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En el momento en el que se escriben estas líneas, la convocatoria electoral del 10 de noviembre está asumida (a falta solamente de que se publique en el BOE). Atrás quedan cinco meses de circo y espectáculo televisivo, negociaciones radiadas y banalización de la política, convertida en salsa rosa y guiones para imponerse en el ya famoso “relato”, que no son más que apariencias para tapar la verdadera crisis de dominación del sistema.

Este proceso de descomposición del debate político es fruto de las luchas por el poder de la gestión del estado de los distintos partidos burgueses, más socialdemócratas o más liberales, dentro del contexto de crisis capitalista española, donde la oligarquía es incapaz de conseguir un gobierno estable que lleve a cabo sus imposiciones de clase. Y en ese circo, se nos intenta mostrar la falsa idea de la pluralidad de distintas opciones, que si bien es cierto plantean diferentes modos de gestión, todas ellas se mueven dentro de la lógica del marco capitalista y asumen su esquema general en el estado español.

Fijadas estas coordenadas, nos centraremos en el refuerzo a la legitimidad del parlamentarismo burgués en los últimos tiempos, y la “electoralitis” que asalta a la política española en la actualidad, en la insistencia inútil de un resultado más claro y favorable que permita un gobierno sólido para las necesidades del capital.

A raíz de la crisis capitalista del 2007, surge una fuerte contestación por parte del pueblo trabajador: huelgas, movilizaciones, creación de organizaciones de masas, paros de desahucios, etc., que empieza a generar un cuestionamiento del actual orden de cosas, la lucha de clases se agudiza y sectores de la clase trabajadora empiezan a tomar conciencia de la realidad a golpe de rescate bancario, reformas laborales, sobre-explotación,...; la clase trabajadora despierta de su letargo, los sectores más conscientes organizan huelgas (minería, metal,...), a pesar del atraso organizativo del movimiento obrero, se consigue imponer a las burocracias sindicales la convocatoria de tres huelgas generales (2010-2012), el movimiento estudiantil se levanta posteriormente. El pueblo trabajador hace política en la calle, en los sindicatos, en sus centros de trabajo y estudio, en sus barrios, en las organizaciones desde donde expresa sus necesidades vitales y su oposición a las políticas de los gobiernos del capital, y por extensión a la lógica del mismo sistema. Ahí se abre un marco favorable en el que las organizaciones revolucionarias cuestionan las estructuras del sistema, se consiguen mostrar “las vergüenzas” del sistema capitalista, se toma conciencia. Pero al no ser capaces de llevarlo a un grado organizativo y contestatario superior, la oligarquía consigue estabilizar su situación.

El factor que juega el papel fundamental en este sentido es el cuestionamiento de las estructuras del sistema. La grave situación por la que pasa el sistema es superada, solo por el momento, a través de lo que desde el PCPE hemos llamado Nueva Transición, con la creación de nuevas fuerzas políticas de relevo (Podemos y Ciudadanos). Y es superada, reitero que solo por el momento, porque se consigue redireccionar la concepción de la política, desde la calle y los centros de trabajo a las cuatro paredes del Parlamento burgués, recuperando la legitimidad del sistema político que ha venido imponiendo la dictadura de la patronal y de las clases más reaccionarias desde la muerte de Franco.

La socialdemocracia aquí ha jugado su papel histórico, alejando a las masas de la movilización, y creando la ilusión de que por la vía de las reformas dentro del sistema puede haber futuro para el pueblo trabajador. El ejemplo está en el oportunismo de Podemos, que rebaja su discurso año tras año, intentando ser una fuerza asimilable por el sistema, siendo el pacto con el PSOE su principal prioridad hoy para poder ser parte de la gestión del sistema. Atrás queda el discurso de la casta y demás contradicciones con su accionar en la actualidad.

La socialdemocracia (ya sea PSOE o Podemos) pretende mantener el estado actual de cosas cambiando algunas imperfecciones de la actual gestión (reformismo), para legitimar más aún al estado capitalista. Para garantizar la dictadura de clase de los monopolios capitalistas y la banca. Trabaja para una mejor redistribución, que lleve a un nuevo pacto social entre clase trabajadora y burguesía. Pero de lo que se trata aquí es de construir las bases que lleven a derribar este edificio del pacto social. Y no a fortalecerlo. Mientras ataca descarnadamente la conciencia de clase con el discurso ciudadanista y de amistad entre clases sociales contrarias..

Pero el sistema de dominación actual de la burguesía es precisamente ese, el mantenimiento de su dictadura de clase a través de la legitimidad de sus Parlamentos. Esta década de crisis es el ejemplo de que las conquistas que la clase obrera logra arrancarle al capital con su lucha, son siempre reversibles dentro del marco del sistema.

Por ello, desde el PCPE señalamos que el único camino para la satisfacción de las necesidades de la mayoría social es la toma del poder de la clase trabajadora a través de un proceso revolucionario, que sustituya el viejo estado capitalista por un nuevo estado de la clase trabajadora, que sea capaz de derribar la dictadura del capital y construir una nueva sociedad al servicio de la mayoría social, el socialismo.

  • ¿Quiere decir esto que los y las comunistas no debemos participar en los parlamentos?

No. Quiere decir que debemos, en primer lugar, denunciar el carácter traidor y burgués de la socialdemocracia , a la vez que aprovechamos cualquier espacio para hacer llegar nuestro discurso y nuestras propuestas al pueblo trabajador. Y ello pasa por estar presentes en los espacios a los que la clase trabajadora aún legitima como espacios políticos.

El Partido Comunista empleará todas las armas que la burguesía no haya conseguido arrebatarle para denunciar su dictadura de clase. Y el derecho a la participación en los parlamentos burgueses es una de ellas.

  • ¿Quiere decir esto que el Partido Comunista legitima así los parlamentos burgueses?

No. Quiere decir que en la medida en que no ha surgido aún un nuevo poder, y en la medida en que la clase obrera sigue otorgándole legitimidad a las elecciones burguesas y a la participación en sus parlamentos, las y los comunistas tenemos la obligación de dar la batalla en ese frente, y ponerlo al servicio de las necesidades actuales de la clase trabajadora, de su desarrollo y fortaleza organizativa al margen de las estructuras burguesas, de la crítica al sistema capitalista y al estado burgués como herramienta de opresión al pueblo trabajador, de la denuncia a la monarquía y su imposición sobre los distintos pueblos del estado, de la denuncia a la Unión Europea, el Euro y la OTAN como cárceles de los pueblos y agentes de la agresión imperialista,...

Nuestro deber es, precisamente, poner esa participación electoral al servicio del proyecto de fortalecimiento y organización de la clase obrera y de nuestro proyecto histórico.

Por ello, no solo denunciamos la banalización de la política en que los políticuchos burgueses han convertido el circo actual, generando asqueo e indiferencia entre la mayoría social, sino que denunciamos la concepción de la política en sí por parte de la burguesía y sus lacayos, los márgenes estrechos en los que quieren encorsetar la participación política del pueblo trabajador, reduciéndolos a la caricatura del cretinismo parlamentario. Desde el PCPE aspiramos a la construcción de la sociedad socialista, en la que el poder de decisión política parta de los mismos centros de trabajo desde los que crea la riqueza. Esa es la concepción plena de la democracia hacia la que aspiramos, y hacia la que enfocamos todos nuestros esfuerzos. Y para acercarnos a este objetivo, seguiremos organizándonos y trabajando en cada espacio que la clase trabajadora todavía considere trascendente, siempre dentro del análisis concreto. Siempre en clave revolucionaria.

Francisco Valverde