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No puedo apartármelos de la cabeza. Han pasado unos días y todavía conservo intacto e inalterado el espanto. Los hemos visto juntos, amancebados, guareciéndose y cobijándose el uno al otro. El primero, colorao como un pavo, achicharrado en una camisa que no abrochaba por culpa de un abdomen agradecido por las continuas ingestas líquidas y frecuentes sentadas en mesas de comer  solomillos y patatas fritas. El otro, hablando de sí mismo como si alguien le hubiera puesto en el disparadero, sin corbata para confraternizar con la chusma, enjuto, con voz quebradiza, adiamantada, con una sonrisa despiporrante, ufano y complacido viéndose rodeado de sus cofrades.

Los disparates y los desvaríos de ambos se multiplicaron por dos, presentando al respetable público las segundas memorias del más canijo; un libraco que de cielos para abajo y de tierras para arriba será determinante para la literatura universal (Memorias II- Inteligencia 0). Lo peor de todo, es que el retaco amenaza con una larga y bien trabajada tercera parte de las memorias. Entenderán ustedes que estemos razonablemente acongojados porque viendo el amistoso apego que el de las Azores entabla con los secretarios de CCOO nos tememos lo peor... si tenemos que soportar el sacrificio de pasar por el trance de ver a Toxo presentando el tercer tomo nos quemamos a lo bonzo en la calle Lope de Vega...

La cosa es que tras oír las interesantes y deleitables manifestaciones de ambos nos quedamos preocupados por la salud del más talludo y ganso de los Josemaris, el otro goza de buena salud.

Al más tragón le han quedado secuelas de aquel estacazo que asestaron en su prodigiosa testa y que tanto conmovió a nuestros queridos, dilectos y amables lectores. !Huy qué lástima! cuando lo vimos... sangrando igualito, igualito que un jabalí, y diciendo entre sollozos !Aznar, pupa! !Qué susto!, pensábamos que nunca se le cerraría la brecha, menos mal que el autor de la acometida juró para su descargo que, por respeto al puesto que ostentaba el sindicalista, eligió para el trastazo madera de chopo labrada, porque a nosotros nos pesaría en el alma que aquel pronunciamiento ciudadano no se hubiera realizado con una madera de calidad y esa circunstancia nos tranquilizó, pero los últimos acontecimientos nos están demostrando que el estropicio quedó dentro del cerebro del galeno.

Mira que lo advertimos, “los golpes en la cabeza no son buenos” !y qué razón! porque las consecuencias del trastazo traspasaron el cuero cabelludo y dejaron como corolario un zoquete, un tarugo, un mentecato, un cretino, un necio, un cenutrio, un mequetrefe y un tarambana, en resumidas cuentas, algo asqueroso y digno de todas las execraciones.

Pero no sería justo achacar todos los estragos a aquella bendita ocurrencia en forma de estaca. Para hacer honor a la verdad, no podemos ocultar que el deterioro le viene desde su etapa como secretario general de CCOO, ahí ya Fidalguín daba inequívocas muestras de que se escoraba a la derecha, y tenía una actitud muy acaramelada con el Partido Popular, pero para no dar lugar a maledicencias antes de caer de patas entre los populares, buscó cariño en UPyD y soñaba que su apostura y sus modales le harían merecedor de encabezar la candidatura a la Alcaldía de Madrid, Rosa Díez le dio calabazas y él siguió buscando desesperadamente ternura y deslumbrado por las hazañas del pigmeíto de las Azores en la guerra de Irak, rendido le entregó las llaves de su corazón.

Si Aznar le dice ven, Fidalgo lo deja todo y se le mete un desasosiego en el cuerpo y un azogue en todos sus sentidos que ningún freno puede impedir que corra raudo y diligente a la llamada del presidente de la FAES.

Cuando Aznar vendía el libro y pontificaba sobre del Centro Nacional de Inteligencia y el  golpe de estado en Venezuela, Fidalgo se mostraba ajeno al mundo y lo miraba embelesado y seducido. Los periodistas que acechaban, tratando de averiguar y ventilar los últimos escarceos, preguntaron acerca de la relación entre los tortolitos, Fidalgo, un poquito ruborizado por el hecho de que el flechazo saliera a la luz, con la mirada arrobada, para evitar errores de transmisión originados por la prisa con que se dan tan esperadas noticias, con una sonrisa tontorrona y una vocecita gangosa dijo: “Aznar es un hombre encantador, entre nosotros hay mucho afecto. Nos estamos conociendo, hasta el momento sólo somos amigos”.

Telva Mieres