La inmensidad fructífera de Picasso abarca un haz infinito de galaxias del mundanal y vasto crepitar  volcánico humano. El pintor que impulsó la culminación de la pintura moderna, abarcó desde sus inicios de visualización de lo desvaído a la entronización de la vitalidad más exuberante. Todo ello lo condensa Rafael Alberti con una marea de  palabras de levadura abrasadora, al elevar la obra picassiana a la cumbre de las aspiraciones humanas.

Alberti explora el inmenso universo picassiano en el libro Lo que canté y dije de Picasso, que acoge vertiginosos poemas y escritos en prosa, vislumbrando los cien mil mundos de Picasso. Los cien mil ojos de Picasso lo abarcan todo, todo lo compone y lo descompone  el pintor universal, universal y multiversal. Alberti indaga por los túneles subterráneos de los azules y rosados primigenios, atraviesa los prismas cubistas caleidoscópicos, a través de retahílas como bocetos indefinidos. Picasso se metió en el siglo por la puerta menos pensada, un prestidigitador de cartabones y cartapacios para quien todo es transformable y nada inmutable.

El poeta considera a Picasso como el río de los mil afluentes, un oleaje de estilos que crean constantemente un océano. Se pregunta, ¿qué pensaría Goya de Picasso? O, ¿qué pensaría Dios de Picasso? Los siglos por los siglos caben en la paleta y el pincel de Picasso. La creación de un  mundo nuevo se inspirará en el cataclismo plástico de las escenas picassianas.

La realidad es la musa, la genialidad significa cambiar el mundo para conquistar la alegría de vivir: la conclusión decisiva tras derrotar el nazismo en 1945 y perseverar en acabar con el capitalismo: La Revolución es el Arte entre todas las artes. Todo es mutable, se proviene de las miserias humanas y a base de librar todas las batallas en  las mazmorras subterráneas del inconsciente y en los campos de la conciencia, asistimos a un devenir incesante en un mundo de contradicciones y conflictos. Hay que cambiar de base desde los cimientos, el mundo podrido del que provenimos. Las enseñanzas de Picasso emergen contra las vanidades más ignorantes.

Miguel Ángel Rojas

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