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Justo en el momento en el que veníamos situando que se abría un horizonte de creciente movilización popular y aumento de la conflictividad laboral, la aritmética parlamentaria ha provocado un cambio inesperado de gobierno y retorna al PSOE al frente de éste. Un gobierno que ya hemos caracterizado como el encargado de abrir la ventana para ventilar el hedor de la corrupción orgánica del PP, para seguir haciendo respirable la gestión de gobierno del “consejo de administración” de la oligarquía en España. Un gobierno destinado a darle cauce y desatascar los principales conflictos sociales de nuestro país y que, de una u otra manera, venían poniendo en entredicho desde hacía tiempo la hegemonía de clase de la fracción dominante de la burguesía, sin que el gobierno del PP hubiera demostrado la más mínima capacidad de resolverlos sin generar una amplia quiebra social. Catalunya, igualdad formal de género, financiación autonómica, corredor mediterráneo, pensiones o modelo energético, son los retos que, con aires indudables de modernidad, debe enfrentar este gobierno para resolverlos a favor de los de siempre, pero sin generar una ruptura con el movimiento obrero y popular.

Es la misión histórica de la socialdemocracia –de la vieja y de la nueva- desde que hace 104 años le votaron sus presupuestos de guerra a la burguesía alemana y francesa, y lo siguen cumpliendo a pies juntillas. Gobiernan con Merkel, votan a Macron y cosechan votos burgueses del PNV y del PDCAT sin ruborizarse. Son la expresión más avanzada de la llamada razón de estado y, salvo que esta vez se demuestre lo contrario, conservan la capacidad de generar amplios consensos sociales en su defensa.

Consecuentemente, las preguntas a realizarse es si, tras la multitud de ejemplos pasado y presente que nos ha brindado el PSOE en estas últimas décadas de gobernar a favor de los intereses de las clases dominantes, el movimiento obrero y popular sabrá salirse de la falsa dicotomía derecha/izquierda y le responderá como se merece ante todas las medidas antiobreras y antipopulares que vaya adoptando. En definitiva, ¿habrá capacidad para valorar las cosas por su realidad material y por sus hechos concretos y no por la valoración abstracta de que ya no lo ha hecho un gobierno del PP?

Sin duda, nosotros/as, los y las comunistas nos apuntamos a no darle ni 100, ni 2 días de cortesía al nuevo gobierno; está en nuestro punto de mira y, de entrada, ya denunciamos que algunos de sus primeros anuncios sean que no piensan derogar en su totalidad ni la reforma laboral ni la ley mordaza, pese a que ambas promesas formaron parte de su programa electoral. Dicen que el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra, quienes lo hagan por enésima vez con un gobierno del PSOE serán algo más que torpes.

Corremos el riesgo de que se evidencie en muy poco tiempo la complicidad electoral de muchas de las estrategias movilizadoras que se dieron en los últimos meses si éstas acaban ajustándose a los tiempos y argumentos del nuevo gobierno o de sus socios parlamentarios de IU y Podemos. La calle no puede parar, pues cualquier retroceso en las dinámicas de movilización nos vuelve a situar en una posición de debilidad. Igualmente ningún acuerdo en materia salarial puede suponer una desmovilización general del movimiento obrero y la aceptación de una reforma laboral “maquillada” con la retirada únicamente de anulación de la ultra actividad de los convenios.

La paz social es la mayor trampa que nos puede tender el gobierno de la socialdemocracia y sus quinta columnistas en el seno del movimiento obrero y popular. No esperemos a que ocurra lo que sabemos de sobra que acabará pasando; pongamos desde ya a la cabeza de la lucha y no cedamos ni un milímetro, ni una simple coma de las que son nuestras reivindicaciones.

Luchamos para vencer, no para cambiarle el collar al perro.

Julio Díaz