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Un 47’5% (2.079.340 votos) del electorado catalán, en unas elecciones con una participación histórica del 79,09%, han manifestado que no quieren ser españoles. Un 43’45% (1.902.061 votos) han manifestado que apoyan una España unida en forma de monarquía Parlamentaria. Por último, un 7’46% (326.360 votos) han votado por un proyecto republicano español basado en el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de Catalunya.

Si seguimos con los porcentajes, un 54’96% de los votantes se manifiestan republicanos y están a favor de la autodeterminación de Catalunya. En las elecciones del 2015 los votantes a favor de la independencia catalana fueron un 47,8% (1.966.508 votos).

El año 2010, hace menos de 8 años, el voto independentista, es decir, de personas que no querían ser explícitamente españolas, fue de un 11,56% (361.928 votos).

Ante este escenario el Reino de España es incapaz de dar una respuesta que por lo menos empuje el balón unas cuantas décadas, y que sostenga el proyecto de acumulación de riqueza de la oligarquía española una generación más. El gobierno del Partido Popular, que en Catalunya ha sido relegado a la última posición (algo que es también una fuerte anomalía política), solo ha sabido abordar esta nueva situación social con una respuesta que en Catalunya no hace más que aumentar la voluntad independentista de amplios sectores sociales. Por un lado, el trato discursivo, tanto político como mediático es dirigirse a los independentistas como “anormales”, “nazis”, “totalitarios”, “infantiles” o simplemente como una propiedad de todos los españoles. Por otro lado, la respuesta represiva basada en encarcelamientos, denuncias, grupos fascistas campando a sus anchas por semanas y la liquidación de la autonomía financiera y política; sólo provocan la reafirmación y el ensanchamiento de la voluntad separadora de España.

En las horas en que se escribe esta nota, el Gobierno español anunciaba la presentación de un recurso ante el TC contra la investidura de Carles Puigdemont como President de la Generalitat. Una acción que se interpreta como que el Gobierno de España se atribuye la facultad de decir quién puede y quién no puede ser presidente de Catalunya. Además anuncia a bombo y platillo y con toda la hidalguía que buscará a Puigdemont por tierra, mar y aire… y hasta en los maleteros de los coches.

El Gobierno español espera ganar por los puntos, por agotamiento y rendición del adversario, planteando una estrategia basada en el “enemigo interno” y poniendo todos los resortes del Estado al servicio de esta guerra interna. Algo muy peligroso no sólo para Catalunya si no para el conjunto de la clase obrera y sectores populares de los pueblos de España.

Hoy los estrategas de La Moncloa se encuentran que lo que era su jugada maestra, intervención y asfixia financiera, promover la salida de empresas de Catalunya, suspensión de la autonomía, encarcelamientos y persecución judicial contra diputados, más de 700 alcaldes, concejales y ciudadanos, violencia policial y grupos fascistas campando por Catalunya… no ha funcionado, al contrario, ha consolidado a una gran parte de la población catalana que no se siente y no quiere ser española, el partido de gobierno ha quedado como una fuerza residual en ese territorio, han dado alas al invento de la Fundación FAES (Ciutadans), han comprometido a la Monarquía en la guerra interna y con la realidad de que si el independentismo no se ha desgastado socialmente, los que se están desgastando son ellos. La crisis continuará, seguramente se acentuará. España en su pantano, sin enmienda, seguirá por la misma vía.

Los y las comunistas del Partit Comunista del Poble de Catalunya hemos mantenido una posición difícil y compleja, pero la única coherente en una situación en que se dirime una Monarquía española en la OTAN y la UE vs una República catalana en la UE y la OTAN. Es decir, dos proyectos burgueses con intereses divergentes. Nuestra posición, democrática y de clase, hoy debe salir de ciertos bucles, defendiendo su posición en los frentes de masas y orientando las luchas en función de la contradicción capital-trabajo. Esta guerra no es nuestra, pero los y las comunistas no abandonamos ni hacemos dejación de nuestras responsabilidades en ninguna lucha que protagonice la clase obrera.

Ferrán Nieto