"Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase."

V.I. Lenin-El Estado y la Revolución

Desde la irrupción de PODEMOS en la escena política, se ha iniciado un estilo de comunicación centrado en utilizar palabras que por sí mismas, no dicen nada, pero que en el contexto en que se utilizan, enmarcan una aspiración política determinada.

Ejemplos de esto, son la ya manidas “casta”, “gente”, “ilusión”, o la algo más actual “trama”. Estas palabras, por su ambigüedad, son utilizadas para que cualquier persona puede identificarse, sin importar si es esclavo o esclavista, siervo o señor, obrero o empresario, por parafrasear a Marx entre tanta teoría de Laclau.

La cuestión que se pretende abordar en este artículo es si esta estrategia de comunicación puede ser una herramienta valida en nuestro trabajo político, o por el contrario, nos encontramos ante un nuevo engaño del oportunismo.

La máxima de “los hechos no son nada, el relato lo es todo”.

Las raíces políticas fundamentales de dar más importancia a lo que se dice que a los hechos pueden resumirse en:

Primero, negar a la clase obrera como sujeto revolucionario, que objetivamente, y por su posición en la sociedad, se encuentra enfrentada con los intereses de los grandes empresarios, que tienen como sistema económico propio el capitalismo.

Segundo, negar la superación de la lucha de clases mediante la liberación de los trabajadores y su ascenso como clase dominante es posible.

En palabras del propio Laclau:

"Lo que yo no creo que pueda desaparecer nunca es el principio de la división social, que siempre va a existir y generar antagonismo. […] Una sociedad en la cual no hubiera adversarios funcionaría como una fórmula matemática, pero uno no tiene libertad dentro de una estructura matemática.

“Yo creo en el antagonismo administrado. Si hay instituciones dentro de las cuales el antagonismo distingue a la izquierda de la derecha y si ambas participan de un mismo juego institucional, entonces tenemos una sociedad más sana"

Estos pequeños extractos de distintas entrevistas, muestran con toda claridad como para los populistas modernos, el objetivo no es la superación de la sociedad capitalista, sino que al contrario, su objetivo es el de su consolidación. De este modo, todos estos conceptos vacíos tienen como objetivo servir a la pugna ideológica entre las distintas fracciones de los monopolios, y con ello, mantener intacta la capacidad de dominación ideológica de los capitalistas.

Así, la lucha por la hegemonía para el populismo, no es más que la pugna por el engaño y el mantenimiento de la ilusión democrática y la dominación ideológica.

¿Manipulación o toma de conciencia?

Respecto a esto, debemos dejar claro que el objetivo de un partido revolucionario debe ser elevar la conciencia de las masas y guiarlas en el objetivo revolucionario.

Y es que, ¿Qué ganamos los revolucionarios diciéndole al pueblo que “la casta” es el enemigo, aun cuando nosotros quisiéramos hacer pasar “la casta” por “la burguesía”? ¿Qué avance puede significar no llamar a las cosas por su nombre? Y lo que es peor ¿Qué subyace bajo la creencia de que es más fácil llegar al pueblo mediante la ambigüedad que mediante la realidad?

Pues bien, lo primero que debemos responder, es que estas palabras no se impregnan en las masas, simplemente por su ambigüedad, sino que lo hacen porque son objeto de millonarias campañas publicitarias en todos los medios de comunicación que están bajo el dominio de los monopolios de la información.

En segundo lugar, esta creencia esconde un pensamiento intelectual, por el cual, el pueblo no es capaz de comprender cuestiones políticas, económicas y sociales, y por eso ellos, deben ser los que “faciliten” todas estas cuestiones, en una suerte de despotismo ilustrado moderno, de todo para el pueblo pero sin el pueblo.

En conclusión, las palabras vacías o ambiguas, no son una herramienta válida para los revolucionarios, ya que enmascaran y desprecian la verdad. Los y las comunistas debemos luchar por desenmascarar cada engaño, no por introducir nuestras posiciones participando del mismo.

Luis Muñoz Gutiérrez