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La llaman la esclavitud del siglo XXI, ningún país está libre de ella, ningún rincón del mundo, y proporciona tantos beneficios económicos como el tráfico de drogas o el tráfico de armas. ¿A quién beneficia la trata?

El Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y castigar la trata de personas, especialmente mujeres, niñas y niños (Protocolo de Palermo), en su artículo 3º, hace la siguiente definición:

"Por trata de personas se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos".

La trata de personas es una modalidad más de explotación; es una violación a los derechos humanos y un delito en el que las víctimas, niñas, mujeres y hombres, mediante el sometimiento son llevadas a la prostitución, al trabajo forzado, a matrimonios obligados, a servidumbre, a la explotación sexual y a prácticas esclavistas de distinta naturaleza. Y aunque hay hombres víctimas de trata, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) cada año unos 2,5 millones de personas son víctimas de la trata, de las cuales el 80% son mujeres y niñas y 50% personas menores de edad.

Por tanto, la trata de personas es un crimen que no es neutral, ya que afecta a las mujeres de manera específica y desproporcionada, no solamente porque registra el mayor porcentaje de las víctimas, incluso en el sector laboral, sino porque las formas de explotación a las que son sometidas también son más severas.

Es ello, que la trata de mujeres debe entenderse en el amplio contexto de desigualdad y violencia estructural a las que están sometidas diariamente, pues en todas las sociedades, en mayor o menor medida, las mujeres y las niñas enfrentan constantes y sistemáticas violaciones a sus derechos humanos y/o a sus derechos económicos, que se convierten en factores detonantes para que sean víctimas fáciles de los tratantes.

El último informe global de la UNODC del año 2018 cifra en un 94% el porcentaje de mujeres y niñas víctimas de trata con fines de explotación sexual, porque esa es su última finalidad. Las víctimas son entregadas a redes de proxenetas, obligadas a prostituirse en carreteras, polígonos y burdeles, en países de los que no conocen ni su lengua, con jornadas interminables, amenazadas, atemorizadas, drogadas, maltratadas física y psicológicamente, asesinadas, desaparecidas, machacadas, borradas, sin que a nadie le importe.

En un programa de televisión, de los que ahora están tan de moda, que nos muestra la labor de la policía, asistí atónita a la actuación que llevaban a cabo un grupo de policías que entraban en un burdel y preguntaban a una chica extranjera, casi una niña, si estaba allí por su propia voluntad, con los proxenetas delante, las cámaras encendidas, ¿y qué esperaban que dijera?, la chica casi ni les entendía, pero salieron de allí contentos por haber hecho su trabajo.

Aunque en nuestro país el Código Penal castiga con penas de cinco a ocho años a quienes empleen violencia, engaño o abusen de una situación de vulnerabilidad para captar, trasladar y/o recibir a una persona con la intención de explotarla y, a pesar, de los protocolos, las leyes y los planes estatales y autonómicos, en el estado español, según Médicos del Mundo, (y pesar de que es muy difícil de contabilizar), hay unas 45.000 mujeres que están en situación de prostitución en España y la gran mayoría están en una situación de trata.

La trata es consecuencia directa del capitalismo, como lo son también, como decíamos al principio, el tráfico de armas y el tráfico de drogas. Es el capitalismo quien se beneficia de la trata, un capitalismo feroz, sin máscara, que es capaz de cualquier cosa para aumentar sus beneficios, de igual manera que tiene sometida a la clase obrera, arrancándole sus derechos día tras día, del mismo modo, que mantiene las desigualdades entre hombres y mujeres, y explota y oprime a las mujeres en todo el planeta, de la misma manera despoja, a los seres humanos, sobre todo a las mujeres, de su voluntad, de sus derechos, sometiéndolas, a través de la trata, de esa brutal manera.

Para acabar con la trata de seres humanos hay que luchar contra ese sistema que se aprovecha de la miseria que va creando en todos los países para traficar directamente con las personas.