a la competición entre centros por subvenciones del gobierno, adaptando los planes de estudio a la empresa y la productividad (con planes como el Espacio Europeo de Educación Superior, cuna del plan Bolonia), sin tener en cuenta las particularidades de cada universidad en su formación. Si bien la competencia sana podría ser favorable, se torna en poco productiva cuando es por ínfimas subvenciones y recursos claramente insuficientes. Al mismo tiempo, deja espacio a la dudosa colocación de centros privados en posiciones altas en determinados estudios, funcionando en muchos casos como una mera herramienta de marketing a fin de aumentar el flujo de alumnado a la iniciativa privada.

A escala internacional, deja en evidencia las deficiencias de la educación española, que de forma global pierde a pasos agigantados calidad educativa debido a la desviación de recursos. La falta de inversión en educación, profundizada por los continuos recortes de su ya deficiente economía, es incapaz de competir con la constante inyección de capital empresarial en el sector privado.

En conjunto, ambas cualidades nos presentan estos rankings como una herramienta que, en aspectos generales, incentiva y publicita la iniciativa liberal de la educación de pago, favoreciendo el desmantelamiento de la pública y universal, derecho conquistado hace ya décadas mediante la lucha de nuestros padres. Si bien es cierto que incentiva la competencia sana entre universidades públicas llevando a una mejor educación a priori, la práctica muestra la poca satisfacción generalizada de los centros [3] debido a que no analizan las particularidades de cada uno, ni atienden a las misma metodología en cada muestra, ni reflejan en muchos casos la objetividad y neutralidad necesarias para un estudio fiable.

C. Aizpurua


Referencias

[1] http://www.forbes.com/sites/evacairns/2013/10/17/university-rankings-how-important-are-they-an-interview-with-nello-angerilli-avp-university-of-waterloo-canada/

[2] http://noticias.universia.net.co/en-portada/noticia/2013/09/23/1051203/unesco-estudia-beneficios-desventajas-rankings-universidades.html`

[3] Conclusiones. http://www.usc.es/economet/journals2/eers/eers1238.pdf