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La compañía Alcoa, líder en producción de aluminio y que cerró el 2017 con beneficios superiores a los 200 millones de dólares, comunicó el despido a 369 trabajadores de la factoría de La Coruña y a 317 de la de Avilés. Por eso de la memoria histórica esperamos que sirva el recordar que como buen ave rapaz Alcoa aterrizó por estas tierras en el concurso de privatización de Inespal para llevarse sus plantas precio de saldo. En un primer momento la multinacional pagó 410 millones de dólares por esta empresa pública. Posteriormente a la factura de compra-venta se le descontaron 300 millones de dólares de nada. Ya el informe del Tribunal de Cuentas en 2006 apuntó que el resultado contable de la privatización de Inespal supuso unas pérdidas de 456 millones de euros para las arcas públicas. Tras la privatización Alcoa fue bonificada con una tarifa especial al precio de la energía que duró hasta 2008. Posteriormente fue subvencionada por la mano invisible del Estado a través de un mecanismo de compensación cuyo alcance se calcula en unos 1.000 millones de euros. Estas desgracias pasan.

Vivimos tiempos de incertidumbres. El escenario económico es desolador. Durante los nueve primeros meses de 2018 Telefónica sólo ganó 2.721 millones de euros. Pero peores desastres están aún por venir. Los datos así lo muestran con toda su crudeza. Amancio Ortega, esa superhormiguita capitalista, a la chita callando, en concepto de dividendos por Inditex se embolsará este año la fatídica cantidad de 1.386 millones de euros. Pero ahí no quedará todo. Como buen magnate está obligado a repartir entre sus humildes y laboriosos accionistas más de 2.300 millones por las cuentas de 2017. Una desgracia total. Un desastre.

Pero para desgracias, la del Banco Santander, presidido por una amazona de los negocios, liberal y feminista. 900 despidos después, que se suman al total de los 84.000 trabajadores despedidos del sector bancario desde 2008, ha tenido que anunciar unos malsanos beneficios netos de tan sólo 5.742 millones. Una verdadera lástima. ¡Qué le vamos a hacer! Otro banco en apuros, CaixaBank, ha registrado en los primeros nueve meses del año, un desafortunado beneficio de 1.769 millones de euros. Otra auténtica calamidad.

La situación económica es crítica. Pablo Hernández de Cos, Gobernador del Banco de España, que tiene un austero sueldo de poco más de 12.000 euros brutos al mes ya ha avisado en su primera comparecencia en el Congreso de que todo se puede ir al garete si el salario mínimo interprofesional se eleva a 900 euros durante el 2019 tal y como ha anunciado el gobierno. En el BBVA que también se muestran preocupados (e incluso alarmados) por el bienestar (o malestar) de los trabajadores y trabajadoras, se han visto obligados a anunciar los riesgos de subir el salario mínimo interprofesional y los salarios en general. En otro orden de cosas también tuvieron que anunciar la triste noticia: Durante los tres primeros trimestres de 2018 han obtenido un catastrófico beneficio neto de 4.323 millones de euros.

En este escenario de caos e inestabilidad económica otra popular compañía, Repsol, anuncia que hasta el mes pasado obtuvo un funesto beneficio neto de 2.171 millones de euros. 66 millones de turistas después, esta situación calamitosa y dramática también afecta al sector aeroportuario que ve tambalear sus cimientos. Tras la verbena turística veraniega, Aena, anunció que entre enero y septiembre obtuvieron un peligroso beneficio neto de unos 1.018 millones de euros. Seguiremos informando y en alerta.

Francisco Quiles