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Este primer número de XX-Elles, el boletín de la Comisión de Mujeres del PRCF, está dedicado principalmente a retratos de mujeres notables, luchadoras, activistas, comunistas y feministas. Obreras, maestras, guerrilleras, sindicalistas, intelectuales, ellas también han sufrido el machismo dominante, condiciones de vida precarias, miserables y hasta peligrosas, han vivido la guerra, pero no se han resignado ni se han limitado a la única causa de las mujeres, aunque la defienden con ardor y concreción. Desafiando los peligros y la represión, se comprometieron en el movimiento sindical, en la resistencia contra la ocupación alemana, en la lucha revolucionaria en Alemania o en Cuba, luchas que, como dijo Mao, no son "una cena de gala".

Las hemos elegido entre muchas otras, como valientes pero olvidadas, para mostrar que la lucha de las mujeres contra su opresión específica no se limita a las quejas, a las denuncias, por muy justas que sean, sino que se despliega en el movimiento general del proletariado contra la explotación capitalista y todas las injusticias que ésta conlleva, en particular el mantenimiento de las mujeres en una posición inferior.

No, el movimiento feminista no se limita a las mujeres, a menudo de origen burgués, que lanzaron el movimiento internacional por el sufragio femenino. No se limita al Olimpo de Gouges, ni a Emmeline Pankhurst, la sufragista inglesa más famosa que fue socialista, ni a la estadounidense Betty Friedan. O, más cerca de nosotros, de Simone de Beauvoir, por grandes que sean sus méritos, de la riquísima y distinguida Élisabeth Badinter o de la política de derechas Simone Veil.

Cuando Clara Zetkin y su amiga Rosa Luxemburg fundaron la Internacional Socialista de Mujeres en 1907, tenían claro que la lucha por la conquista de los derechos económicos, sociales, jurídicos, políticos y culturales de las mujeres era inseparable de la lucha por la verdadera justicia social y, por tanto, por el socialismo. Del mismo modo, el proyecto de un Día Internacional de la Mujer lanzado por Clara Zetkin en 1910 -hace 110 años- antes del Congreso de la Segunda Internacional es una iniciativa socialista y no del movimiento feminista, muy activo en aquella época.

Hoy en día, la opresión de género sigue pesando de forma abrumadora sobre miles de millones de mujeres en muchos países del mundo. Y en Francia, la lucha está lejos de estar ganada, por no decir que está seriamente amenazada si, por ejemplo, la señora Le Pen llega al poder. Lo demuestra claramente la despreciable violencia de la que son víctimas muchas mujeres y que debe ser condenada enérgicamente, y de la que las feministas pequeñoburguesas llevan un macabro recuento, sin desarrollar reivindicaciones concretas que puedan ser efectivas.

Las condiciones de vida, de trabajo, de salario y de vivienda que se imponen a las trabajadoras, a las empleadas y a las madres solteras que crían a sus hijas e hijos lo atestiguan: ¿cómo se puede escapar del verdugo cuando, por falta de recursos económicos suficientes, no se puede ir a vivir a otro lugar y mantener a uno mismo y a sus hijos?

Dirigir la lucha en el único plano social, por ejemplo reduciéndola a la lucha contra la violencia sexual, tiene a menudo la consecuencia, aunque las feministas se defiendan de ello, de señalar la responsabilidad exclusiva de los "hombres", que serían violentos en esencia. Este enfoque debilita y divide la lucha de clases, la lucha de todas las clases trabajadoras, las que sólo tienen sus brazos y su inteligencia para asegurar su supervivencia. Cuanto más iguales sean las mujeres y los hombres, más fuerte será la lucha de clases. Y viceversa.

Por eso el PRCF y sus militantes, mujeres y hombres unidos, se propusieron la tarea de vincular ambas luchas, de unir las luchas obreras y populares con las luchas contra las opresiones específicas, especialmente la de las mujeres.

Porque como afirmó la Unión de Mujeres Vietnamitas durante la larga y valiente guerra de liberación contra la agresión estadounidense: "Nadie puede reclamar su liberación si no participa activamente en la liberación de todos los oprimidos".

Hemos seleccionado a seis mujeres notables para este documento. Publicaremos otras biografías de mujeres notables en la Iniciativa Comunista, como Angela Davis, Dulcie September, Marie Louise Rochebillard, pionera del sindicalismo femenino.

Diane Gilliard

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