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El título del artículo es la pintada que hay - o había - en la sede de los sindicatos de la Universidad Politécnica de Valencia. Se constata en este ERE de Solvia que los sindicatos que se autoproclaman de clase no solo ya no lo son, sino que temen a las trabajadoras y trabajadores que dicen representar. CCOO y UGT han firmado un ERE en el que despiden a 151 personas sin realizar ni una sola asamblea en los centros de trabajo, de Alicante al menos (uno de los núcleos de personal más grande). Han firmado un ERE sin realizar NINGUNA movilización en un sector tan sensible a ellas, donde los bancos temen a su daño reputacional, así lo llaman ellos, como al demonio.

El 24 de abril se anuncia que el Sabadell vende el 80% de Solvia a Intrum, una empresa que se dedica al cobro de deuda. Además, Intrum tiene también una inmobiliaria más o menos pequeña - InfoCasa, por lo que se prevé que quiera cerrar las oficinas de venta inmobiliaria de Solvia. Y así ocurre, el día 2 de septiembre presenta a la representación de los trabajadores el ERE con 201 despidos en Solvia, 28% de afectación, y 271 en Intrum, un 22%, para, según sus palabras, suprimir duplicidades. Hablaremos aquí del caso de Solvia donde el Comité de empresa, con el consejo de las y los asesores del sindicato, no realizó ninguna asamblea para explicar que efectos iba a tener este ERE en la plantilla, ni mucho menos para decidir qué hacer, ¡ ni hablar de combatirlo !. Cuatro reuniones con la empresa en Madrid el 11, 19, 26 y 30 de septiembre y ninguna con la plantilla.

¿Quién tiene que decidir los pasos a seguir y qué hacer? No tenemos ninguna duda: todas las trabajadoras y los trabajadores. Quienes van a sufrir el ERE tienen que decidir todo, con la organización por parte del comité de empresa. En cambio, en una copia del parlamentarismo imperante en la política donde a quienes votamos cada 4 años lo deciden todo por nosotras y nosotros, el comité de empresa se siente amo y señor de los destinos de la plantilla y lo decide todo por ésta. Es más, cuando un trabajador de la empresa; al final del periodo; de motu propio; hastiado de carecer de información y de no poder participar, decide pedirle al comité de empresa que venga a una asamblea de trabajadores en la hora del bocadillo, el comité NO se presenta. Algunos miembros del comité si asisten y comprueban en directo, la potencialidad de la asamblea: disposición a la movilización, capacidad de propuesta, capacidad de crítica y autocrítica… La plantilla sabe lo que quiere, los y las comunistas lo sabemos, ¿qué les pasa a los sindicatos? Pero los miembros del comité que no asisten no quieren ni oír hablar de reuniones con las trabajadoras y trabajadores y mucho menos de que allí se decida algo, pero la patronal en la siguiente reunión está molesta por la asamblea realizada. ¡Porque este era el camino!

Al final firman y, a los 4 días de firmar el ERE, convocan una asamblea para explicar en acuerdo conseguido, ahora sí. Se entró al mercadeo de días de despido y de número de despidos, nunca se cuestionó que era innecesario en la inmensa mayoría de departamentos. “Es su empresa y ellos deciden” era la frase que el comité repetía en la asamblea posterior. Falso, deciden ellos si no se lucha.

Si luchamos y somos capaces de explicar que es un ERE innecesario (se plantean despidos en muchos departamentos en los que no hay duplicidades ni se disminuye el trabajo) no podrán aplicar el ERE que quieren, sino que tendrán que negociar de verdad. En el mercadeo se consiguió bajar a 151 empleos (cosa que ya habían descontado los negociadores de la empresa) y se subió la indemnización a 36 días, cuando la mayoría de despidos son de personal con antigüedades de menos de 3 años, es decir, una miseria puesto que en la mayoría de departamentos que se incluyen en el ERE se habla de aplicarlo al personal de “menor antigüedad”.

Esto que ha ocurrido en Solvia no tiene nada que ver con el sindicalismo necesario hoy, entrando en una nueva crisis sistémica, que tiene que dejar poso organizativo en cada lugar de trabajo.

Al salir de cada conflicto las revolucionarias y revolucionarios tenemos que girar la vista atrás y comprobar que hemos dejado un grupo de trabajadores y trabajadoras organizadas y conscientes de su poder y también de las limitaciones que le son impuestas. En eso estamos.