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El Tribunal Supremo no “tumbó” la reforma laboral del PP ni nos devolvió la ultraatividad de los convenios. El Alto Tribunal dejó migajas para quienes tenían unas ciertas condiciones laborales y hambre para las nuevas incorporaciones, o lo que es lo mismo, hizo un encaje fino y por la vía de entender que las condiciones más favorables de los convenios se habían incorporado a los contratos y, por tanto, persistían unidas indisolublemente a la persona que tuviera ese contrato, al derogarse su convenio y para quienes se incorporen tras la denuncia de un convenio, partirían de cero y sin esas mejoras. La reforma laboral vino a quedarse y el golpe mortal a la negociación se deja en diferido, lo sufrirán trabajadoras y trabajadores de nuevas contrataciones. No era para echar campanas al vuelo aquella sentencia del TS, la clase obrera no encontrará jamás justicia en los palacios de administrar leyes.

Ningún engaño cabe sobre la inexistencia de la separación de poderes o la imparcialidad de los tribunales; el carácter de clase del Estado y sus instrumentos se muestra a ojos vista en bastantes ocasiones. Tan contentos andábamos sobre la sentencia del registro de jornada, ahí parecía que por fin la carga diabólica de probar las horas extras llegaba a su fin, pero ¡zasca! Tan alborotada y preocupada andaba la patronal que nuevamente el Supremo, tribunal entiéndase, dice que donde dije digo… y el registro de la jornada diaria de la plantilla para comprobar el cumplimiento de jornada laboral ya no es obligatorio.

Bastantes titulares y revuelo ha ocupado una sentencia que es de finales del 2016. Hay quienes mantienen que “El supremo avala que se pueda eludir una huelga con subcontratación”, o quienes defienden que únicamente se trata de “una línea conservadora y que se reabre el debate sobre el derecho a huelga”. Ciertamente no se trata exactamente de avalar la subcontratación en caso de huelga, no es la empresa cuyo personal está en huelga quien subcontrata, sino los clientes de esta empresa, pero se usa y manipula el material de la empresa principal y ese dato es importante para entender que cierto esquirolaje hay en ese proceder. Se vacía paulatinamente un derecho fundamental como el de huelga. Junto con la criminalización de la protesta y la no despenalización de los piquetes poco a poco se van poniendo trabas al ejercicio de ese derecho. Cualquier día recibe el golpe de gracia legislativo que lo deje en una mera declaración. Mientras eso llega, poco a poco se va tejiendo un marco de relaciones laborales inseguro para la clase obrera, homogenizando a la baja sus condiciones de trabajo, individualizando las relaciones laborales y reduciendo los derechos de los representantes unitarios y sindicales con el crédito horario.

Ana Muñoz