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Muy a pesar de vivir en una sociedad en la que parecen diluidos la mayoría de los contornos políticos que expresan posiciones de clase, no solo su lucha sigue determinando el desarrollo social, sino que se da en un escenario donde jamás las posiciones hegemónicas ceden voluntariamente un palmo de terreno de su dominación y privilegios. El idealismo del arte de la política al servicio de una economía social y equitativa, sin cuestionar las reglas de juego, y la propiedad del estadio y el balón, choca rápidamente con la realidad de los límites de las reformas que son incapaces de ir más allá de su propio enunciado. Venimos diciendo desde hace más de una década que la oligarquía y sus representantes políticos no tienen margen para aflojar el dogal con el que nos explotan. Necesitan el látigo para aumentar la plusvalía relativa y absoluta que nos extraen cada día, y no hay encantador de serpientes o trilero capaz de desviarles de sus obligaciones para defender consecuentemente sus intereses de clase.

Lo siento señores Sánchez e Iglesias, su proyecto de presupuestos que “abren el camino de una nueva etapa que pone punto y final a una larga década de austeridad” no van a poder ser porque los amos de la pelota no están dispuestos a dejárnosla, ni tan solo un rato. Su proyecto incluía medidas insuficientes pero necesarias que nosotros y nosotras, como Partido de la clase obrera, saludamos, pues valoramos como positivo que se aumente el SMI a 900 € o se eleve la previsión de déficit hasta el 1.9 del PIB, liberando 6.000 millones de euros adicionales para un mayor gasto público. ¿Era la panacea? en absoluto, ¿iba a suponer un cambio sustancial en las difíciles condiciones de vida de nuestra clase?, para nada. ¿Justificaba su aprobación pactar la estabilidad de un gobierno que renuncia a tocar una línea de las reformas laborales o mantiene intacto el incremento en gastos militares comprometidos por la ex Ministra Cospedal?, nunca. Pero resulta muy clarificador que, ni eso, ni las más mínimas medidas de cosmética social sean aceptadas por la oligarquía y sus gestores.

Podemos se queda sin presupuestos, y Pablo Iglesias, el ministro sin cartera, vuelve a fracasar en su intento de situar a Unidos Podemos (¡no nos olvidemos de los colaboradores necesarios de IU y el PCE que aplaudían la jugada!) como un socio de gobierno fiable y suficiente.

Resulta casi imposible enumerar las renuncias al programa de gobierno de Unidos Podemos, que suponía aceptar esos PGE. Por señalar solo algunas de ellas, atrás quedaban propuestas como la derogación de las reformas laborales y de las pensiones, creación de una banca pública, constituir una renta garantizada para todas las personas, resolver la situación de desamparo de cientos de miles de dependientes, derogación de la Ley “Montoro” de la Administración local, …

¿Es posible venderse por tan poco? Pareciera que sí. Es más, incluso la realidad nos está demostrando que renunciaban a su programa por simples números escritos en la arena de la playa.

Una vez más, queda claro que la clase obrera y el pueblo solo debemos confiar la defensa de nuestros intereses a nosotros/as mismos/as. Quienes dicen representarnos, negociando permanentemente el mal menor a cambio de migajas que les garanticen la paz social, llevan décadas arruinándonos el presente y el futuro.

El proyecto de PGE 2019 que nos presentaron los señores Sánchez e Iglesias ha fracasado y, como dijo la Ministra Calviño en un encuentro con empresarios en S’Agaró el pasado 23 de Noviembre, es “difícil pero no imposible” que se aprueben; pero, de verdad, no nos preocupemos, porque no perdemos nada, no eran los presupuestos que necesitamos y nada importante se nos cae de los bolsillos.

Consecuentemente, saquemos lecciones del teatrillo vivido estas semanas y aprovechemos pedagógicamente su fracaso, para, en un lógico desarrollo dialéctico, cambiar la senda del pacto y la cesión por la de la movilización y la participación consciente

¡Esos sí serían unos buenos PGE!

Julio Díaz