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En un país en el que un mínimo de 2 millones de trabajadores y trabajadoras cobran el salario mínimo y existe una cifra de desempleo superior a los 3, cuesta encontrar las palabras que puedan definir el espectáculo del llamado “mercado de fichajes” del fútbol profesional. Nauseabundo, degenerado, vergonzoso…cualquier calificativo de este estilo puede ser útil para mencionar la sucesión de noticias que nos vienen salpicando desde el final de las diversas competiciones del periodo 18/19.

Resulta casi imposible sustraerse del día a día de este “mercado”, pues con solo abrir un periódico o ver las noticias en la televisión, la mayoría del espacio lo ocupa esta multimillonaria compra venta de jóvenes que, representados por elementos de muy dudosa ética comercial y vinculados a multitud de contratos, expresan los peores valores de esta sociedad degeneradamente decadente. Cierto que no todos los casos son iguales, que Neymar, Florentino, los jeques y alguno más que se les suma, son los casos más paradigmáticos de la dinámica corrupta en la que desde hace décadas lleva instalado el fútbol profesional; pero lo grave es que el modelo que representan es el triunfante y el que constituye la referencialidad de todo lo que se mueve alrededor del fútbol.

Medios de comunicación, empresas, clubs, jugadores…pero sobre todo aficionados, construyen su embrutecedor día a día en torno a lo que venimos denunciando.

La alienación.

Limitándonos exclusivamente a lo que define la RAE como alienación, vemos reflejada sin ningún esfuerzo imaginativo la realidad de millones de individuos y de la sociedad española: Limitación o condicionamiento de la personalidad, impuestos al individuo o a la colectividad por factores externos sociales, económicos o culturales. Acaso, es posible dudar que ese es el proceso en el que están instaladas millones de personas que, ausentes totalmente de su propia realidad, vuelcan todos sus anhelos y aspiraciones al conocimiento y la opinión sobre lo, sin el menor género de dudas, no tienen la más mínima posibilidad de controlar o determinar. En su acepción psiquiátrica, la definición que nos ofrece la RAE es: Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad. Ciertamente, resulta casi imposible definir con más claridad y menos palabras, la realidad de una sociedad enferma que, en lo relativo a la legítima afición al futbol, expresa un cuadro crónico de patología muy grave.

Y qué pasa con el fútbol español.

Parece que pierde el liderazgo que ostentó hasta hace bien poco. Sus resultados en las competiciones europeas y el ranking en el mercado de fichajes, expresan una progresiva y constante decadencia respecto a operadores que actúan en otras ligas con mayor liquidez incluso que el Barça o el Real Madrid. Mucho bombo, mucho titular, pero salvo contadas excepciones, el 2 de Septiembre se cerrará el mercado de verano con muy poca sustancia.

¿Qué significa esto? No hay una única respuesta, pero apuntémonos a dos:

  • La oligarquía española (¡sí, detrás de todo este negocio solo hay oligarcas que incrementan sus negocios con el fútbol) pierde peso a nivel internacional y, en este mercado que dominó durante lustros, ya no tiene la capacidad para imponerse a otras como hacía antes.

  • Su apuesta se reserva a una futura Liga Europea y, hasta conseguirla, no tiene prisa para conformar los mejores y más caros equipos. Una hipótesis difícil de demostrar, pero sobre la que en próximas entregas de esta sección, iremos trabajando.

Paco Montllor Salens