Compartir

Han pasado tres años ya desde que el 30 de noviembre de 2016 emprendieras un viaje en sentido inverso al que, en enero de 1959, hizo la “Caravana de la Libertad” trayéndonos tu Revolución victoriosa hasta La Habana. Hace ahora 61 años. Un recorrido de unos 1000 kilómetros de distancia entre la capital habanera y Santiago de Cuba, en el que miles de cubanos/as y revolucionarios/as del mundo entero te acompañamos conmovidos/as hasta tu última morada en el cementerio de Santa Ifigenia, donde una sobria y sólida roca recuperada de la mítica Sierra Maestra, y presidida por una sencilla placa de color verde olivo con tu nombre, guarda tus cenizas para la eternidad. Un lugar y una tumba cerca del mausoleo del héroe nacional cubano José Martí, que, con esmero, escogiste tú cuando caíste gravemente enfermo en 2006.

Desde aquel infausto año 2016 que nos arrancó tu extraordinaria presencia, muchas cosas han pasado en este mundo, saqueado por el insaciable capitalismo, sin que las  Reflexiones, que  tú escribías con tu proverbial perspicacia, puedan hoy   ayudarnos a mejor analizarlas y comprenderlas. Pero antes de comentarlas brevemente, permíteme decirte con enorme orgullo y satisfacción que otra vez, y ya van 28 con ésta desde 1992, la Asamblea General de la ONU, reunida el pasado 7 de noviembre ha vuelto a rechazar por 187 países a favor, 3 en contra: EE.UU., Israel y Brasil, y 2 abstenciones: Colombia y Ucrania, el bloqueo económico, comercial y financiero que el imperio yanqui impone a tu país desde hace ya casi seis décadas, y cuyo único objetivo es asfixiar económicamente a Cuba (922 mil 630 millones de dólares en daños acumulados) e incrementar las carencias y sufrimientos de tu indómito pueblo. Afrenta que tu ministro de relaciones exteriores, Bruno Rodríguez, refutó de nuevo valientemente ante las fauces nauseabundas de la delegación estadounidense.

Allí donde estés

Pero volviendo a los acontecimientos que antes mencioné, siento decirte que el mundo actual, sumido en una catástrofe medioambiental peor que la que tú revelaste en la Conferencia de la ONU en Brasil en 1992, no es el que tú dejaste en 2016. En Latinoamérica “gobiernos progresistas” como los de Ecuador, Argentina y Brasil han sido remplazados por otros que están aplicando políticas neoliberales impuestas por el FMI y el Banco Mundial, ocasionando protestas masivas de sus pueblos con terribles saldos de muertos, heridos y encarcelados. Aunque el caso argentino, ahora, cambie de signo. En otros países como Chile y Bolivia, sus respectivas situaciones políticas son  también muy preocupantes. En la patria de Salvador Allende, el heroico pueblo chileno lucha en la calle sin descanso contra el aumento de tarifas y el abandono de los servicios públicos, al precio de decenas de muertos y más 30.000 manifestantes arrestados. Y en la tierra de Túpac Amaru, un golpe de Estado ha depuesto al líder antiimperialista Evo Morales. Sólo la República Bolivariana de Venezuela del presidente Nicolás Maduro resiste heroicamente las intolerables injerencias de la lacayuna Colombia, UE y el Tío Sam, quien, además, intenta despiadadamente detener con muros la pobreza latinoamericana. En Europa la situación política no es más halagüeña. Aquí, te diré con aversión que  la fina membrana del huevo de serpiente deja ver ya el inmundo reptil del fascismo dispuesto a sus más viles desmanes.

Por último, y en lo que a mí respecta, quiero  que sepas, camarada Fidel, que desde que acabaste con el lupanar mafioso que era Cuba antes de 1959, raro es el día que no piense en tu país, en la lucha tenaz de tu pueblo contra el imperialismo y por el Socialismo, y en lo que aprendí de ti sin verte una sola vez: el entusiasmo revolucionario,  la coherencia  en política y la firmeza en los principios marxista-leninistas. Por eso, allí donde estés, grito contigo: ¡Hasta la victoria siempre! ¡Venceremos!

José L. Quirante