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Cuando hablamos de una epidemia de heroína a la mayoría se le vendrá a la mente imágenes de los años 80, la desindustrialización y el cine quinqui. Sin embargo, a día de hoy existe una nueva oleada de adicción a los opiáceos en el país más rico del mundo, Estados Unidos.

Mientras que en 1999 las muertes por sobredosis de opiáceos fue de 8.048, en 2017 la cifra fue de 47.600 muertes y se convirtió en la droga que más muertes provoca en el país superando a la cocaína. En términos de raza y clase, afecta en mayor proporción a blancos de clase obrera y a nativos americanos por lo que se intuye cierta relación entre su uso, las condiciones laborales extenuantes y la situación marginalizada de las reservas.

La tierra de las oportunidades tiene un modelo de sanidad privada centrado en exprimir los recursos económicos del paciente. Tiene en sus logros ser el país con gasto sanitario por cabeza más alto mientras el 16% de la población carece de cualquier cobertura sanitaria, el 60% de las personas en bancarrota son por gastos médicos y mueren anualmente entre 45.000 y 100.000 personas por no poder pagar sus tratamientos.

Los seguros privados evitan pagar tratamientos terapéuticos que curen a los pacientes al ser más caros y reducir sus beneficios. Desde 1999 se aumentó la receta de píldoras derivadas del opio para calmar el dolor, principalmente oxicodona e hidrocodona, lo que supone que hasta 2017 se receten el triple. Las recetas comenzaron a disminuir en 2011 lo que llevó al aumento de su demanda en el mercado negro y al uso de opiáceos más potentes: la heroína y el fentanilo.

También hay otras causas como la publicidad de medicamentos que necesitan receta, la promoción a través de visitadores médicos y la falta de formación sobre la materia en las universidades.

Se determinó que Purdue Pharma fue una de las farmacéuticas con mayor responsabilidad en la crisis con su medicamento estrella, OxyContin. Se calcula que tendrá que pagar un total de 12.000 millones de dólares en indemnizaciones a particulares y Estados, una cantidad muy lejana a los 35.000 millones de dólares que obtuvo por la venta de OxyContin hasta 2017. Una cantidad embolsada directamente en los bolsillos de la familia Sackler también dueña de Rhodes Pharmaceuticals, Napp Pharmatheuticals y Mundipharma.

Las medidas gubernamentales tomadas desde 2011 para atajar la crisis han consistido en echar millones de dólares al pozo de la guerra contra las drogas criminalizando la posesión de drogas y evitando la reinserción social. Esto está relacionado también con el sistema de prisiones privado que necesita un flujo constante de entrada de presos que les permita saquear los recursos estatales. Se calcula que en 2008 la población reclusa de EE.UU. suponía el 24,7% mundial.

Mientras el sistema gire en torno al beneficio privado y no del beneficio social será imposible resolver esta crisis que quedará implantada en la sociedad del país. Este sistema enfermo no se curará con una pastilla de opio.

Jose Luis Aedo