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Leyendo el RD que establece las medidas económicas para enfrentar la pandemia del Covid- 19, todos pudimos leer con cierta sorpresa que se modificaba la Ley de Transacciones económicas para, desde ahora y sine die, prohibir toda inversión extra comunitaria (UE) que suponga alcanzar el  10 % de las acciones de una empresa española.  ¿Por qué?  ¿Miedo a OPAs cuando las acciones están por los suelos? ¿Protección accionarial de la UE, frente a los otros colosos económicos? Lo primero fue pensar en la miseria humana de los líderes económicos y políticos de un Estado que, en el momento en el que las personas se mueren sin ser atendidas, ni veladas por sus familias y amigos, lo que le preocupa es  perder definitivamente el control “patrio” de las empresas que conforman lo que, los y las comunistas,  llamamos el bloque oligárquico que decide y manda en este país.

Miseria de un sistema decadente que, por bloques políticos como nos anunciara Lenin en su imprescindible obra “El Imperialismo, fase superior del Capitalismo”,  se arma legalmente para protegerse en el contexto de una lucha a muerte entre monopolios.   Miopía de  quienes se muestran incapaces de reconocer que, desde hace ya mucho tiempo, sólo ejercen un control delegado sobre “sus” empresas “españolas”.

Y desde este pensamiento de desprecio hacia un mercado bursátil en caída libre en este momento, por razones muy distintas a las que preocupan al pueblo trabajador, buscamos algunos datos sobre la verdad de la “españolidad” de muchas de las empresas del Ibex 35 y, solo asomándonos a unos pocos datos,  pudimos comprender el error de seguir atribuyendo patria a estos corsarios de las finanzas.

Sus consejos de dirección y máximos ejecutivos figuran como titulares de algo que no es suyo  y de lo que solo son gestores delegados por accionistas externos,  que sí son los verdaderos propietarios de las empresas y quienes, en última instancia, marcan las líneas estratégicas para alcanzar el mayor nivel de sus acciones en el mercado de valores.  Lo llaman Teoría de la Agencia, pero para los leninistas, no es más que la exacerbación ilimitada y descontrolada de un capital financiero cada vez más parasitario.

Una economía especulativa que no genera valor y que, como queda evidenciado estos días, es la base material de un sistema profundamente quebrado que trata de sobrevivir desesperadamente, aun a costa de nuestras vidas.

Solo unos datos:

  • La gestora de fondos yanqui  BlackRock, que gestiona unos activos equivalentes al PIB de Francia y Alemania juntas, posee el 6,3% de BBVA,  el 5,9% de Santander y un 5,7% de Telefónica. Es decir, son quienes mandan en los Gigantes “españoles”.
  • En el, de matriz italiana, posee el 70,10 % de las acciones de Endesa.
  • Repsol, la empresa “española” que salió a defender el Gobierno del PP en 2012 cuando Argentina nacionalizó Repsol YPF, solo cuenta con un 6.6 % de accionistas institucionales españoles.

Pero para no aburrir con más datos, podemos concluir que, no solo la mayoría de las empresas del Ibex 35 son dominadas por los denominados “socios externos con participación significativa” de los que la práctica totalidad son fondos de inversión extranjeros, sino que, como mínimo en 10 de ellas en 2017, este porcentaje superaba el 50 %

¿En consecuencia, de qué hablan los oligarcas de este país cuando claman por la Patria? De lo mismo que siempre nos ha hablado la burguesía, de sus beneficios y sus intereses. 

Ahora que proliferan los gestos públicos patrióticos de reparto de migajas por parte de los oligarcas de este país y sus empresas,  no está de más recordarles no solo que todo lo que tienen es porque nos lo han robado, sino que su patria es solo una cuenta de resultados.

Para nosotros, como para José Martí, Patria es Humanidad y Patria es el Pueblo que, sin acciones, ni sociedades en paraísos fiscales como tienen todos  ellos y sus amigos  los Borbones, lucha por sobrevivir al Covid-119, para después exterminar a los responsables de los recortes y privatizaciones en la Sanidad Pública española.

Julio Díaz