Compartir

Hay que advertir que Engels llama al sufragio universal instrumento de dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice, basándose evidentemente en la larga experiencia de la socialdemocracia alemana, es “el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual”.

El proletariado necesita del poder estatal, organización centralizada de la fuerza, organización de la violencia, tanto para sofocar la resistencia de los explotadores como para dirigir a una gigantesca masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía y a los semiproletarios, en la obra de “poner a punto” la economía socialista.

Existe la necesidad para los partidos burgueses, incluyendo a los más democráticos y “democrático revolucionarios”, de intensificar la represión contra el proletariado revolucionario, de fortalecer el aparato represivo, es decir, la misma máquina del Estado.

La dictadura de una clase es necesaria no sólo en general, para toda la sociedad dividida en clases, no sólo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino también para todo el período histórico que separa el capitalismo de la “sociedad sin clases”, del comunismo.

Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de las clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: ésa es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, tanto en las monarquías constitucionales parlamentarias como en las repúblicas más democráticas.

Nosotros queremos la revolución socialista con hombres como los de hoy, con hombres que no puedan prescindir de la subordinación y el control, de los “inspectores y administradores”. Organicemos la producción nosotros mismos, los obreros, partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo.

Marx coincide con Proudhon en que ambos propugnan la “destrucción” de la máquina moderna del Estado. Marx discrepa de Proudhon y de Bakunin precisamente en la cuestión del federalismo (y no hablemos ya de la dictadura del proletariado). El federalismo diman por principio de las concepciones pequeñoburguesas del anarquismo. Marx es centralista. Para Bernstein, como para todo filisteo, el centralsimo es algo que sólo puede venir de arriba, que sólo puede ser impuesto y mantenido por la burocracia y el militarismo.

La supresión completa del arribismo requiere que los cargos “honoríficos” del Estado, incluso los que no proporcionan ingresos, no puedan servir de trampolín para saltar a puestos altamente retribuidos en los bancos y en las sociedades anónimas, como ocurre constantemente en todos los países capitalistas.

Los nombres de los verdaderos (subrayado por Engels en su obra Internationales aus dem “Volksstaat”) partidos políticos jamás son adecuados por entero, el partido se desarrolla y el nombre queda.

Democracia es el Estado que reconoce la subordinación de la minoría a la mayoría, es decir, una organización llamada a ejercer la violencia sistemática de una clase contra otra.

Históricamente debe haber una fase especial o una etapa especial de transición del capitalismo al comunismo.

La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo en todo momento, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas de Grecia: libertad para los esclavistas.

La democracia de la sociedad capitalista es la democracia para una minoría insignificante, la democracia para los ricos. Si examinamos más de cerca el mecanismo de la democracia capitalista veremos siempre y en todas partes restricciones y más restricciones.

Ya Engels expresaba en una carta a Bebel que “mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir”. Sólo en la sociedad comunista, cuando no haya clases (es decir, cuando no existan diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación con los medios de producción sociales), sólo entonces “desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad”.

Si no se quiere caer en la utopía es imposible pensar que al derrocar al capitalismo, los hombres aprenderán inmediatamente a trabajar para la sociedad sin sujetarse a ninguna norma de derecho; persiste aún la necesidad del Estado que, velando por la propiedad común de los medios de producción, vele por la igualdad del trabajo y por la igualdad en la distribución de productos. Para que el Estado se extinga por completo hace falta el comunismo completo. El Estado podrá extinguirse por completo cuando la sociedad aplique la regla: “De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades”; es decir, cuando los seres humanos estén ya tan habituados a observar las normas fundamentales de convivencia y cuando su trabajo sea tan productivo que trabajen voluntariamente según su capacidad.

Área Ideológica del CC del PCPE