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¡Ole mi niña! Ahí la tenéis rondando los 60 y dispensando favores con esa boquita colmada de excrecencias nacáreas, renegridas, duras, que se amontonan fuera de la boca como pedruscos y que desmerecen, más si cabe, el microscópico peso de un cerebro que pasa desapercibido en una báscula de precisión. En Madrid no podíamos presagiar que tras la marcha de Ruiz Gallardón de la Alcaldía nos tocaría en suerte una mujer laureada por el sobresaliente carrerón de su marido.

Doña Ana Botella llegó a la casa consistorial sabiendo leer y en poco tiempo dejó de firmar con el dedo, hizo sus pinitos escribiendo con una caligrafía insuficiente pero legible. Empleó largos pero felices años de aprendizaje y viendo sus mentores que la chavala asimilaba que se mataba, le dieron una Concejalía para que continuara su instrucción. No tardó en arrancarse con las matemáticas y de la suma de peras y manzanas resultó su vehemente oposición al matrimonio entre homosexuales. Una lumbrera, vaya. Unos decían... ésta es un lince, otros que una sabandija, otros que una ardilla y los menos adeptos veían en ella una lagarta. Así que de la fusión de todas esas especies, la ciencia tiró por el camino más fácil y forjó una alcaldesa.

Con tanta erudición y sabiduría se fue viniendo arriba, se quitó el embozo y se rindió al deseo de largar sin que nadie pudiera colocarle el ronzal. La alcaldesa no reposa. Ella donde pone el ojo pone el diente y se ha emboscado en el Ayuntamiento con un desparpajo que le ha dado renombre y fama internacional. Pero donde ella alcanza el relieve más notorio es cuando se expresa en extranjero. Su esposo, que es un hombre de discreción y pocas tonterías, habla lenguas en la intimidad, pero ésta se ha empeñado en que es políglota y no importa si es francés, inglés, griego o armenio… habla en un tono lánguido pero habla en cualquier lado...

Cuando la alcaldesa de Madrid se ensambla un micro a la dentadura, nosotros queremos que nos traguen las entrañas de la tierra pero nos hemos ido acostumbrado y una vez que un especialista nos trascribe la diatriba vemos que sí, que ella es una mujer dotada para descuartizar discursos. ¿O no recuerdan ustedes aquél en el que la Excelentísima Señora decía que el único culpable de la catástrofe del Prestige era el barco? ¡Ahora vuelve a por otra...!

Y recuerdan aquél que diu que... "para la limpieza de las calles de Madrid los mendigos son una dificultad añadida? Sí, hombre, la genialidad y las ocurrencias de Ana Botella han captado la atención del mundo entero. Y sabiéndose poseedora de una duradera fama, se fue a Buenos Aires y preparó una arenga ofensivo-defensiva para convencer al comité olímpico de la conveniencia de que los juegos del 2020 se celebraran en Madrid y ahí empezó la triste y negra historia de la Dama.

Doña Ana, que es muy ansiosa y muy exhibicionista, presentó un proyecto celestial, pero la muy petulante se empecinó en decirlo en inglés. Su marido le imploraba en un tono melosón y plañidero: "en inglés no, cari, que nosotros somos españoles, en caló, reina", pero ella que se veía vestida de rojo como pretty woman, con las manos bien asidas en el atril, mientras aclaraba la voz y recorría con su lengua cada uno de los 80 incisivos, colmillos, premolares y molares que tiene acuartelados en la boca, se arrancó con un discurso que, no es porque yo lo diga pero fue… centelleante, resplandeciente, turbador, brutal, sobresaliente, pero… !mecagonlalecheputa!, los señorones que siempre están presentes en esas ridículas ceremonias no entendieron nada y se cargaron nuestras nobles pretensiones así que fletaron un avión y nos la devolvieron, a pesar de la experiencia lingüística que atesora la Señora. No me digan ustedes que no han existido irregularidades. No me digan que eso no tiene un tufo antiespañol. ¿Puede un exordio colmado de merenderos, bebenderos y bailaderos ser mejorado por Tokio? !!Qué gente más envidiosa, oye!!

Telva Mieres