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Cuando ya contamos con los datos definitivos de las elecciones alemanas del día 22, podemos afirmar que no ha habido grandes sorpresas frente a lo que se decía en los sondeos previos: triunfo claro de la CDU/CSU de Angela Merkel, escasísima mejoría del socialdemócrata SPD y bajada de Los Verdes y La Izquierda (Die Linke), mientras desaparece del mapa parlamentario el hasta ahora socio de gobierno de la CDU/CSU, el Partido Liberal (FDP).

Los resultados plantean todavía una incógnita a día de hoy: quién será el socio o socios de gobierno de Angela Merkel durante los próximos años. Todo parece apuntar a una nueva edición de la Gran Coalición de 2005 entre la CDU/CSU y el SPD, que ha decidido consultar a sus bases sobre el asunto a sabiendas de que el último ejemplo de una alianza de este tipo le terminó acarreandoo desastrosos resultados. Si esa opción no prosperara siempre quedarían Los Verdes, dado que los escaños que necesita la Merkel para la mayoría absoluta son muy pocos y el partido ecologista, que los tiene, ha dado buenas muestras a lo largo de los años de cuán profundas son sus tragaderas políticas e ideológicas.

En todo caso, lo que parece claramente descartado es un pacto entre SPD, Los Verdes y La Izquierda, a pesar de las insistentes voces que, desde el oportunismo patrio y europeo, piden un gobierno “de izquierda” para Alemania. El SPD ya ha dejado claro que no gobernará con La Izquierda, dato que no deja de ser llamativo para un observador extranjero. Uno, quizás impregnado de las experiencias como el gobierno autonómico de Andalucía, no entiende bien este tipo de cosas que pasan en Alemania.

Es llamativo porque La Izquierda (Die Linke), no es más que una organización socialdemócrata perfectamente acomodada en el sistema político burgués alemán y europeo. En ningún caso es esa organización revolucionaria cuyas propuestas puede temer el SPD alemán por “rojas”. Vamos, igual que aquí, de ahí la extrañeza. La Izquierda no lleva en su programa nada que pueda hacer temblar a los capitalistas alemanes: olvídense de recuperar la RDA, olvídense de romper con el Euro, olvídense de romper con la OTAN, olvídense de salirse de la UE. Die Linke no dice nada de eso, pero la reciente historia alemana pesa en las conciencias de los partidos del establishment político.

Como entiendo que los dirigentes del SPD han leído y conocen el programa de La Izquierda, no me cabe la menor duda que la razón de la negativa socialdemócrata al pacto con el hermano alemán de IU es que el SPD comparte, con pocos matices, la línea política que está desarrollando el gobierno de Merkel y no quieren ni oír hablar de otras opciones de gestión capitalista. Si esto es así, ¿a qué se debe esa insistencia antes comentada de que haya un “gobierno de izquierda” en Alemania? ¿Se puede hablar de un “gobierno de izquierda” si está en él el partido que, con Schröder a la cabeza, abrió el camino para las medidas antiobreras brutales que hoy amplía la Merkel? ¿Se puede hablar de un “gobierno de izquierda” con quien representa al gran capital alemán de manera similar a como lo hace la CDU/CSU? Lamentablemente, mucho me temo que esté operando aquí un error similar al que cometieron algunos con el francés Hollande, a quien una buena parte de la supuesta “izquierda” vitoreó y que bien poco ha tardado en demostrar del lado de quién está cuando se trata de preservar los derechos de los monopolios en su propio país o en el extranjero.

Existe una dinámica perniciosa que se ha instalado en las mentes de muchos trabajadores y trabajadoras de toda Europa. Consiste en entender que los problemas de los países como el nuestro, o Grecia, o Portugal, son debidos a que Angela Merkel es la jefa del gobierno alemán y que la gravísima situación económica actual se explica, fundamentalmente, en claves de “Alemania frente al resto”. Tal vez esa dinámica, vista desde Alemania, explique en parte que una clase obrera como la alemana, con 8 millones de trabajadores y trabajadoras que ganan menos de ocho euros por hora de trabajo y otros 3 millones que tienen dos empleos para llegar a fin de mes, otorgue un nuevo mandato a la única dirigente que ha conseguido resistir electoralmente el estallido de la crisis capitalista (recordemos a Sarkozy, a Berlusconi, a Zapatero).

Esa dinámica perniciosa y maniquea, que analiza las relaciones económicas en el mundo capitalista bajo un prisma de “buenos” y “malos”, no solucionará en absoluto la situación de una clase obrera como la alemana, la española, la griega o la portuguesa donde capas cada vez mayores se enfrentan a una situación en la que los salarios, si se tienen, ya casi no permiten reproducir la fuerza de trabajo.

Mientras unos, los capitalistas, ven en Alemania un ejemplo para casi todo (minijobs, seguridad social a cargo del trabajador exclusivamente, flexiseguridad), otros, los oportunistas, piden que Alemania sea ejemplo de un capitalismo embellecido, menos explotador, pero capitalismo al fin y al cabo, como pregonan los documentos del Partido de la Izquierda Europea (PIE), de cuyo núcleo dirigente forma parte Die Linke.

Pero ambas posiciones olvidan, no sé si intencionadamente, que el problema no reside tanto en Alemania como país, sino en los monopolios alemanes, en el capital financiero y productivo con base en Alemania, que lucha salvajemente por alejarse de la crisis capitalista partiendo de una base sustancialmente más favorable gracias a la existencia de la UE y del Euro, herramientas que le permiten, en competencia con otros monopolios de base europea, mantener sus beneficios a costa de la sangre y la vida de los trabajadores y trabajadoras de toda Europa. ¡Sí, de toda Europa! ¡Incluidos los trabajadores alemanes!

Por todo ello, un mero cambio en la cara del gestor político de los intereses monopolistas en Alemania no es una solución útil para la clase obrera. Tampoco lo es la propuesta que el partido Alianza por Alemania realiza: la salida del euro, simple y llanamente y, además, por la derecha.

Nada de eso. Ni mucho menos. Es necesario avanzar en la elevación de la conciencia de los y las trabajadoras de Alemania, igual que en el resto del continente. Es necesario avanzar en la superación de esa ideología que impera y que quiere situarnos detrás de nuestras burguesías patrias como única vía para salir de la crisis. Si aceptamos eso, posiblemente se salga de la crisis, como de las anteriores crisis cíclicas del capitalismo, pero lo haremos subyugados completamente a los intereses de la burguesía y sin uno solo de los derechos que la clase obrera pudo arrebatar al capitalismo monopolista cuando éste tenía excedente de capital para otorgar pensiones, derechos y servicios públicos.

Avancemos en la unidad de clase a todos los niveles, situémonos en clave de superación radical del capitalismo y de las herramientas y estructuras capitalistas. Avancemos, aunque el camino sea largo, en la creación de una conciencia de lucha, de ruptura con la UE, con el Euro, con todo lo que implican, pero hagámoslo en clave de construcción socialista, para que no vuelva a haber miseria, paro, ni explotación.

Ástor García