Las mujeres a lo largo de la historia, independientemente de sus contribuciones a ésta, han sido invisibilizadas.

Los impedimentos con los que se han encontrado las mujeres en el pasado para poder llegar a desarrollar sus capacidades han sido infinitos.

Es el caso de la mujer olvidada de la que vamos a escribir hoy, Sophie Germain.

Sophie Germain nació en Francia a finales del siglo 18, comenzó a interesarse por los estudios matemáticos a raíz de libros que encontraba en la biblioteca de su casa. No solo las instituciones le suponían un impedimento a la hora de desarrollar sus conocimientos matemáticos, sino que bajo el contexto familiar tampoco se le permitía estudiar las matemáticas y se oponían fervientemente a que Sophie las continuara estudiando incluso bajo su propio techo, en uno de sus diarios, cuenta cómo sus padres le cortaban por la noche el suministro de luz, calefacción e incluso ropas de cama para que no pudiera estudiar.

Matilde nació en Sevilla el 30 de noviembre de 1906 y pronto se trasladó a Santander por motivos laborales de su padre. Allí sus inquietudes políticas se manifestaron desde temprana edad, afiliándose al grupo infantil socialista y militando más tarde en las Juventudes Socialistas.

Aunque ya escribía artículos en el diario La Región, del que era propietario su marido Luciano Malumbres, tras el asesinato de éste por un falangista en 1936, Matilde asumió la dirección del periódico santanderino. Desde la tribuna de su diario, escribiría artículos de prensa para dar voz a la defensa de los derechos de las mujeres y la igualdad en el ámbito laboral y cultural. Por todo esto y su gran actividad política se la conocería como La Pasionaria de la Montaña.

Durante la Guerra Civil, Matilde abandona el socialismo y se afilia en el Partido Comunista en junio de 1937.

Maruja Mallo (1902-1995) es la pintora más representativa del movimiento surrealista español. Original, feminista, marxista y extravagante se enfrentó a la sociedad patriarcal de su tiempo en plena dictadura de Primo de Rivera.

Nació en Vivero (Lugo) el 5 de enero de 1902, y fue la cuarta de una numerosa familia de 14 hermanos y hermanas. Su nombre verdadero era Ana María Gómez González, pero tanto ella, como su hermano Cristóbal, también pintor, decidieron utilizar el segundo apellido de su padre, Mallo.

Su formación artística comienza en Avilés, cuando su familia se traslada a esta ciudad, en la Escuela de artes y oficios, algo que complementaba con clases particulares. En 1922 se instala en Madrid eligiendo la Real Academia de San Fernando para comenzar en los estudios de pintura, ese año, fue la única mujer que logró aprobar el examen de ingreso. Es en la Academia donde comienza su amistad con Dalí y, a través de él conocerá al grupo de la Residencia de Estudiantes Buñuel, Lorca, Alberti, Margarita Manso, María Zambrano, Concha Méndez, etc. estableciéndose entre ellos y ellas una notable influencia.

Hija de maestro carpintero y ama de casa, Anna estudió taquimecanografía y con 18 años, en plena guerra civil, entró a trabajar como auxiliar administrativa en las oficinas de la Delegación de Economía y Transportes de la Generalitat de Catalunya, bajo la dirección de Joan Comorera que en esos momentos era el Conseller de esta delegación en el gobierno de Lluís Companys. Poco después se hace militante del PSUC, participando en mítines, encabezando manifestaciones, hablando en programas de radio y escribiendo artículos en la prensa, así como colaborando con el SRI (Socorro Rojo Internacional).

Gladys del Carmen Marín Millie, nació 18 de julio de 1937 en Curepto en la Región del Maule, Chile.

Estudió magisterio en la Escuela Normal N° 2 en Santiago a la que accedió a través de una beca y en 1957, obtuvo el título de profesora primaria con especialidad en Educación Diferencial.

Su primer trabajo fue en la Escuela N° 130 para personas con enfermedades mentales, que funcionaba en el interior del Hospital Psiquiátrico de la Avenida Santos Dumonte, en Santiago.

Un año después de graduarse ingresa en las Juventudes Comunistas de Chile. En esta etapa destaca su activa participación en las labores comunitarias en barrios de clase obrera con mayores dificultades, entre las actividades que realizaba estaba la creación de áreas verdes, el arreglo de edificios, la realización de murales etc.

Mi nombre es Sylvia. Estelle Sylvia Pankhurst, la mediana y menos conocida de “las Pankhurst”. Lejos del sufragismo de damas de alta cuna, el voto para todas las mujeres, no sólo para propietarias y la confluencia de las demandas de las mujeres con las de la clase trabajadora fueron mis convicciones. Organicé trabajadoras, me opuse a la guerra imperialista, viajé a la Revolución rusa y la lucha por la más profunda igualdad y por una sociedad libre de toda opresión es el mejor resumen de mis 78 años de vida.

Nací en Manchester el 5 de mayo de 1882, fui a la escuela y en 1903 estudié becada en el Royal College of Arts. Intenté compaginar estudios de arte con militancia en el SWPU (1) pero tres años después, en 1906, dejé los estudios. Para entonces nos apropiamos del despectivo término que los enemigos del movimiento usaban: suffragettes. También llegaron, no sería la única vez, la cárcel y la huelga de hambre. El movimiento anti sufragio arreciaba, defendían que la división de funciones era la piedra angular de la civilización y que el voto de las mujeres seria el preludio de una revolución social.

"Durante la revolución mexicana, surgen mujeres de manos morenas, mujeres jóvenes con la interrogación en sus ojos de lo que sería la muerte. Estas mujeres no son las mujeres que relatan en los libros de historia, son las mujeres que ayudaron a que hubiera una verdadera revolución mexicana. Estas mujeres son, las soldaderas”. Elena Poniatowska

Hay muchos casos, incontables, de mujeres ocultadas en la Historia, fueron protagonistas de acontecimientos revolucionarios y han sido olvidadas. Mujeres transgresoras que rompieron con los roles asignados a su género para ser dueñas de su destino, lo curioso del caso de Petra Herrera es que tuvo que convertirse en Pedro Herrera, travestirse, para poder participar del ejército revolucionario mexicano.

Decidida a ser de los soldados que iban a la batalla, no quería ser parte de La Soldadera, mujeres que los acompañaban encargándose de toda la intendencia y cuidados, se vistió de hombre y se enroló. Luchó junto a Pancho Villa que alabó su liderazgo y motivación al frente del resto de revolucionarios.  En varias ocasiones  Petra/Pedro había conseguido importantes gestas como volar puentes.

Nace en Pozuelo de Aragón (Zaragoza) el 1 de Abril de 1882, fue la segunda hija de una familia humilde de campesinos. Apenas pudo ir unos años a la escuela, por lo que su formación la obtuvo de forma autodidactica.

Cuando cumple 18 años se casa, por imposición, con Bonifacio Ba Cerce, siete años después, cansada de humillaciones y malos tratos, huyó a Barcelona donde trabajó como sirvienta.

Regresó a Pozuelo de Aragón y, con los ahorros conseguidos, se compró una maquina de hacer medias, que le proporcionó la forma de ganarse la vida.

Según José Martí   “…y en el noble tumulto una mujer de oratoria vibrante,  Ana Betancourt, anuncia que el fuego de la libertad y el ansia de martirio no calienta con más viveza el alma del hombre que la de la mujer cubana.”

14 de diciembre de 1832,  Camagüey , nace   Ana María de la Soledad Betancourt, de familia acaudalada, recibió una educación acorde con  su clase, época y sexo: música, bordados, tejidos, cocina y hogar.

Pero los acontecimientos históricos  y las corrientes de pensamiento, dentro y fuera  de su país, influyeron en esta mujer autodidacta, que hizo de su vida una concreción de sus ideas.

Casada con el abogado y patriota Ignacio Mora, integró la gesta libertadora y   se  hizo escuchar en una sociedad patriarcal  donde se  negaba a la mujer desde la educación hasta el derecho a opinar. Su casa  fue un foco de revolución donde se guardaban  armas,  partían  correos, ropa, periódicos y correos para  el Ejército Libertador. La persecución de los españoles por  su compromiso,  la obligó a partir    hacia la manigua. Allí, junto al esposo, escribe  y corrige  las proclamas revolucionarias que publicaban  en el periódico El Mambí.