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Día 10 de Mayo, cerca de cumplirse los dos meses de cuarentena y un estado de alarma vigente en fase 0, miles de muertos del pueblo trabajador, mucha angustia entre las personas más vulnerables que ya empiezan a pasar hambre y necesidad o mucho dolor y sufrimiento entre quienes no han podido ni despedirse de sus familiares muertos o, entre quienes miran al mañana sin saber si tendrán trabajo o el que tengan les dará para cubrir sus necesidades básicas o hasta cuándo lo tendrán...Esas son las preocupaciones de la mayoría de la población, pero no para quien tiene “su reino” fuera de todo esto, pero cubiertas – y bien cubiertas- sus necesidades materiales, para quien tiene garantizados sus cuantiosos ingresos a través de la exención de impuestos o con el vigente concordato. A la iglesia católica y su vocero mayor, ese brazo episcopal cardenalicio, ariete de la derecha, la derechita y la derechona no le alcanzan ninguna de esas preocupaciones mundanas.

Al señor cardenal y residente en el Arzobispado Metropolitano de Valencia hasta la llegada de la crisis sanitaria del covid 19 le tenía alborozado y en un sin vivir el feminismo y la ideología de género. Estaba por reescribir los pecados capitales para hacer una adaptación moderna a esas “ideologías del demonio” y cambió sus preferencias y el objeto de sus divinas iras en medio de la pandemia. Ahora lo que le turba sus dulces sueños de retorno a la hegemonía de palios y cogobernanza a mayor gloria de poderosos, ricos y , en su desviado saber y entender, a esas gentes “de bien”, es poder abrir la basílica y aglomerar a la beatería, mientras clama “libertad”. La neurona espiritual de la revuelta pija marca el camino a fachas y fascistas para que hagan lo mismo en sus barrios acomodados. En un desafío de opereta, que sepamos nadie le ha sancionado ni precintado el chiringuito, el sotanosaurio mayor del reino borbónico, Antonio Cañizares Llovera, se pasa las restricciones por la raja de la sotana y abre la basílica para que decenas de feligreses y feligresas se acerquen a presentar sus respetos a la figura de la "Geperudeta". Es el día de la Virgen de los Desamparados, como manda la tradición en Valencia, ¡faltaría más! Parece que lo suyo y lo de la iglesia al ser eterno es preconstitucional y alegal, pues el tribunal Constitucional ratificó las prohibiciones gubernamentales de las movilizaciones del 1 de Mayo, Día Internacional de la Clase Obrera, pero guardó comprensivo silencio sobre estos ritos y celebraciones de la clase dominante. He aquí otro clamoroso ejemplo del carácter de clase del estado.

Y en lugar de manifestar sus creencias y exhibición de iconos en el ámbito interior del recinto, para que luego nos vengan a vender que vivimos en un estado aconfesional, tuvo un momento estelar en el que incluso asomó por la puerta la imagen para que las personas presentes pudieran contemplarla. Y ahí estaban feligreses/as y transeúntes, delante de la puerta de la basílica, sin distancia de seguridad ni nada de nada. Tampoco aquellos que oficiaron la ceremonia llevaban EPIs, por no mencionar que muchos de ellos superaban la edad para ser considerados personas de riesgo, no les debe preocupar mucho sabedores de que ellos sí tendrán, si lo necesitan, un respirador y atención sanitaria a su alcance en las clínicas privatizadas y privadas. Los recortes sanitarios y de la cosa pública tampoco son de su reino celestial y, en última instancia, siempre encontraran el regazo acogedor del seno del creador.

A estas alturas tampoco extraña, hemos visto a curas patrullando en helicóptero ciudades para hacer exorcismos al virus, o procesionando calles con el mismo objetivo, hasta en Sax (Alicante) bajo la protección de la Guardia Civil impartiendo bendiciones protectoras contra el covid-19 o en otros lares encuentros multitudinarios de creyentes para salvarse mediante rezos y abrazos. Ya se sabe, las religiones alienantes son más de fé y creencias que de ciencia.

El Arzobispo Cañizares elude toda responsabilidad escudándose en el hecho de que la basílica abre sus puertas dos horas al día y que ese acto estaba dentro de lo permitido por las leyes, también en el hecho de que varias patrullas de la policía local estaban por la zona y "no tuvieron que actuar". Claro, están tan acostumbrados a realizar manifestaciones y a cortar las calles sin tener que pasar por la preceptiva comunicación administrativa, sin ser disueltos a porrazos cuando hacen de su sotana un sayo que todo les está permitido. No hace falta imaginar mucho como sería la situación en otro contexto y en otro tipo de concentraciones, hemos visto sobradas muestras de cómo los cuerpos represivos del estado no dudan en restablecer el estado de alarma a golpizas y detenciones. Sin embargo se muestran mucho más pasivos y compasivos cuando se trata de aglomeraciones de feligreses o manifestaciones y cánticos fascistas. Debe ser que para estos del clero no se aplican las mismas leyes que al resto, ellos tienen la ley divina.

Desde el gobierno tripartito se ha criticado el acto, con la boca chica, pero no parece que se vayan a adoptar sanciones o cierres. Es posible que se vayan de rositas y creciditos. Mientras, trabajadoras y trabajadores esenciales se esfuerzan día a día por contener la crisis sanitaria y por atender a las personas afectadas, con pocos medios debido a los recortes y teniendo que practicar el darwinismo social para decidir quién será salvado y quien ha de morir sin asistencia y, estos señores clérigos se esfuerzan por tirar todo este trabajo a la basura para sus espurios fines políticos. Nos arriesgamos en los centros de trabajo, en el día a día, y en algunos centros de salud la situación es crítica, tenemos la amenaza de un rebrote, y lo último que necesitamos son este tipo de actos irresponsables, puesto que cuando alguien enferme, creyente o no, acudirá al hospital no a una basílica ni a una catedral para curarse.

No se trata de limitar o de seccionar las creencias o la espiritualidad de la gente, allá cada quien con sus supercherías. Se trata de sentido común, que es el menos común de los sentidos para estos clérigos de militancia fascista. Se trata de evitar que la situación se agrave, de darle un respiro a trabajadores y trabajadoras esenciales, que se juegan su salud para conservar la nuestra. Se trata sobre todo de luchar en la defensa de nuestros intereses de clase, haciendo y defendiendo la sanidad pública y de calidad al servicio del pueblo trabajador y no de las clases dominantes.

Sergio Vega