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Los premios de reconocimiento emitidos por organismos oficiales, por instituciones estatales, o por institutos gubernamentales suelen, en los estados capitalistas, comportar un reconocimiento no sólo profesional sino, principalmente, político o ideológico. Naturalmente ha habido excepciones, pero incluso éstas, desde un punto de vista político, han estado influenciadas, en el fondo, por acontecimientos o ciertos flujos en el opinión pública que corresponde a una determinada influencia histórica. Los premios Cervantes de 2018 no han sido, en ese sentido, ninguna excepción.

Este año ha sido concedido al escritor y también político nicaragüense Sergio Ramírez. Independientemente de la calidad como escritor de este personaje, la figura de Ramírez cobra relevancia en relación con su implicación en la situación política de Nicaragua a lo largo de varios años. No se trata de analizar el aspecto artístico del escritor, se trata, en este ámbito, de hacerlo desde el punto de vista político.

Baste situar las palabras pronunciadas por Sergio Ramírez cuando recogió el premio Cervantes, delante de todo el aforo reunido para la ocasión, y que lo dedicó a "la memoria de los nicaragüenses asesinados estos días en las calles por reclamar justicia y democracia. Y a los miles de jóvenes que siguen luchando sin más armas que sus ideales para que Nicaragua vuelva a ser República". Esas palabras, a su vez, están remitidas al contexto de movilización política violenta que en esos momentos estaba ocurriendo en Nicaragua, movilizaciones convocadas por la oposición antisandinista nicaragüense y en contra del presidente Ortega. A su vez el Borbón lanzó un apoyo explícito a esas movilizaciones con la excusa del discurso de entrega a Ramírez del Premio. Como observamos, la oportunidad política del premio es realmente significativa. En el mismo momento en que un país miembro del ALBA, aliado de Venezuela, con muy buenas relaciones con Cuba, en el eje progresista de América Latina, se ve sacudida por violentas manifestaciones de grupos de estudiantes de universidades privadas y católicas, con convocantes “anónimos” que generan violentos enfrentamientos con la policía y contramanifestantes, en ese preciso momento político, el jurado del Premio Cervantes se decanta por las excelsas cualidades literarias de Sergio Ramírez, político nicaragüense principal oponente de Daniel Ortega... curiosas casualidades de la vida... Como diría Cervantes : “Siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos”.