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Reiteradamente nos hablan de prepararnos para la nueva normalidad, que el mundo cambió, que ya nada será como antes, que tendremos que adaptarnos, pero nadie nos dice cuál será el cambio ni cómo será la nueva normalidad, sabemos cómo era la anterior normalidad, que para unos pocos era muy buena y para la gran mayoría era muy mala, si es que va a ser nueva debería cambiar, no puede ser, en muchos aspectos el volver al pasado, a la ausencia de derechos.

El cambio del que nos hablan no se refiere al uso de guantes y mascarillas, ni al lavado de las manos, ni a la distancia con los de nuestra especie, pues esas son solo formalidades, y ellos son gente seria, que hablan de cosas importantes, que no pierden su tiempo, porque el tiempo es oro y el oro es su dios y la razón de su existencia.

El mencionado cambio no está por venir, ya comenzó, cientos de trabajadores despedidos a diario, que se convierten en miles y miles que se convierten en millones, para América latina se menciona que 40 millones de personas perderán su trabajo. Si antes había en promedio un 60% de subempleados y desempleados, la nueva realidad se acercará al 80% de la población, en la informalidad, sin derechos y sin seguridad social. Es a esa nueva realidad a la que quieren que nos acostumbremos, a ver el desempleo como algo normal, a que el hambre y la miseria no nos sean extraños, y con ello el incremento de la violencia y la delincuencia, que vendrán acompañados de una represión indiscriminada a algunos delincuentes, a los que no sean de los suyos, y a todos los opositores, particularmente gremiales y políticos de izquierda, entiéndase antisistema, no charlatanes socialdemócratas disfrazados de izquierda. Aunque siempre comienzan con los y las comunistas, pero después siguen con los otros.

Ya no pueden seguir poniendo parches al sistema capitalista y ahora pretenden imponer un control absoluto, la esclavitud del siglo XXI, donde todos los derechos logrados en los últimos 200 años, vuelven a cero. El Ministro de Economía del Ecuador dijo que “La realidad que ha superado a la legalidad”, esto es que las leyes, los derechos, las reivindicaciones alcanzadas ya no sirven, porque la realidad capitalista superó a la legalidad y a la ciencia ficción y en una máquina del tiempo retornamos a los años 1800s. Tenemos que acostumbrarnos a decir 2020 pero a vivir en cuanto a derechos en 1800.

Es la reinauguración del sistema capitalista, la reencarnación en sí mismo, tendremos que volver a pelear por el establecimiento de horarios de trabajo, por el derecho a organizarnos, a reclamar, tendremos que reeditar la Comuna de París y reescribir el Manifiesto Comunista.

Parte de este engranaje de la nueva normalidad, es la tecnología de las comunicaciones, las redes sociales y el WhatsApp que han coartado la posibilidad de pensar, de analizar, de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, para poner a la mayoría de la población en el modo copia y pega. Nadie confirma la información que le llega, a veces ni la lee completa, no la entiende, pero la reenvía a varios grupos que con idéntica actitud repiten el reenvío y esas falsedades se constituyen en conciencia social. Cualquier escrito, imagen, video sin ninguna firma de responsabilidad es reenviada en una progresión geométrica y en minutos una mentira repetida mil veces se convierte en realidad y todos asumen un comportamiento, todos condenan una actitud, una persona, un dirigente, un presidente, una nación, o aceptan criterios sin sentido con absoluta sumisión, deciden colectivamente que algo es bueno o es malo, correcto o incorrecto, pero sin que nadie se haya detenido un minuto a analizarlo, simplemente se decide por repetición, por copia y pega. Se elaboran realidades fantasiosas que luego justifican barbaridades, incluido la justificación del autoritarismo, el acometimiento de genocidios, o el inicio de guerras de agresión. Se justifica por todos los medios las barbaridades y la existencia del capitalismo.

Alguien se inventó que un país tenía armas químicas y fue el pretexto para bombardear a asesinar a todo un pueblo, después de lo cual se concluyó que nunca tuvieron esas armas. Crean rumores, disparan, preguntan y piden disculpas, pero el genocidio se realizó. Con toda la tecnología posible, después de varias décadas, todavía no se sabe quién asesinó al presidente Kennedy, y sobre las Torres Gemelas solo existen dudas de que se cometió un genocidio con su propio pueblo, para justificar genocidios en otros pueblos. Nos están preparando para que una serie de mentiras sean aceptadas como parte de la nueva normalidad. Pero nada es nuevo, cambian las herramientas, por ejemplo, Hollywood le ha vendido al mundo que la II Guerra Mundial la ganaron los EE.UU., el pueblo soviético y el Ejército Rojo nunca existieron, igualmente la guerra de Vietnam en la más asquerosa mentira la ganaron los norteamericanos, que salieron corriendo con el rabo entre las piernas y con el pantalón mojado. Todas las guerras y genocidios de estos últimos años son mostrados como acciones benéficas de los asesinos. Las noticias de hoy en la TV las recibí ayer en el celular y desde allí se crean prejuicios que se transforman en grandes perjuicios, y se crea una falsa conciencia social.

La nueva normalidad es una combinación para que los monopolios correspondientes cronológicamente al imperialismo, esto es a la fase superior del capitalismo, convivan con las condiciones laborales de explotación, de los inicios del capitalismo, “normalidad” que permite las más altas tasas de explotación de la fuerza de trabajo, extracción de plusvalía al más alto nivel. Después de que en 200 años de luchas se habían conseguido algunas reivindicaciones, se hace un borra y va de nuevo. La nueva normalidad es vieja.

Como es su costumbre y lo ha demostrado la experiencia histórica, que las guerras las inician con campañas mediáticas previas, han orquestado ya el inicio de una campaña anti comunista mundial de la mano de la conciliación de clases. Toda la campaña de responsabilizar a China por el coronavirus, remarcando en ello el papel del Partido Comunista, acusación de un bufón, Rico Mc Pato (el Tío Gilito) en papel de Presidente, cuando la propia inteligencia norteamericana, dice que no hay pruebas de ello, mientras el bufón afirma que las tiene. De manera similar, la inteligencia alemana, luego de consultar con la Alianza de Inteligencia -Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda- no encuentran ninguna prueba, de manera que la Ministra de Defensa de Alemania concluye que: “las acusaciones de Estados Unidos constituyen un intento deliberado de desviar la atención pública de los propios fracasos del presidente Donald Trump”.

La mentira y la calumnia elevadas a política de Estado, no solo de las autoridades norteamericanas sino de muchos de nuestros países, tienen el objetivo de que hay que aceptar, que aquello que hasta hace poco estaba mal y que ya nos habían hecho creer que eso era normal, en el futuro estará peor, y que sigamos mirando ese estado de cosas peor, como la nueva normalidad.

Pero quienes, y por qué deciden que es lo normal, no hemos elegido a nadie para que nos diga lo que es normal o para que nos imponga lo que para él es normal, sin que lo sea para nosotros. Dicen que hay que reactivar la economía, pero comienzan despidiendo a los trabajadores, que son los únicos que crean la riqueza de la cual se reparte y disfruta la sociedad. Pero despiden a las trabajadoras y trabajadores hablando a nombre de ellos/as, disminuyen sus ingresos diciendo en su favor, se les envenena en nombre de su salud, se les grava impuestos para ayudarles, nos tienen en la miseria para ellos estar en la opulencia y dicen que nos representan.

Nos están hablando de una anormalidad, peor que la anormalidad que ya existía y a la cual en adelante la llamaremos normalidad.

Es hora de que nosotros decidamos lo que es normalidad para nosotros. Lo normal es que tengamos trabajo, con remuneración que cubra por lo menos la canasta familiar, que dispongamos de todos los servicios alcanzados por el desarrollo científico técnico, que siendo producto del desarrollo de la humanidad, se entiende propiedad de todas y de cada una de las personas del mundo . Que la salud y el conocimiento no excluyan absolutamente a nadie, y que todos los derechos se extiendan hasta el último día de nuestras vidas, esto es con pensiones jubilares y servicios que aseguran una vida digna durante los últimos años de existencia. Es lo que nos merecemos cada uno de los miembros de la especie denominada humana, y es por lo que seguiremos peleando.

Lisímaco Velasco.

Secretario de Propaganda

UIS de PyJ de la FSM