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A partir del estallido de la crisis capitalista de 2008 se ha sucedido el periodo de mayor agresividad y ataque a las conquistas sociales y laborales desde la etapa del golpe de Estado franquista. Esta violencia, en condiciones “normales” habría provocado un terremoto de respuesta obrera, ante las reformas laborales, corrupción político-empresarial, ataque a pensiones y servicios sociales, desmantelamiento de lo público, etc.

Pero no solo influye en la parálisis general de la clase trabajadora la carencia de una necesaria conciencia de clase, sino que intervienen fuertemente las condiciones de vida y trabajo que padece un importante sector de nuestros compañeros y compañeras. Entre otras el incremento de la contratación temporal.

Si bien es cierto que actualmente las cifras colocan a la sanidad pública con muchos más contratos temporales respecto a la privada (28% frente al 18%, según la EPA2014), las condiciones de trabajo empeoran enormemente en esta última, llegando a poner al trabajador o trabajadora en una situación de enorme debilidad a la hora de reclamar sus derechos.

Teniendo en cuenta el principio de rentabilidad, las empresas llevan el balance “trabajo/ganancia empresarial” al máximo exponente a su favor, y la sobreexplotación de los colectivos más débiles de la clase obrera es fundamental para su acumulación de ganancias. Al fin y al cabo, en eso consiste el capital.

Todo ello teje una realidad de las condiciones laborales que implican: desregulación de jornada de turnos (diez o doce jornadas de trabajo seguidas sin días de descanso, para cubrir “necesidades de la empresa” en determinadas fechas), cambios continuados del servicio donde se trabaja (hoy en cirugía, mañana en paliativos o urgencias), derecho de afiliación sindical negado en la práctica, labores extra que no corresponden a la categoría profesional, imposibilidad de coger una baja, obligación de asistir fuera de jornada a formación en la empresa, etc. Cuestiones que a pesar de estar protegidas por la ley laboral o el convenio colectivo, no pueden ser reclamadas debido al grave riesgo de no ser renovado el contrato de trabajo.

El ejército de parados sigue siendo vital para la patronal.

Por otro lado, la presión de la ideología empresarial que se intenta inseminar por parte de los jefes, para normalizar en la y el trabajador el sacrificio por la empresa, y que no merece la pena reivindicar ni buscarse problemas para reclamar los derechos; pretendiendo así moldear la actitud y el criterio fundamentalmente entre los y las jóvenes (la mayoría de las contrataciones), que inician con sus primeros empleos y que normalizan esta sumisión del trabajador a la empresa.

Pero la violencia empresarial no queda aquí, puesto que perpetúan esta posición de fuerza el mayor tiempo posible, para seguir teniéndonos de rodillas. Para ello se recurre a métodos de ingeniería empresarial en los tipos de contratos, con prácticas fraudulentas pero difícilmente demostrables donde alternan, por ejemplo, contrato de sustitución y contrato de circunstancias de la producción (este último limitado a un periodo máximo), para cubrir puestos estructurales de la empresa a través de contratos temporales.

Llegado el plazo máximo por ley para estos contratos, en lugar de pasar a ser indefinido y consolidar el puesto de trabajo, se le manda al paro para volver a “rescatarlo” meses después y beneficiarse de las bonificaciones empresariales en la cotización de la seguridad social por la contratación de parados y paradas.

Este terrorífico panorama muestra cómo se perpetúa la espiral de temporalidad y precariedad para nuestros compañeros y compañeras más jóvenes, que se ven incapaces de construir un proyecto de vida a costa de los beneficios de los monopolios y grupos privados de sanidad.

Nos toca hoy estar a la altura de las circunstancias como clase, como trabajadores y trabajadoras (fundamentalmente los de contrato fijo), luchando por cambiar esta miserable realidad que nos imponen las empresas. Luchando para cambiar esta esclavitud a la que nos quieren llevar, a través de la organización en la asamblea de trabajadoras y trabajadores y en los sindicatos combativos.

Francisco Valverde – Presidente del Comité de Empresa de Hospital Quirón Tenerife (Alternativa-SOC) y miembro del Comité Nacional del PCPC