La clase trabajadora y los sectores populares siempre pagan las crisis capitalistas, la actual ha generado un impacto económico, social y laboral tal que ha empeorado las ya graves brechas, desigualdades y violencia estructurales existentes y como la mayoría de crisis y conflictos tiene sesgo de clase, de género y raza.

Ser mujer trabajadora, joven o migrante racializada son factores de riesgo para una mayor violencia, precariedad, pérdida de derechos y exclusión social y estar más expuestas al contagio por las condiciones laborales y sociales. 

Más del 50 % del empleo femenino está altamente precarizado, según la EPA, último trimestre 2020, las mujeres eran casi 3 de cada 4 personas trabajadoras a tiempo parcial (74,37 % frente al 25,63 % hombres). En 2020, la destrucción de empleos temporales superó en 2,4 veces la de contratos fijos. Casi un 40 % de las mujeres trabajan en sectores con más caída salarial y representan el 55,6 % del aumento de desempleo, con una tasa de paro del 17 % (agosto de 2021) y con menos opciones de teletrabajo o acceso a ayudas.

Un 87,17 % de las excedencias por cuidado en 2020 fueron a mujeres, asumieron el aumento de responsabilidades domésticas y tareas de cuidados abandonando el mercado laboral, así “concilia” el capital.

A nivel global, la OIT alertó que entre 2019 y 2020 se perdieron 54 millones de puestos de trabajo ocupados por mujeres y estima que solo el 43,2 % en edad de trabajar encontrará empleo en 2021 y que la pandemia afecta mucho más la ocupación e ingresos de las mujeres. Recuerda que las mujeres siguen ganando un 20 % menos, aun peor si pertenecen a minorías o sufren discapacidad. Esto implica un retroceso en lo logrado en los últimos 15 años.

Tener trabajo tampoco garantiza una vida digna, 4 de cada 10 personas atendidas por ONG,s tienen empleos parciales o temporales, en 2019 la pobreza afectaba a 1 de cada 4 familias con menores (INE), Save The Children calcula que en 2020 fueron un 33 %, 1 de cada 3 menores crecerá en situación de pobreza, muchos en familias monomarentales.

Pasados aplausos y el mantra utópico de “aprendimos lo verdaderamente importante”, los trabajos remunerados o no de las mujeres, precarios, peor pagados, sin prestigio y fundamentales para la atención y protección de las personas y para el funcionamiento mismo del sistema, no solo no han mejorado sus condiciones laborales, sino que se han desvalorizado.

Se suma a esta gravísima situación la violencia de género, acabado el estado de alarma, junio fue el mes con peores cifras desde 2012 con diez mujeres asesinadas. Hasta hoy ha habido  34  feminicidios, 1.106 desde 2003 y cuatro menores han sido asesinados por casos de violencia vicaria. También se han incrementado las denuncias por violencia machista y  las agresiones  a mujeres jóvenes, gran parte a través de los canales digitales.

La situación de las mujeres, en especial las trabajadoras, las migrantes, las jóvenes, en este inicio de curso está marcada por la explotación, la opresión, la violencia, la misma de siempre pero acrecentada por esta “nueva” crisis. Esto es lo que nos ofrece el patriarcado y el capitalismo, que acumula con nuestro trabajo, nos violenta y se apropia lo que creamos, engorda con el trabajo esencial de las mujeres trabajadoras, negocia con nuestros cuerpos y no reconoce el cuidado como eje fundamental de la vida y la economía.

Tatiana Delgado Plasencia.

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