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En mayo de 2016, el presidente de la CEOE, Juan Rosell, afirmó sin titubeos, que el trabajo “fijo y seguro” era “un concepto del siglo XIX”; en el futuro habrá que “ganárselo todos los días”. Esto lo dijo después de asegurarse una subida de su propio sueldo como consejero de Gas Natural Fenosa −empleo arduo donde los haya −, de un 64% o, lo que es lo mismo, 208.000 euros brutos al año.

Mientras, como se explica en el FMI y otras instituciones, piden mano dura y más reformas a los gobiernos de turno en España. Debe ser que les parece poco el nivel de explotación al que se está llegando en nuestro país, donde los convenios sectoriales empiezan a ser una mera referencia simbólica, cuando no un recuerdo de tiempos pasados, de antes de las dos reformas laborales PP-P$OE.

Y es que, si se lee una página de ofertas de empleo, no es raro encontrar ofertas -verídicas- como éstas: “Ofrecemos acogida, alojamiento y manutención, ropa, a madre soltera (un solo hijo o sin) que lo necesite. Necesita tener conocimiento de computadoras y manejar Internet. Así como cocinar y hacer quehaceres del hogar. ¡No es nada de sexo! Ni raro. ¡Anuncio serio!” o “Busco persona necesitada, que me ayude como vigilante y mantenimiento de una pequeña empresa dedicada al ramo del automóvil. A cambio de alojamiento y manutención, si tiene conocimiento de mecánica ¡mejor! Más adelante ya hablaré de ayuda económica, incluso sueldo. Más detalles por teléfono”

Esto son ofertas individuales, donde el supuesto empleador, además, piensa que hace un favor a la persona empleada. Y la persona que está necesitada no sabe si, con la que está cayendo, hace mal en no coger una oferta donde tiene techo y comida.

La esclavitud laboral está llegando a todos los sectores, no queremos olvidar las denuncias por explotación laboral y sexual que han realizado las mujeres contratadas para la campaña de la fresa, mujeres que durante muchas campañas callaron por miedo a perder la miseria de sueldo que les dan, y que hoy se han rebelado destapando lo que ocurre en el campo con los encargados y capataces.

Albañiles que, debido a la crisis de la construcción, se ven obligados a hacer chapuzas a cinco euros la hora, es una cosa habitual, que no ha cambiado con el nuevo ciclo que nos dicen ha empezado.

Por eso, empresarios que cuando los convenios se cumplían sin excepción se llevaron su producción a China, hoy están volviendo, no por la bandera y el amor patrio, que va, vuelven porque en Elche y los Vinalopós, aunque nunca se dejó de trabajar en talleres clandestinos, en estos momentos se ha incrementado su volumen, almacenes sin ventilación, con vapores de cola, donde la seguridad laboral es una quimera a pesar de la advertencia de los productos inflamables, riesgo cancerígeno y mutante de los productos, y todo ello por unos 200 euros por jornadas que superan las 40 horas semanales, poniendo suelas con el logotipo de “made in spain” como garantía de calidad.

Y si en el sector de la industria, el campo o el trabajo particular, se han instalado la desregulación y la esclavitud, mejor ni mirar al trabajo colaborativo o emprendedor. Parece que el autoempleo sea la salvación, y lo debe ser, pero para unos pocos. Miremos a nuestros braceros en Jumilla, A ESTOS SE LE PAGA EL SALARIO 3€, 4€ ó 5€ si los braceros son especialistas, no se les paga a 8.10 €, y para los braceros inmigrantes la explotación no tiene límites. Eso sí, exaltación del vino, con las dominaciones de origen, y otros haciendo sus negocios. Pero los braceros no importa si no llegan a final de mes, con salarios para esclavos.

Desde el personal repartidor, que tienen que hacerse autónomos para poder realizar las entregas en bicicleta, pasando por peluqueras que deben darse de alta ellas si quieren trabajar en la peluquería, a la juventud que contratan las ONG’s para vender camisetas o hacerte persona asociada de una de esas organizaciones “sinónimo” de lucro, a los que dan de alta en el régimen de trabajo autónomo sin explicarles las consecuencias que padecerán cuando se den cuenta del engaño. Y es que en el mundo laboral también cabe eso de “soy español, ¿a qué quieres que te gane?” Yo digo: La CLASE OBRERA empecemos por organizarnos y luchar, y estaremos en el camino de ganar al capital.

José Antonio