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Recientemente se han publicado los datos de siniestralidad laboral en el estado español del pasado año 2019. El número de accidentes de trabajo con baja en el colectivo de asalariados fue de 600.622, un incremento del 1,7% sobre el mismo periodo del año anterior (tanto en jornada laboral como in itinere -mientras se va o vuelve del trabajo-).

Los datos que presenta el ministerio están desagregados por actividad económica, por comunidades autónomas, por sexo y edad, y por “grandes grupos de ocupación”, indicador que podemos utilizar para identificar las desigualdades en función de la clase social también en la siniestralidad laboral. Únicamente un 0,75% del colectivo de directores y gerentes frente al más de 50% accidentados entre peones de agricultura, pesca, construcción, industrias manufactureras y transportes, y trabajadores y trabajadoras no cualificados/as en distintos sectores. Los puestos más precarios son los más expuestos a sufrir accidentes, claramente.

Del informe llama la atención también que el número de bajas in itinere sea mayor entre el colectivo femenino, con menor tasa de empleabilidad. Y esto ocurre así desde hace ya varios años. Destacamos dos posibles causas de este efecto, por un lado, la especial incidencia de la contratación a tiempo parcial no deseada en las trabajadoras (3 de cada 4 personas ocupadas a tiempo parcial son mujeres). En estos casos, para mantener un nivel de ingresos adecuado nos vemos obligadas a compaginar varios empleos, aumentando el número de desplazamientos en una misma jornada y aumentando la posibilidad de accidentes. Por otro lado, la “doble presencia” ya que todavía somos las mujeres trabajadoras las que asumimos en mayor medida las responsabilidades de los cuidados de la familia y el hogar, lo que influye en las condiciones de estrés en las que se realizan estos desplazamientos y que aumentan la posibilidad de materialización de accidentes.

Sigue aumentando cada año el número de personas que mueren en los centros de trabajo y/o de camino a ellos. Como consecuencia de la crisis, se precarizaron las condiciones de trabajo y ha habido un aumento de la presión sobre la clase trabajadora para mantener sus puestos de trabajo y conseguir ser “más productivos”; por otro lado, las empresas han reducido la inversión para la prevención de riesgos laborales para “reducir costes”. Estos, entre otros factores, hacen que quienes formamos parte de la clase obrera alcancemos límites de extenuación que nos matan.

La pregunta es: ¿hay solución a esta elevada tasa de siniestralidad? Y la respuesta es clara para nosotras: repartir los tiempos de trabajo y los beneficios entre todos y todas.

Fuente datos: Publicación del Ministerio de Trabajo. http://www.mitramiss.gob.es/estadisticas/eat/welcome.htm

Chus Cuesta