Compartir

Desde que nacemos se nos bombardea constantemente con lemas como que “vida solo hay una” o a “vivir que son dos días”. Y es una idea terriblemente cierta, poco hay más humano que saber que la vida tiene millones de cosas para ofrecernos y no podremos conocerlas todas. Esta realidad no pasa desapercibida por los equipos de publicidad de las diferentes empresas, que nos atiborran de falsa ilusión por vivir con campañas centradas en el consumo, el optimismo radical y una apariencia de eterna juventud. Los anuncios veraniegos de cerveza son un ejemplo excelente de este tipo de propaganda, la juventud somos su principal objetivo; pero -como suele ocurrir- los capitalistas suelen contarnos historias que chocan frontalmente con la realidad de la juventud obrera.

La realidad de la juventud obrera es la de vivir con unas tasas de paro que alcanzan, en algunas comunidades autónomas, al 57% de la población joven, que ahora está disminuyendo a costa de contratos que en su gran mayoría son contratos temporales, a tiempo parcial, y que si dan para vivir emancipados, será para hacerlo en la más extrema precariedad. Situación especialmente grave la que vive la mujer joven por culpa de una sociedad patriarcal que la relega a puestos de trabajo como el de empaquetado de frutas con unos sueldos inferiores al que perciben los hombres en la misma industria.

Pero aún en estas condiciones que, recalcamos, en el mejor de los casos dan para pagar techo y comida, el capitalismo insiste en robarnos la vida hasta cuando no estamos trabajando. El sistema en el que vivimos actualmente está repleto de contradicciones; nos vende una vida que merece ser vivida, pero nos aleja constantemente de la vida en jornadas interminables por un sueldo mísero y nos quita las cosas que le dan sentido, como la cultura o el establecer unas relaciones sanas entre iguales. Es aquí donde los comunistas hacemos de la archiconocida frase del Manifiesto Comunista “La clase trabajadora tiene por delante un mundo que ganar” nuestra razón de ser. Y es que el capitalismo nos quita la vida en trabajos basura, bajo un sistema que maltrata y destruye la cultura, fomenta el individualismo aislando a las personas e incluso se la quita a miles de mujeres al año, mujeres que este sistema continúa considerando objetos. Tampoco se puede olvidar a aquellas personas que pierden su vida en nuestros barrios en la droga -porque son más baratos unos cuantos gramos de polen que una entrada al cine-, o el caso de quien paga con la libertad el tener cierta inquietud política, y acaba en una celda.

Ser comunista es ver que vida solo hay una y merece ser dedica a la lucha para que la humanidad pueda disfrutarla por el resto de la historia.

J.PCPE