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Editorial Octubre 2018

En un país, donde los medios de comunicación dominantes pretenden hacer creer que lo único importante es el último máster realizado, o no realizado, por los dirigentes de las formaciones políticas burguesas, la clase obrera tiene que colocar en el centro de la lucha política la defensa de sus intereses, y su propia estrategia para emanciparse de la dominación y explotación por parte de la clase parasitaria, que todo lo obtiene de la utilización mercantil de nuestra fuerza de trabajo, de la explotación.

El actual Parlamento burgués español ha integrado a una variedad de fuerzas políticas que pretenden presentarse como el único ámbito donde es posible organizar la intervención de las masas obreras y populares.

Un abanico de formaciones que cubren el espectro político desde la ultraderecha hasta la supuesta “izquierda radical”. Así, los angelicales podemitas son presentados como una formación que estuviera dispuesta a romper las reglas del juego pactadas en la Transición, cuando ello no es más que una burda caricaturización de una formación cuyo papel no es otro que cubrir el flanco izquierdo de la dominación de la burguesía, para darle mayor estabilidad.

La clase obrera no tiene presencia en ese Parlamento. Quienes lo componen, de una u otra manera, representan en exclusiva los intereses del bloque de poder dominante.

En un contexto de debilitamiento de las organizaciones sociales, producto de años de traiciones y derivas reformistas, y producto también de nuestros propios errores e incapacidades, la clase obrera y los sectores populares han de activar su propia agenda política y su propia táctica de lucha.

En las condiciones más difíciles, y de mayor desventaja, la clase obrera necesita mirar por encima del bosque y defender sus propios intereses con una posición a la ofensiva, con una intervención de masas y con la dirección política del Partido del proletariado. 

El punto de partida hoy lo constituyen una serie de luchas de la clase obrera, y del pueblo, que se extienden por todos los lugares, y a las cuales a veces no se les da toda la importancia que tienen como factor de multiplicación de las capacidades para confrontar con las estrategias opresoras y explotadoras de la clase dominante.

Las camareras de piso (Kellys), los pensionistas, los movimientos de Memoria Histórica, las mujeres contra la violencia y su discriminación, la juventud, las luchas por la defensa de la libertad de expresión, las luchas por los derechos nacionales, las luchas por la defensa del puesto de trabajo, los movimientos contra la guerra, los movimientos de solidaridad internacionalista, ……, todos ellos, y más, son hoy la expresión de las capacidades de la clase obrera y el movimiento popular para confrontar con la clase dominante. La lucha de clases existe y, a pesar de su actual desventaja, la clase obrera ni se rinde ni entrega sus trincheras, desde las que sigue organizando su lucha.

El papel del Partido Comunista es el de insertarse en esas luchas, y en otras más que es posible activar, para que esas acciones, por ahora limitadas, vayan adquiriendo una dimensión mayor, y lleguen a alcanzar una capacidad de movilización de amplias masas, guiadas por una propuesta política determinada por la estrategia de la emancipación, de la destrucción del sistema capitalista.

Los grandes problemas de la clase obrera, y de la Humanidad, únicamente tienen su solución en el marco de la sociedad socialista que ha de venir. 

Hay que convertir esta sencilla y contundente afirmación en la principal bandera de las luchas obreras y populares. 

Hay que conducir a la clase obrera hacia un histórico salto cualitativo en el grado de desarrollo de su conciencia de clase. Por ese camino conseguiremos que la moral de lucha, y la determinación de vencer arraiguen de una manera generalizada en las grandes masas, que yo no limitarán sus demandas a limitados retoques en el sistema de dominación, sino hacia el poder obrero y la construcción de la sociedad socialista. Asimilando, y haciendo realidad, la aseveración de V. I. Lenin de que “lo único importante es el poder”.

Sin la intervención del Partido Comunista este desarrollo superior de la lucha de clases no será posible. Por ello el PCPE, cada militante del Partido y de la Juventud, ha de centrar su acción militante en la búsqueda de la más eficaz intervención de masas. 

Hoy nuestro Partido, por sus propios principios y por su propia historia, tiene las mejores condiciones para jugar ese papel en el día a día de la lucha de clases. Allí donde la intervención del Partido está más desarrollada nuestra organización está consiguiendo un alto reconocimiento por parte de las masas obreras y populares. Donde nuestra organización no está tan desarrollada hay que realizar un gigantesco esfuerzo para quemar etapas en el más breve tiempo posible.

El Comité Central trabaja para colocar todas sus capacidades al servicio de este objetivo político.

Reforzar la centralidad en la intervención política, coordinar con disciplina todas las fuerzas propias –y también las próximas-, desarrollar y aplicar con iniciativa los acuerdos del Comité Central, y mantener a todo el activo partidario, y de la Juventud, a la ofensiva es el gran reto del momento. Esta orientación de trabajo es la que hará realidad la fusión del Partido con las masas, nos permitirá ganar su reconocimiento como fuerza de vanguardia, y elevará a la clase obrera a un estadio superior de desarrollo en su camino hacia la conquista del poder.

En una situación, marcada por la sobreexplotación, por la brutal discriminación de la mujer trabajadora, por la militarización, el comercio de armas y las guerras imperialistas, por la corrupción generalizada, por la intensificación del Estado policial, por la mercantilización extrema de la juventud obrera, por la alienación cultural y la insolidaridad, por la destrucción de la naturaleza, etc., el Partido Comunista tiene todo por ganar.

Hoy el PCPE tiene la responsabilidad de demostrar que, en el terreno de las luchas de clases más inmediatas, tiene las capacidades necesarias para ejercer como fuerza de vanguardia del proletariado español, para conducirlo a las posiciones más avanzadas de su lucha de emancipación, cambiando la actual desfavorable correlación de fuerzas con el bloque de poder dominante en España. 

Haciendo realidad, al tiempo, nuestra política de alianzas en el frente obrero y popular por el socialismo. Abriendo camino a un nuevo proyecto histórico para nuestro país, la república socialista de carácter confederal.