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Cacaolat puede ser considerado como el primer batido industrial del mundo, salió al mercado en 1933 en plena Segunda República. En su última etapa ha sido parte de las empresas de la familia Ruiz Mateos, nueva Rumasa, hasta su venta en 2011 a dos grandes de la distribución, DAMM, empresa de la familia Carceller fundador de la Falange junto a Primo de Rivera y ministro en la época de Franco donde apoyó a la Alemania nazi y sin duda se enriqueció aprovechando su cargo en industria y COBEGA, de la familia Daurella que en 1951 obtuvieron la licencia para embotellar y distribuir la Coca Cola en España, y desde entonces son la chispa.

Con esta dirección, acostumbrada a los favores políticos, el desprecio a las normas laborales y la explotación sin medida, como se demostró en el ERE en Coca Cola, el futuro de la plantilla de Cacaolat era sin duda, más explotación, más beneficio empresarial. Y para ello además contaban con las reformas laborales hechas a la medida de estos empresarios que se forjaron en el franquismo y se enriquecen en la mal llamada democracia.

De hecho, la reforma laboral del gobierno de PSOE en el 2010 introducía un aspecto que sigue vigente y que el gobierno de Sánchez, apoyado por Podemos y el resto de grupos excepto Ciudadanos y Populares, no tiene en mente cambiar, por mucho que nos prometieran retirar las reformas o la ley mordaza. En dicha reforma se introdujo lo siguiente: “En cuanto a flexibilidad, la empresa podrá modificar la jornada, el turno o las retribuciones de forma unilateral por razones económicas, técnicas u organizativas”. Es decir, cuando les dé la gana.

La reforma laboral del 2012 profundizó en la libertad de las empresas, tanto es así que esta reforma dio prioridad al convenio de empresas frente al sectorial. En el 2018, los sindicatos firmaron un nuevo acuerdo de negociación colectiva, aunque no de obligado cumplimiento como las reformas, y entre sus objetivos, potenciaba la flexibilidad interna de la empresa frente a los despidos o eventualidad, pero como decimos es sólo un brindis al sol, como el pacto de salario mínimo a 1400 euros. Depende de la voluntad de las partes, y en este sentido, las patronales tienen poca o ninguna voluntad.

Y de vuelta a Cacaolat, la dirección de la empresa en el 2011 aplicó EREs extintivos y reducciones de jornada (la misma receta que en Coca Cola) dejando exclusivamente la fábrica de Santa Coloma de Gramanet y cerrando la planta de Utebo (Zaragoza) y la delegación de Tarragona, la empresa no ha dejado de tener beneficios, esperan superar los 70 millones en el 2020.

La fórmula del beneficio empresarial no es el batido de leche y cacao, sin duda ninguna la fórmula es la extracción de la plusvalía a su plantilla. Aprovechando la legislación hecha a medida de los beneficios empresariales, los buenos socios, las familias Carceller -Damm- y la de los Daurella -cobega- controlan al alimón Cacaolat e imponen turnos de 12 horas, vacaciones partidas en tres o más turnos, imposibilitan la conciliación de la vida familiar y por supuesto despiden para meter el miedo en el cuerpo a sus trabajadoras y trabajadores.

La unidad de la plantilla, con un seguimiento total de la movilización y las jornadas de huelga, sumado al boicot que empezaba a funcionar no solo en Santa Coloma también en parte importante de Cataluña, ha permitido doblar el pulso de momento a la dirección empresarial. Después de seis días de huelga han conseguido la retirada de las medidas. Desde el PCPE y los Comités para la Unidad Obrera esperamos que el acuerdo no rompa el grado de unidad conseguido en la plantilla y permita ir retirando las consecuencias de las Reformas, extiendo la movilización al resto de sectores y no se convierta esta movilización en un cacaolat derramado. Viva la lucha de la clase obrera.

Vicente Alcaraz Mira