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Editorial Enero 2026


Sintetiza en tres palabras las manifestaciones más evidentes de la opresión a la que el capitalismo somete a la sociedad y, especialmente, a las masas trabajadoras. PAZ, TECHO, TRABAJO son reivindicaciones para la acción política de la militancia comunista y la organización y movilización de las masas.

Es una fotografía de la realidad que objetivamente afecta a una amplia mayoría social, que más allá de la confrontación directa capital/trabajo por la mejora de las condiciones laborales entre burguesía y proletariado –entre quienes se ven obligados a vender su fuerza de trabajo y el patrón– padecen la incapacidad del estado burgués para satisfacer sus demandas más elementales.

Es evidente que no hablamos de los problemas que refleja la demoscopia sistémica que, sobre la base de una compleja y vasta dominación ideológica de las masas1, es capaz de situar como principales preocupaciones de la población debates absolutamente artificiales, instrumentalizados y desinformados, como los de la ocupación de viviendas, el terrorismo, la amenaza ruso/china, la inmigración, la unidad de España o la corrupción política del “y tú más”, por poner solo algunos de los ejemplos más absurdos y preocupantes que han liderado las últimas encuestas.

Todas ellas inquietudes funcionales para el Poder que, por su capacidad de distraer a las masas de sus verdaderas necesidades, las convierte en el trampantojo social que permite sostener en la inopia de su propia existencia a quienes, por la acción sostenida de los medios de propaganda y un sistema educativo amorfo al servicio de la burguesía, en gran medida han perdido la capacidad de sostener un pensamiento crítico propio y en defensa de sus verdadera necesidades como ser social.

Frente a esta realidad, en la plenitud de su desarrollo, “Paz, Techo, Trabajo” sí son reivindicaciones que recogen los anhelos básicos para el avance equilibrado y racional de cualquier sociedad y, justo por eso, trabajaremos para que, frente al constante proceso de alienación y aculturación impuesto a la sociedad desde las clases dominantes, se conviertan en una plataforma de acción política asumida por amplias masas populares que sientan reflejadas sus necesidades en ella.

¿Acaso qué otras cosas son necesarias para que haya justicia, cultura emancipatoria y solidaria, sanidad y educación públicas y de calidad…? ¿Qué más puede pedir quien aspira a poder vivir feliz con su familia y amigos en un entorno social seguro, sano y confortable en armonía y equilibrio con la Naturaleza?

¿Pero esto que decimos es así, o es puro idealismo más propio del discurso de una ONG al uso que de un Partido Comunista? ¿Dónde queda en este propósito loable la lucha de clases que, no lo olvidemos nunca, es el verdadero motor de la Historia y la única fuerza capaz de transformar las sociedades?

Efectivamente, éstas son tres consignas, orientadas a inculcar a las masas una referencia desde la que actuar e identificar la contradicción existente entre lo que para ellas no es más que una evidencia necesaria para su existencia y los intereses del Capital; necesitan dotarse de un creciente contenido de clase y de un propósito revolucionario para ser realmente efectivas y no un mero brindis al sol.

Un proceso que, partiendo de la demostración empírica de que ninguna de esas tres legítimas aspiraciones populares pueden ser atendidas por el Capital, requiere de la interactuación de la militancia comunista con las masas para, en lo concreto de la lucha y las reivindicaciones espontáneas de las masas, irlas convirtiendo progresivamente en factores de confrontación con el Estado y sus instituciones.

Es necesario que, con ejemplos concretos vinculados a su propia experiencia, la militancia comunista tenga la capacidad de “despertar el descontento y la indignación contra esta flagrante injusticia”2 que se da en cada una de las contradicciones sociales que se expresan en la consigna “Paz, Techo, Trabajo”.

Por mucho que esta realidad se pretenda ocultar desde las más diversas retóricas, a izquierda y derecha de los distintos sujetos políticos del Sistema, el capitalismo en su fase actual de desarrollo imperialista, objetivamente ya no puede resolver ninguna de ellas de forma favorable para los intereses de las masas populares.

El capitalismo necesita la guerra para sostener su dominación, requiere que no solo la vivienda, sino todo (jubilación, cuidados, alimentación, sanidad, cultura…) sea una mercancía y no un derecho y exige aumentar los niveles de explotación, incrementando el grado de extracción de plusvalía absoluta y relativa, para sobrevivir.

Sin la violencia que se esconde detrás de estos tres propósitos irrenunciables del capitalismo, le resulta imposible compensar la creciente e imparable caída de la tasa de ganancia de un sistema que, instalado en una profunda crisis general que afecta ya a toda su realidad económica y social, es incapaz de ofrecer soluciones a los verdaderos problemas de las personas.

ESTE ES EL GRAN RETO PARA 2026.

Un propósito que, requiriendo unir las luchas para alcanzar victorias sobre el enemigo de clase, exige del compromiso constante de la militancia comunista por:

-Movilizar en la calle, sin renunciar a ningún espacio de lucha y con el propósito firme de trascender los actuales límites de intervención política de masas de la militancia comunista y del conjunto de nuestros compañeros y compañeras, incorporándonos a todos los espacios que sean susceptibles de avanzar políticamente, conformando conciencia de clase.

- Generar en la práctica una compleja red de alianzas sociales temporales con las que ir creando una referencialidad entre las masas. Solo si existe ese entorno político se puede atender la prioritaria tarea de “coadyuvar al desarrollo político y a la organización política de la clase obrera”3. Sin él, todo es retórica.

-Organizar estructuras de base del movimiento obrero y popular con los propósitos ineludibles de:

1) Conformarse como espacios sociopolíticos estables y con un propósito claro de continuidad temporal, que le permita ganarse la legitimidad social desde la que poder hacer convocatorias y llamados para movilizar a las masas. La experiencia tras las grandes movilizaciones por Palestina confirma que es urgente abandonar la dinámica de creación constante de estructuras creadas ad hoc para tal o cual objetivo. Hoy es una exigencia de primer orden salir de esa dinámica de espontaneismo en la que el movimiento lo es todo y, tras cada proceso de movilización puntual, no queda nada organizado.

2) Tener la vocación de coordinarse en estructuras de ámbito superior, superando la lacra del localismo, pero sin renunciar a la consideración de que la soberanía no puede sustraérsele a quienes forman las organizaciones de base. En esas dinámicas cupulares siempre llevará las de ganar el reformismo que, justamente, es para eso para lo que trabaja. Razón por la que no es posible subsumirse a sus dinámicas pensando que se les puede arrinconar en sus propósitos.

3) Propiciar el protagonismo de sus participantes y no ser sustituido por liderazgos impuestos desde ámbitos externos al propio movimiento.

En definitiva, un compromiso con el desarrollo del Frente Obrero y Popular por el Socialismo (FOPS), que parte de la convicción y la seguridad de la capacidad de la clase obrera y los sectores populares para protagonizar el necesario cambio revolucionario de la sociedad en defensa de sus intereses.


1 En un reciente artículo publicado en www.unidadylucha.es, los camaradas del Frente Popular de Turquía llaman a este proceso “ocupación de las mentes”.

2 “¿Qué hacer?”, Obras Escogidas de Lenin, Ed. Progreso; Tomo 1, página 172.

3 “Tareas urgentes de nuestro movimiento”, Obras Escogidas de Lenin, Ed. Progreoo 1 página

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