Pedro Sánchez no ve la violencia brutal de los ocupantes marroquíes en la República Árabe Saharaui Democrática, no ve las violaciones, las torturas, las palizas…no ve nada que no le interesa. Y, en consecuencia, guarda un disciplinado silencio cómplice.

Dicho al revés. Marruecos viola, tortura, desaparece, encarcela, etc, en los Territorios Ocupados de la RASD porque Pedro Sánchez lo consiente. Y también, igualmente, porque lo consiente Felipe VI.

La responsabilidad del Gobierno PSOE-UP y de los Borbones es absoluta. Bastaría una simple declaración condenatoria por su parte para poner en dificultades al sátrapa Mohamed VI, para obstaculizar  su actual impunidad. Por ello, los miembros del Gobierno y el Borbón son igualmente sátrapas, porque son colaboradores necesarios para el ejercicio de la barbarie, de forma impune, por parte de los sicarios marroquíes.

La línea política del Gobierno Sánchez tiene una explicación/justificación clara: es un Gobierno que se alinea con el bloque imperialista occidental comandado por los EE. UU., donde tienen sitio preferente Francia y el sionismo. Y sigue esta política porque considera que es la dominante y la que le reportará mejores beneficios económicos, al facilitar su participación en el saqueo de esta zona del continente africano. El Gran Marruecos-ampliado al Sáhara Occidental y Mauritania- es la pieza clave de esta estrategia.

Es decir, el Gobierno no sigue esta política por una cuestión de principios en las relaciones internacionales. Sencillamente no hay principios en esta materia. Sus únicas razones son el saqueo, el expolio y la apropiación, por cualquier medio, de los recursos naturales existentes en estos países.

Comparemos. Cuba ayudó a Angola en su proceso de independencia contra las injerencias extranjeras, y Fidel explicó con claridad sus principios internacionalistas: los cubanos regresaremos de Angola, y lo único que nos traeremos serán nuestros muertos. No es este el caso de Pedro Sánchez, cuya línea política está determinada sencillamente por el robo a manos llenas. También esta es la explicación de su traición a la RASD.

España mantiene tropas en Senegal, Mali, República Centroafricana y Somalia, además de presencia militar y policial en otros países de la zona, con preferencia en el Golfo de Guinea. Con ello quiere asegurarse una cuota en el reparto del botín. La tapadera es el discurso de la seguridad y la lucha contra el terrorismo. Y también la lucha contra las mafias de la emigración. El cinismo en estado puro, como principio rector de las relaciones internacionales del Gobierno.

La guerra iniciada por EE. UU. en Ucrania está reconfigurando el mapa mundial, agudizando las tendencias agresivas de las últimas décadas. Los países sobre la línea del Sahel (Marruecos, RASD, Mauritania, Libia, Mali, Níger, Chad, Sudán, Egipto, Somalia y Argelia) son el objetivo principal de los EE. UU. en África. La piedra en el zapato es Argelia.

Se anuncian maniobras antiterroristas conjuntas para finales de este año entre Argelia y Rusia, en su frontera sudoeste. China busca lugar para una base naval en el litoral atlántico del continente africano. A buen entendedor pocas palabras bastan.

España juega con fuego. Debilita la posición de Canarias, que queda como víctima de esta política imperialista.

En estos días la desbocada demagogia imperialista amenaza con denunciar a los líderes rusos ante la CPI, nos lo repiten todos los días por sus mentirosos y serviles medios de comunicación. El abogado del FPOLISARIO, Gilles Devers, plantea la posibilidad de procesar a Pedro Sánchez ante la CPI por ''complicidad en crímenes de guerra'', realizados por Marruecos en los Territorios Ocupados de la RASD. Parece que esta acusación tiene bastante más fundamento que en el caso ruso, puesto que España, lo quiera o no, es Potencia Administradora del Sáhara Occidental.

El noroccidente del continente africano se configura como un próximo escenario de guerra, en la medida que las contradicciones imperialistas se agudicen y que los EE. UU. vayan perdiendo fuerza en la escena internacional. El Gobierno y la monarquía borbónica abocan a España a ese escenario de guerra directa, si no corrigen su política. Pero la realidad es que su posición imperialista no les deja margen de maniobra. Vamos a la guerra.

Hay que preparar a la clase obrera y al pueblo para una gran movilización contra esta política suicida.

C. Suárez

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