El estudiante no sólo tiene que lidiar con las trampas y dificultades del Ministerio de Educación sino que también las propias Universidades ponen obstáculos para obtener las ayudas económicas.

 

La reducción de becas y el aumento de las tasas han expulsado a miles de estudiantes, todos ellos de familias obreras, de la Universidad. A día de hoy pocos se atreven a cuestionar esta afirmación y quienes lo hacen son fácilmente acallados con datos y hechos. Debido a la contestación social por estas políticas, el Estado busca métodos más silenciosos pero igualmente efectivos para evitar dar ayudas a los hijos e hijas de los trabajadores. Veamos una de ellas.

Lo más común es que el estudiante universitario realice, antes de iniciar el curso, su matrícula y seleccione qué asignaturas va a cursar a lo largo del año. No obstante, existen universidades con un modelo distinto: el fraccionamiento de la matrícula. Esto supone que el estudiante no hace una matrícula, sino dos. Se realiza una matrícula en verano para el primer cuatrimestre y otra segunda en navidades para la última parte del curso.

Podríamos cuestionar la lógica o no de esta medida en abstracto pero, si bajamos al terreno de los hechos, vemos claramente por qué hay Universidades que implementan este método.

Desde el curso 2013-2014 (cuando se produjo el gran cambio en el proceso de adjudicación de becas) sólo pueden optar a la beca completa del MEC los estudiantes que se matriculen del 100% de los créditos para un año ordinario. Es decir, ‘cojan’ todo el curso. Si el alumno se matricula de menos asignaturas sólo tiene derecho a una paupérrima beca de 60 euros.

Esta medida supone un ataque más para los hijos e hijas de los trabajadores pues, en la mayoría de los casos, quien se matriculaba de menos créditos es por no poder pagar el año entero si no recibía la beca. Así, con este método, se obliga al estudiante a jugar a una especie de ruleta rusa: has de matricularte en el 100% de los créditos y si obtienes la beca, sigues estudiando; en caso contrario deberás dejar los estudios por no poder pagar el número de créditos que, por otro lado, te has visto obligado a seleccionar por el modelo de adjudicación de las ayudas.

Si volvemos al supuesto del fraccionamiento de la matrícula, vemos cómo incluso a los alumnos que se matriculan del 100% de los créditos y cumplen los requisitos exigidos por el Ministerio se les ha negado la beca. El motivo es que, al fraccionar la matrícula, la Universidad envía al Ministerio los datos de los alumnos antes de que estos formalicen la segunda matrícula y, por lo tanto, a efectos prácticos cuentan como sólo matriculados en la mitad de la carrera. Por lo tanto sólo reciben la beca de 60 euros.

Aunque los estudiantes tienen derecho a una reclamación y, en teoría, se les dará el importe que les corresponde nos encontramos de nuevo con otro ataque a los estudiantes de capas obreras. Debido a la masificación de reclamaciones las Universidades se colapsan y los estudiantes empiezan a recibir sus becas en verano. Esto afecta especialmente a los estudiantes que cursan la carrera fuera de su residencia habitual y que tienen que hacer esfuerzos titánicos para costearse los gastos mientras esperan una beca que, con suerte, se les embolsará cuando el curso ya ha acabado.

Por otro lado, un buen número de estudiantes ni reclamarán, pensado que es la cantidad que les corresponde y siendo, por lo tanto, un fraude del Estado para ahorrarse una gran cantidad de dinero.

Las Universidades conocen esta problemática y aún así aplican el método del fraccionamiento pues su lógica es la misma que la del Ministerio: tener entre los alumnos sólo a quien pueda pagárselo.

Ana Escauriaza