El salto mediático de Nigeria a las portadas de los grandes diarios durante las últimas semanas vuelve a evidenciar el cínico tratamiento que el imperialismo y sus voceros dispensan a la realidad del continente africano.

 

Toda una pléyade de celebridades de diferente índole y dudosa catadura moral ha brindado su apoyo a la liberación de las más de 200 secuestradas por la organización sectaria conocida como Boko Haram en el estado de Borno, al noreste del país. Tratándose de una reivindicación justa que es imposible no suscribir, se trata de un ejemplo perfectamente ilustrativo que muestra cómo un panorama tan sumamente complejo como el del Golfo de Guinea es reducido a una de sus muchas aristas, encubriendo bajo un manto de desconocimiento las verdaderas fuerzas motrices que han conducido a la región al punto de inestabilidad en el que hoy se encuentra.

En primer lugar, el lector debe conocer que Nigeria ha desbancado recientemente a Suráfrica como primera potencia económica del continente. Mientras que las cifras revelan que son cada vez más los millones de personas sometidas a una situación de pobreza extrema, la economía nigeriana ha mantenido un crecimiento de su Producto Interior Bruto en torno al 7% interanual. Ello viene dado fundamentalmente por su peso demográfico –que supera los 168  millones de personas– y a su riqueza en Gas Natural y petróleo, escasamente consumidos en el país siendo dirigidos en buena parte a la exportación a los Estados Unidos. Gran parte de los yacimientos de estos recursos se encuentran en el Delta del Río Niger, zona que es considerada como una de las diez más contaminadas del mundo debido al gran número de vertidos que las grandes compañías, con la angloholandesa Shell a la cabeza, realizan en complicidad con la oligarquía nigeriana. Tratándose de un país dedicado tradicionalmente a la agricultura y a la pesca, no hace falta decir que dichos vertidos –que se estima ascienden a más de 1’5 toneladas de petróleo durante los últimos 50 años– han tenido un efecto devastador en las condiciones de vida y trabajo del pueblo nigeriano, lo cual ha motivado la oposición de diferente comunidades locales contrarias a la corrupción consustancial a la gestión de los recursos energéticos realizada por los sucesivos gobiernos nigerianos, así como la actividad de las corporaciones petroleras responsables del brutal impacto medioambiental de la que es víctima la zona. Esta oposición, compuesta por una constelación de organizaciones de diferente origen étnico, entre los que destaca el Movimiento por la Emancipación del Delta del Niger, ha sido sistemáticamente perseguida por el Estado nigeriano.

Por otra parte, conviene saber que Nigeria se ve afectada por una problemática de naturaleza transfronteriza que afecta tanto a África Occidental como a la región del Sahel. Se trata de los tráficos ilícitos –drogas, armas, personas, e incluso medicamentos– que condicionan profundamente y en un sentido negativo la estabilidad del continente. Este tipo de actividades se muestran estrechamente vinculadas al desarrollo de determinadas organizaciones sectarias como Boko Haram en Nigeria, pero también como Al-Qaeda en el Magreb Islámico o el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental. De este modo, dichas organizaciones encuentran una de sus principales vías de financiación en el narcotráfico, tanto de la cocaína proveniente de America Latina como de la heroína y la metanfetamina producida en países como Nigeria, incorporando a sus filas a un gran número de jóvenes que buscan salir de la pobreza extrema mediante el enriquecimiento que se les promete desde estas organizaciones, y aludiendo a una justificación religiosa de sus actividades que entra en clara contradicción con la fe islámica. Sirva como ejemplo la figura de Moktar Belmokhtar, afamado “yihadista” de origen argelino también conocido como “Mr. Marlboro” por su afición al tráfico de tabaco, entre otros. 

El reforzamiento de la presencia estadounidense en África a través del AFRICOM aprovechando el secuestro del Colegio de Chibok pone de manifiesto la relevancia estratégica del Golfo de Guinea, donde China ha aumentado su influencia a través de acuerdos comerciales preferentes para obtener una cantidad creciente de recursos energéticos y otras “commodities”. Los pueblos de África deberán volver a decidir: o las viejas cadenas de la dominación colonial de uno u otro signo o la lucha por la libertad y la emancipación.

Alfonso Reyes.

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