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Nunca es mal momento para recordar algunas enseñanzas que la historia nos regala, pero que nuestra mala memoria lamentablemente nos hace olvidar. Hace unos días escuché por la radio una frase de la escritora anarquista norteamericana Voltairine de Cleyre, que dice que “los trabajadores tienen que aprender que su poder no está en la fuerza de su voto, sino en su capacidad de parar la producción”. Es decir, que si queremos avanzar en el poder obrero debemos centrarnos más en conocer los mecanismos que mueven el motor de la historia, y dejar de creernos las mentiras que nos van a contar los que viven de la idea de que esto es una democracia porque se vota cada cuatro años.

Que les pregunten a las valientes trabajadoras de residencias de Bizkaia si la fuerza está en su capacidad de parar la producción. Sin sus huelgas y paros no habrían logrado la victoria conseguida recientemente. Y, cómo éste, tenemos muchos ejemplos.

Parar la producción no es poca cosa. Hay que saber cuándo y cómo. Medir las fuerzas y colocar esta opción cuando corresponda. Y, a ser posible, contando con el mayor respaldo del resto de clase trabajadora que puede “sufrir” esos paros. En este sentido la comunicación de la lucha es fundamental.

Luego tenemos la importancia de la unidad y de la organización, en cualquier colectivo que se decide a luchar. Son pilares básicos para sacar adelante los objetivos que nos planteamos cuando empezamos a pelear por lo nuestro. Por eso, el patrón busca romper la organización y la unidad a través del miedo, o llegando a acuerdos con otros miembros de la plantilla. Divide y vencerás.

Algunas veces vemos a colectivos en lucha que terminan apostándolo todo a la justicia burguesa. O, solo teniendo reuniones con políticos, para explicarles sus problemas. Estos dos elementos se deben combinar en su medida y a su tiempo, pero nunca sustituyendo la lucha en la calle. Eso lleva, en muchos casos, a perder el ritmo y la fuerza, y a entrar en una fase que es especialmente lenta e incierta y que, normalmente, no sirve por si misma para resolver un problema que seguramente volverá a repetirse.

El problema de las subcontratas

El caso de las subcontratas nos ofrece otra multitud de variantes en la lucha. Cuándo una subcontrata incumple ¿A quién reclamamos como colectivo obrero? Esta pregunta es cada vez más frecuente, por la proliferación de las contratas y subcontratas con las que administraciones públicas y privadas cierran acuerdos. Y, aunque cada caso es un mundo, como se suele decir, la respuesta que dicen muchas trabajadoras y trabajadores hartos por los incumplimientos (retrasos en el pago de salarios, represión sindical, etc.) es “¡al cliente!”, es decir, acudir al Ayuntamiento, a la Universidad, al Supermercado. Acudir a quien ha generado el problema por contratar a estos empresarios explotadores.

Muchos dirán, vale que una huelga es un arma muy potente pero también es costosa. Y tienen toda la razón. Nuevamente aquí se abre una oportunidad con la constitución de cajas de resistencia, es decir, fondos económicos que se van reservando para sufragar el coste de la jornada de huelga. Y esta caja puede abrirse a la solidaridad obrera, a la aportación de tantos y tantas trabajadores y trabajadoras que, entendiendo la situación, se prestarán a poner de su parte para que se pueda prolongar la lucha.

Los tipos de conflictos obreros, y la tipología de las luchas a desarrollar, son múltiples y muy variadas, pero también lo son la forma de abordarlas por la clase trabajadora. Cambian los tiempos y cambian las formas de abordar la lucha. Lo que no cambia es que siempre vamos a necesitar algo de audacia, algo de imaginación y por supuesto contar con unidad, organización y solidaridad obrera.

JAVI DELGADO