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Parte 1ª - Elementos de la reacción

Desde sus orígenes, allá por los primeros años del S.XIX, la clase obrera del estado español y los sectores populares aliados en la estrategia de construcción de una sociedad más moderna y justa han podido corroborar históricamente que la burguesía española, en su conjunto, es de origen reaccionario, de voluntad reaccionaria, de ideología reaccionaria, de intereses perversos, espurios y amorales, de prácticas criminales y de actitudes reaccionarias. Pero no solo como clase única, hermética y general, sino que de entre ella, y por “méritos propios”, conviene resaltar y enmarcar históricamente a esa facción de la burguesía, que podríamos nombrar con distintos apelativos como grupo, clan, fratria o tribu, a los cuales genéricamente denominamos oligarquía, porque actúan como tales y son la esencia y la existencia del pensamiento y de las practicas históricas más reaccionarias de la burguesía española en su conjunto.

Esta casta oligarca, fruto de matrimonios interesados, de alianzas contra natura, y de intereses históricos bastardos, fue incapaz, a imagen y semejanza de sus homólogos franceses, de liquidar, en su sentido más amplio, a esa excrecencia de nobleza de origen feudal representada por los terratenientes, la Iglesia Católica, el ejército y la Monarquía absolutista y feudalizada en su sentido más negativo, cuyos orígenes se pueden hallar en época de los llamados Reyes Católicos, expresión histórica del proyecto imperialista de una monarquía feudal española de carácter autoritario-absolutista, principio y fin del proyecto histórico de la monarquía española, basado en la defensa numantina de los intereses de los grandes propietarios rurales, los grandes ganaderos y los grandes comerciantes ligados a la corona. Esta casta oligárquica y la defensa de sus intereses en “Santa Alianza” con la Iglesia serán el origen del pensamiento reaccionario de la burguesía española.

Para ejecutar ese proyecto histórico explotador de la oligarquía española se necesitaban instrumentos de todo tipo, algunos viejos, muy viejos, como era la Iglesia, otros nuevos, adaptados a los tiempos y a las circunstancia como el creado por parte de los Reyes Católicos, la llamada Santa Inquisición, cuyo objetivo político e ideológico era el del control, persecución y castigo de todo tipo de disidencias políticas, sociales, económicas y culturales, y que era una especie “aggiornada” de mecanismo de represión civil-eclesiástico, capaz de actuar en cualquiera de los marcos estatales o interestatales de jurisdicción hispana y que fue la aportación más significativa, el antecedente más clarividente de los modernos aparatos ideológicos y represivos de la burguesía española actual.

Sin dejar el periodo de los Reyes Católicos, tan añorados por los reaccionarios mesetarios y afines, debemos señalar otra perla que poner en su haber a la causa de los orígenes reaccionarios de la burguesía española como es la creación de la llamada Santa Hermandad”. Fue instituida por Isabel la Católica en las Cortes de Madrigal de 1476, unificando las distintas Hermandades que habían existido desde el siglo XI en los autodenominados reinos cristianos. Algunos estudios lo consideran el primer cuerpo policial de Europa sometido a cierta organización y administración gubernamental. A partir del año 1824, y como consecuencia de la aplicación interesada de la Constitución de 1812, la burguesía sustituyó el nombre, no las funciones, por el de la Superintendencia General de Policía como órgano director de la Policía General del Reino, con el precedente del Ministerio de Policía General establecido por José Bonaparte.

En su conjunto estas instituciones, junto con la Guardia Civil, creación del Duque de Ahumada en 1844, cuerpo de reconocido carácter militar y reaccionario, podrían ser consideradas como antecedentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado actuales y como se ve también en sus orígenes la burguesía cambiaba de nombre, no de funciones, a sus instrumentos de control y represión, dotándolos de un pensamiento y “valores” necesarios para que pudieran hacer efectivo el trabajo de defender con firmeza sus intereses clasistas. Todos estos cuerpos e instituciones puestos al día por la oligarquía española, a partir de 1812 tienen en común el ser elementos de subordinación única y exclusivamente de los intereses de la burguesía, que nacieron de ella y para ella.

No quedaría completa la breve visión histórica de la reaccionaria burguesía española si no contempláramos y radiografiáramos el instrumento determinante del dominio reaccionario burgués sobre la clase obrera del estado español y sobre el pueblo en general; nos estamos refiriendo al ejército. Este instrumento, nacido y creado, en lo fundamental, en el período de los Reyes Católicos, de carácter e ideología mercenarios, de urdimbre hidalga, pequeñoburguesa diríamos hoy. Al ejército mercenario y escasamente numérico que abarca todo el período de los Austrias y de los primeros años de los Borbones, muy ennoblecido, portador de valores del Antiguo Régimen, ligados a la monarquía y a sus intereses personales, y también a los de la casta de la nobleza parasitaria que gravitaba en torno a la monarquía, le sustituye por mor de la participación popular en la Guerra de la Independencia, un ejército con ideario liberal-popular que transforma al ejército de la monarquía absolutista en un híbrido que solo el tiempo político y las circunstancias se encargarán de convertirlo en el mejor instrumento de los intereses oligárquicos.

Entre las circunstancias y acontecimientos históricos que influirán poderosamente en el pensamiento reaccionario de la burguesía en general y de la oligarquía en particular y que contribuirán a su propia gestación en el ejército español y por ende en la política española de la burguesía española de los siglos XIX, XX destacan: el Convenio de Vergara, firmado el 31 de agosto de 1839 entre el general isabelino Espartero y trece representantes del general carlista Maroto y que dio fin a la Primera Guerra Carlista. El convenio quedó confirmado con un abrazo simbólico. A efectos de nuestro breve artículo sobre el pensamiento reaccionario de la burguesía española solo nos interesarían los artículos 2º, 3º, 4º, 5º y 6º que decían en resumen lo siguiente: “Los empleos, grados y condecoraciones carlistas serán reconocidos a todos los efectos, pudiendo seguir sirviendo los oficiales carlistas a Isabel II, acatando la Constitución de 1837, o bien solicitar el retiro o la licencia temporal. Recibirán los sueldos que correspondían por reglamento. Los que quisieran marchar a vivir al extranjero, recibirán 4 pagas por adelantado y las restantes al volver a España. Todo esto se hace igualmente extensivo a los empleados civiles del ejército carlista”.

Fue y es evidente que esta fórmula de integración del pensamiento reaccionario del ejercito carlista entró con plenos honores y reconocimientos en el ejército “liberal” para siempre, marcando sus señas de identidad hasta la actualidad. Una parte importante de la oficialidad y del clero carlista no aceptó el convenio y marchó junto con el pretendiente al exilio a Francia. Para estos sectores, el acuerdo entre Maroto y Espartero sería conocido como la Traición de Vergara.

A la firma del Convenio de Vergara hay que añadirle elementos políticos importantísimos como la debilidad ideológica y organizativa de los partidos burgueses (conservadores y liberales), que convertían a “militarucos” de escasa o nula capacidad en protagonistas políticos, añadiendo los acontecimientos de la Revolución de 1868 y la 1ª República, la caída en 1898 del imperio español y el imperialismo español en África, entre otros, para poder explicar, sin necesidad de mucha profundización, la ideología reaccionaria del ejército español como principal elemento de la oligarquía española y de su pensamiento histórico.

Bien pues, la suma de las instituciones creadas por los Reyes Católicos, perfeccionadas por los austrias y borbones, la debilidad ideológica y numérica de la oligarquía española en sus orígenes, más la “santa alianza” con la Iglesia, el papel del ejercito han convertido a la oligarquía española en un compendio de organizaciones e individuos reaccionarios para los cuales la monarquía es la máxima exquisitez histórica, y la represión contra la clase obrera y los sectores populares, el ADN de su existencia.

José María y Victor Manuel Lucas.