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Escribimos en el UyL de Marzo pasado que “La necesidad de marcar una posición revolucionaria en cualquiera de los debates que afectan sustancialmente al desarrollo de la lucha de clases, obliga al Partido y al conjunto de las organizaciones hermanas europeas, a posicionarse en relación a la llamada PAC Post 2020. Sería una absoluta irresponsabilidad ausentarnos de una realidad que directa o indirectamente nos afecta a todos/as y que, inicialmente, cuenta para el periodo 2021-2027 con un presupuesto de 365.000.000.000€ (trescientos sesenta y cinco mil millones de euros, con todos sus ceros).

Conozcamos, analicemos, debatamos y marquemos una posición que pueda situar al campesinado del lado de la clase obrera.  No dejemos a los millones de campesinos/as y ganaderos/as de Europa sin esa referencia y en manos exclusivas de sus enemigos de clase.” 

Pues bien, ha pasado un año y tanto los partidos comunistas europeos, como las organizaciones sindicales de clase, e incluso nosotros mismos, seguimos siendo incapaces, con las consecuencias que ello conlleva, de lograr influir en un sector social que se moviliza como pollo descabezado sin saber realmente contra quién lucha y quién le mueve los hilos de su justificada rabia.

Ahora hablaremos de las diferentes clases y sectores sociales que existen en “el campo”, pero antes, se hace imposible recordar a quienes lean estas líneas, que ya Lenin en su obra “El Imperialismo, fase superior del Capitalismo”, nos recordaba que la base económica de este se construye con la sustitución de la libre competencia por monopolios, con el consiguiente fracaso de la pequeña y mediana empresa.  Proceso irrefrenable de concentración capitalista que afecta al agro en todas sus esferas y que, lo diga Agamenón o su porquero, es la base material de todo el proceso de destrucción del campesinado tradicional y el medio rural.

Sin embargo, la incapacidad del campesinado y la mayoría de las organizaciones agrarias, para interpretar su posición en este acelerado proceso de concentración capitalista centrando, como debieran, su movilización exclusivamente en la lucha antimonopolista, los convierte en gran medida, en el ariete que, con sus propios tractores, abre las puertas de los campos y mercados al gran capital. Equivocan su tiro cuando protestan por la subida del SMI y se olvidan de la UE; se engañan cuando hablan de pérdidas en el campo para todo el mundo y se ponen en la misma bandeja que los grandes latifundios de la agroindustria o las macro-granjas. En definitiva, arruinan su futuro al enfrentarlo al de la clase obrera agrícola a la que, en infinidad de casos, sobre-explotan con jornales de miseria en interminables jornadas de trabajo, y alinearlo con los monopolios (agrícolas y de la distribución) y la dependencia absoluta de la PAC.

En definitiva, es imposible hablar de la realidad del campo español, si no hablamos de lucha de clases y de las alianzas necesarias para tejer una ofensiva antimonopolista que asegure el futuro, tanto de la clase obrera campesina, como la de las pequeñas y medianas explotaciones.

 En el capitalismo la tendencia inequívocamente es hacia la concentración y a la destrucción demográfica y medioambiental de nuestro medio rural. Sin embargo, una política de confrontación a las imposiciones legales de la UE y sus acuerdos internacionales de “libre comercio”,  a la dictadura de las cadenas de distribución, a los mercados de futuros de los productos agrícolas y a la tiranía de los oligopolios de las semillas y fitosanitarios; sin duda, podría abrir un horizonte que, situara un escenario totalmente diferente al actual, desde el objetivo de alcanzar una producción social y medioambientalmente sostenible, que se orientara hacia la consecución inmediata de la soberanía alimentaria, la regulación pública del triángulo: mercado - distribución - producción, y la aplicación rigurosa de los convenios a los y las trabajadoras agrícolas, tanto fijos como temporales.

Frente a este complejo escenario del campo español, en el que intervienen múltiples actores políticos para sacar tajada del descontento generado por la evidente situación de inviabilidad de las pequeñas y medianas explotaciones agrícolas y ganaderas existentes, los y las comunistas del PCPE, no podemos, ni queremos dejar de situar desde una óptica clasista, nuestra propia plataforma para la superación de esta decadente realidad: Cumplimiento y revisión al alza de los convenios del campo, así como establecimiento de  ayudas a las familias jornaleras desplazadas, ayuda a procesos dirigidos a la concentración en el marco de una Reforma Agraria Integral en que se nacionalicen la totalidad de los latifundios y pasen a ser explotados por cooperativas agrarias y, finalmente, como vía imprescindible para dejar de padecer el anzuelo mortal de la PAC, salida de la UE y, consecuentemente, denuncia de todos los tratados de libre comercio que nos condenan a la desaparición a cambio de ventajas para los grandes monopolios industriales, financieros y agrarios de la UE.

Julio Díaz