En la actual coyuntura política, claramente marcada por violencia desatada desde la Casa Blanca contra cualquier disidencia interna o externa que cuestione sus políticas, recordar que el 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania por el Presidente Hindenburg con el acuerdo y la complicidad activa de la derecha conservadora y la patronal, es una obligación ineludible para cualquier persona comprometida con unos mínimos valores de justicia, libertad e igualdad.
Una consideración crítica de la realidad que, para el conjunto de las organizaciones revolucionarias y su militancia, ha de ir un paso más allá y, necesariamente, tornarse en un compromiso político práctico y concreto frente a la barbarie imperialista y en defensa de la Humanidad, que debe materializarse en una lucha por el poder obrero y el Socialismo.
Cuando ya hoy, los hechos demuestran con meridiana claridad que el Imperialismo norteamericano, rehabilita la experiencia criminal del III Reich emulando su existencia, tanto al interno, como al externo de sus fronteras, no es posible pasar por alto las evidencias de determinados paralelismos históricos que permiten afirmar que, en su propósito de construir el Reich planetario, la administración Trump y sus socios sionistas, no tiene más referencia histórica que la genocida violencia supremacista del nazismo.
No será políticamente correcto afirmarlo, pero hoy, como se hizo en 1933, se construye un discurso que deshumaniza al diferente –al negro, musulmán, latino, oriental…- y criminaliza al opositor…al comunista, por las mismas razones y motivos que le abrieron la puerta de la cancillería alemana a Hitler: defender los intereses de la burguesía monopolista.
Ha de quedar muy claro, que todo el discurso mesiánico de nación elegida, raza superior, espacio vital, destino histórico…, que repiten masas embrutecidas por el odio y la ignorancia, no es más que la patraña argumental en la que se enredan quienes, incapaces de interpretar cuáles son sus verdaderos intereses y necesidades, son usados como perros de presa del gran capital que, contrariamente a ellos, sí sabe muy bien qué es lo que quiere y qué es lo que necesita para seguir manteniendo su dominación.
Resultado práctico de esta afirmación, es la evidencia de que la policía migratoria yanqui –la ICE- es la actual SA nazi porque hacen los mismo que ellos, pero también que los votos MAGA, son como las más de 17.000.000 de papeletas del NSDAP porque sueñan con ser superiores al resto y dominarlos. En definitiva, y como advertencia histórica que se desprende de este paralelismo indudable, es que esta frenética sucesión de acontecimientos violentos que padecemos, no es más que el delirio previo a todas las guerras, que se inocula en las sociedades mediante el miedo y la mentira.
Goebbels hoy se llama Elon Musk y Franco, Abascal…es la historia que, lamentablemente, se repite en forma de farsa, cuando no es la clase emergente, la clase revolucionaria, la que capitanea la lucha de clases y son los espectros criminales de un imperialismo decadente y en descomposición, los que pretenden tirar para atrás el reloj de la Historia y ganarle tiempo al momento de su definitivo entierro.
Un ejemplo cercano a esta farsa ridícula, lo ejemplifica una valoración somera de lo que son y representan, quienes aúpan en las encuestas a VOX y aplauden las razias racistas que se agolpan frente a los Centros de Menores y acosan e insultan a niños por el mero hecho de ser pobres y aspirar a vivir en “su” España sin ser cristianos viejos. Seres repugnantes que, desde la más profunda ignorancia y desprecio a la inteligencia, sacan la bandera con la cruz de Borgoña y alaban la historia criminal de los Tercios de Flandes, porque piensan que con ello defienden su existencia. ¡Desgraciados!
En ese sentido, compartiendo con el historiador Eric Hobsbawm, su afirmación de que “a inicios de la década de 1990, terminó una etapa de la historia del mundo para comenzar otra nueva”, afirmamos que en 2026, pasadas ya casi tres décadas de esa aseveración, es posible afirmar que, por lo que afecta al imperialismo en esta nueva etapa histórica, éste ya ha dado la cara en relación a que su propósito final no es otro que la dominación completa del Planeta y que, para conseguirlo, no duda en usar de forma generalizada la violencia genocida contra todo pueblo, nación o colectivo humano que se le enfrente.
Es el fascismo del Siglo XXI, que determinado por la crisis capitalista y su desarrollo estructural, necesita –como lo hizo en 1933- la liquidación de su propio marco legal para consolidar su plena dominación.
Su mundo soñado, en el que todo viene definido por el fetichismo de la mercancía, es unipolar, supremacista, racista, imperial…¿alguna diferencia con el Reich de los 1.000 años?
Ninguna, solo detalles
Por eso, volvemos a afirmar que, como en 1933, la contradicción entre las necesidades de la Humanidad y las exigencias imperialistas, es insuperable.
El enfrentamiento necesariamente debe ser radical. Son ellos o nosotros, en una lucha sin espacio alguno para la conciliación de intereses por más que una maltrecha y desorientada socialdemocracia sin espacio de gestión posible, proclame lo contrario.
Saquemos conclusiones prácticas y aprendamos de la Historia y, frente a la evidencia del referente genocida de nuestro enemigo de clase, que solo trae violencia, explotación y destrucción, levantemos la bandera roja de Stalingrado, la que, finalmente, ondeó victoriosa en el Reichstag e hizo capitular al nazismo el 9 de mayo de 1945.
Julio Díaz











