«Hoy, primero de Mayo, el proletariado europeo y americano pasa revista por vez primera a sus contingentes puestos en pie de guerra como un ejército único, unido bajo una sola bandera y concentrado en un objetivo: la jornada normal de ocho horas, que ya proclamara la Internacional en el congreso de Ginebra en 1889, y que es menester elevar a ley.
¡Ya Marx no vive, para verlo, a mi lado!
Londres, 1 de mayo de 1890.
F. ENGELS.»
Hemos traído aquí estas palabras de F. Engels, escritas para el prefacio de la edición alemana del Manifiesto Comunista de 1890, para situar el auténtico significado que la celebración del 1º de Mayo debe tener para la clase obrera. La burguesía y sus acólitos han tratado de desvirtuar y corromper el significado de esta celebración obrera bajo toneladas de propaganda antiobrera y anticomunista, desde el aberrante “San José Obrero” de la iglesia católica hasta la descafeinada “fiesta del trabajo” de toda la caterva revisionista, socialdemócrata y oportunista donde, como mucho, se mendiga por la pérdida de derechos y la vuelta a supuestos tiempos mejores, pero carentes de toda reivindicación de autenticas mejoras para nuestra clase y, por supuesto, carentes de cualquier posicionamiento revolucionario que condene al aberrante sistema que los mantiene.
Engels, en 1890, lo tenía bastante claro. El 1º de mayo era una jornada de lucha y reivindicación de la clase obrera. En realidad, se trataba de una jornada de huelga internacional en la que la clase obrera luchaba por objetivos concretos como, en ese caso, lo era la jornada de ocho horas.
En las últimas décadas del siglo XIX, la clase obrera internacional se hallaba luchando por obtener mejoras, como la jornada de ocho horas, lo que se tradujo en innumerables actos, movilizaciones y huelgas. Y es precisamente en Estados Unidos donde un 1º de mayo de 1886, los trabajadores de todo el país abandonaron sus puestos de trabajo protestando por las largas jornadas laborales y exigiendo la jornada de ocho horas. Ni que decir tiene que este movimiento fue salvajemente reprimido por la patronal y sus polizontes, causando la muerte de decenas de víctimas entre la clase obrera. La represión siguió con juicios-farsa contra dirigentes obreros, como el infame proceso que condenó a ocho anarquistas, los “Mártires de Chicago”.
Tras estos sucesos, en 1889, en París, fue instaurado el 1 de Mayo como “Día del Trabajador”.
Hoy día, la clase obrera percibe que ella es la que está pagando la crisis del sistema capitalista. El paro, la sobre-explotación, la precariedad laboral, los accidentes de trabajo, la carestía de la vida, las dificultades para encontrar vivienda con alquileres por las nubes, la especulación inmobiliaria que echa de sus barrios a miles de trabajadoras y trabajadores, los desahucios, el ataque constante contra los servicios públicos, las pensiones, el ascenso de la represión contra quienes luchan y se organizan, etc. En realidad, sobran las razones y los motivos para que la clase obrera luche por reivindicaciones, no ya en un solo día, sino todos los días del año, y además, lo haga de forma contundente.
No obstante, sin renunciar a la lucha diaria, la celebración del 1º de mayo para la clase obrera debe convertirse en lo que realmente es: una jornada de huelga y lucha. Debe abandonarse esa concepción de día festivo, uno más entre santos, santas, vírgenes, natalicios divinos y otras zarandajas, y asumir que solo parando la maquinaria de producción capitalista se conseguirán victorias.
Es necesario, para la clase obrera y masas trabajadoras, el unificar las luchas y comenzar a preparar una huelga general contra las acometidas del capital y sus gobiernos; contra la represión de la lucha sindical y trabajadores y trabajadoras que solo reclaman sus derechos; en defensa de los servicios públicos: sanidad, educación, vivienda, pensiones; contra el rearme y para que no nos arrastren a la guerra; en solidaridad con el Pueblo Palestino y contra el genocidio del ente sionista… Sólo de este modo la clase obrera irá adquiriendo la conciencia de clase para sí, conciencia de clase revolucionaria, que le permitirá derrotar al caduco sistema capitalista.
F.J. Ferrer











