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Se dice que en la vida no todo es blanco y negro, que también existen los grises, y que mientras el blanco y negro es propio de los extremos, lo gris representa la moderación. No siempre es así. En la vida hay cuestiones, como los Derechos Humanos, en las que el gris suele ser un color tan tétrico como el negro. Uno de esos grises, que ponen de todos los colores al teóricamente gobierno más progresista de España en décadas, es el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Su pasado ya invitaba a pensarlo, sus últimas medidas lo demuestran sin poco margen a la duda. 

El pasado martes 18 de febrero supimos que Grande-Marlaska pretendía retirar las concertinas, que tan buen negocio han dejado en fábricas españolas como sangre y desesperación han atrapado, pero solo porque tras ello se aumentaría hasta en un 30 % la altura de las vallas de Ceuta y Melilla. Una medida que fue acompañada por el anuncio de una mayor exigencia en los requisitos para la obtención del asilo. Medias todas ellas, muy del gusto de Donald Trump y no menos placenteras para la Europa de los Derechos Humanos, la que vende refugiados al por mayor por varios miles de millones de euros.

La retirada de concertinas se produce, además, y casualmente, tras el anuncio marroquí de instalarlas en su parte de la frontera. Así, los migrantes se encontrarán ahora con las mismas concertinas que antes, pero con vallas más altas. Por si fuera poco, Europa, la de los Derechos Humanos en el Parlamento Europeo y la del mercadeo en el patio trasero turco, ha resuelto que las devoluciones en caliente cumplen los Derechos Humanos –ya quisiera Donald Trump resoluciones como estas en Estados Unidos–. 

En fin, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a veces es otro de esos grises de los que hablábamos. Porque de su resolución a colocar a nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad en las vallas a patear culos y niños, como si esto fuera un deporte y televisarlo, solo hay un paso. A lo mejor hasta funciona mejor en las televisiones que la Premier, La Liga y la Seria A. Todo es probar. 

Alguno pensará que exagero, pero ahí están los entre quince y ochenta migrantes que fallecieron en el Tarajal en un tétrico entrenamiento de tiro al migrante. 'Deporte' que va camino de convertirse en España en olímpico con la connivencia –y hasta el jaleo europeo–. Ni que decir tiene que en los recovecos oscuros de Ceuta y Melilla se deben practicar juegos no menos macabros. Algo me consta.

Además, el ministro del Interior ha dedicado grandes esfuerzos a la deportación masiva de migrantes desde las islas Canarias hasta Mauritania. Otro de sus moderados grises. Todo ello parece haber generado, cuanto menos, discrepancias en el Gobierno, eso es al menos lo que asegura El País, pero claro este es un medio que ha llegado a participar de las cloacas españolas para desprestigiar a la izquierda, con lo que conviene aplicar una cierta precaución, cuando no cuarentena, a sus afirmaciones.

No cabe duda que el gris Grande-Marlaska empieza a contrastar demasiado con el luminoso y florido gobierno multicolor, pero es que el ministro del Interior no es un gris, es casi una necrológica viviente. Un ministro que sepultó las esperanzas de los familiares del trágico siniestro del Yak-42, en el que fallecieron 75 personas –la mayor tragedia aérea militar española–, y que, por sí mismo, fue capaz de provocar cinco condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos por dejar de investigar sendos casos de tortura de detenidos bajo su custodia. Si alguien esperaba que un siniestro magistrado como este encajara en un gobierno multicolor es porque solo atendió a lo personal. Lo peor del asunto es que ni siquiera se trata de un error, es algo más profundo que eso: cuestiones de Estado.

Aumento de la tensión regional con Marruecos

Todo esto, además, en mitad de un ambiente regional crispado en el que España ha colisionado con Marruecos y Argelia. En la confrontación, soterrada, con los marroquíes subyace la reivindicación de estos sobre la soberanía de Ceuta y Melilla –dos pequeñas ciudades españolas de origen colonial en el norte de Marruecos–, lo que ha provocado tensiones considerables desde finales de año, incluyendo que desde el reino alauita se haya interrumpido el comercio con las ciudades autónomas españolas. Con los argelinos se ha producido en los últimos días un choque por la delimitación de las aguas, colisión que también se ha producido con Marruecos. España tiene un problema en el norte de África, pero apuesta por el gris. Ni blanco ni negro, ni para ti ni para mí.

Y es que España no quiere renunciar a sus dos últimas posesiones coloniales, porque más allá de ello, Ceuta y Melilla son eso: dos reductos del otrora glorioso Imperio español en el que no se ponía el sol y se ensartaban por igual holandeses en Amberes y americanos en los nuevos territorios conquistados. Esos tiempos pasaron, algo que los españoles no percibieron, por lo que en Ceuta y Melilla no solo se pone el sol todos los días, sino que, además, genera cuantiosos gastos y no menos problemas.

Sin solución en el horizonte

Toda vez que a España le parece impensable renunciar a las posesiones pseudoimperiales, aunque el balance que ofrecen no puede ser más negativo –ni siquiera hay alguna gran riqueza que esquilmar y, de haberla, no serían de España, sino de una gran multinacional–; a Europa le interesa que alguien le haga el trabajo sucio con los migrantes. Y a los marroquíes la cuestión se les presenta como un negocio en el que obtener cuantiosos beneficios a base de lanzar oleadas de migrantes a que se dejen los sueños en las concertinas y las esperanzas en las patadas en caliente de los españoles, el conflicto no parece tener fácil resolución. Todo apunta al salomónico y mesurado gris.

Pero de un gobierno progresista, del primer gobierno de coalición en España en ochenta años, se espera otro ministro del Interior, más luminoso y menos lúgubre que el actual. No todo es blanco y negro en la vida, pero en este caso, el gris no parece una gran alternativa, sobre todo porque el actual gobierno genera muchas esperanzas, pero también transmite oscuras certezas.

Luis Gonzalo Segura


Publicado en actualidad.rt.com el 21 de febrero de 2020