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Nuestros barrios y pueblos están siendo hoy más atacados que nunca. A unos servicios públicos destruidos, de los que solo queda apenas el esqueleto que los mantiene en pie y que, en la mayoría de casos, no alcanzan a cubrir nuestras necesidades sanitarias, de transporte, culturales o de ocio, ahora debemos de sumarle el desprecio e insulto que los gobiernos de la derecha reaccionaria y la socialdemocracia vendida al capital nos imponen encerrándonos en ellos y solo dando permiso para salir a trabajar.

Hoy es una necesidad que los barrios y los pueblos se organicen y sean capaces de dar una respuesta conjunta a estos ataques. Es más que posible que nos enfrentemos a una crisis económica como nunca ha conocido el capitalismo en su historia. Se habla de una caída del PIB que puede llegar hasta el 18 %. Por poner este valor en contexto, durante los años más duros de la crisis de 2008, la caída del PIB nunca sobrepasó el 3 %.

Ya estamos viendo el aumento de los desahucios, con su correspondiente blanqueo mediático, las colas del hambre de gente pidiendo comida y unos despliegues policiales desmedidos en nuestras calles para multarnos si nos atrevemos a salir de nuestras zonas pobres para algo que no sea producir.

Esta situación merece una respuesta, eso queda claro. Pero, ¿qué podemos hacer la juventud? Y ¿por dónde comenzamos a organizar la respuesta? Una opción está en reforzar nuestras asambleas vecinales o antifascistas, para robustecer su trabajo en las cuestiones de apoyo en temas como pueden ser los bancos populares de alimentos, las concentraciones contra los desahucios, en defensa de nuestros centros de salud o de un transporte de calidad y accesible. Tejer lazos de solidaridad entre todos estos elementos y confrontar contra el enemigo común que nos oprime, que no es otro que la burguesía escondida tras la Policía que nos multa y los partidos del sistema (desde Unidas Podemos a Vox, pasando por el PP-PSOE) que los manda.

No es el momento de encerrarnos en casa ni de tener miedo a la lucha de clases. Es el momento de ser valientes y llenar las plazas pidiendo el derecho a una vivienda, una sanidad, comida y trabajo. También es el momento de invitar a nuestra clase obrera a participar en el sindicalismo para defenderse unida de los ERTE, los ERE, despidos en masa y condiciones precarias que nos querrán imponer. Pero especialmente es el momento de hacer ver que el capitalismo, sea quien sea su gestor, no es capaz de satisfacer ni una sola de estas necesidades. Exijamos la nacionalización de la banca; la expropiación de todo el parque de vivienda en manos de inmobiliarias, bancos y fondos buitre; exijamos la reindustrialización completa de nuestras regiones, para que nuestras manos sirvan para generar riqueza y no para pedir limosna. Pidamos el Poder para la Clase Obrera, empezado por lo más básico, que es organizarnos en nuestros barrios entorno a las masas que ya se organizan para atender las necesidades del barrio. Y si no está organizada, organicémosla.

Por la pandemia, ni un paso atrás. La juventud Obrera y Popular a la Ofensiva.

Julio Hernández