La atención de Marx se centra en la agricultura y en el problema de la devastación del suelo, pero vincula esta cuestión a un principio más general: la ruptura del sistema de intercambios materiales entre las sociedades humanas y el medio ambiente, en contradicción con las “leyes naturales” de la vida. Así, el tema del colapso del metabolismo lo encontramos en un pasaje del Libro I de El Capital: “la producción capitalista...no solo destruye la salud física de los trabajadores urbanos y la vida espiritual de los trabajadores rurales, sino que también perturba la circulación material entre el hombre y la tierra, y la condición natural eterna de la fertilidad duradera del suelo, al hacer cada vez más difícil devolver al suelo los ingredientes que se le extraen y se utilizan en forma de alimento, vestido, etc. Pero al perturbar las condiciones en las que esta circulación se produce casi espontáneamente, obliga a restablecerla de manera sistemática, en una forma adecuada al desarrollo humano integral y como ley reguladora de la producción social...Además, todo progreso en la agricultura capitalista es un progreso no solo en el arte de explotar al trabajador, sino también en el arte de despojar al suelo; todo progreso en el arte de aumentar la fertilidad durante un tiempo es un progreso en la ruina de las fuentes duraderas de fertilidad. Cuanto más se desarrolla un país, por ejemplo los Estados Unidos de América del Norte, sobre la base de la gran industria, más rápidamente avanza este proceso de destrucción. La producción capitalista desarrolla, pues, la técnica y la combinación del proceso de producción social solo minando simultáneamente las dos fuentes de las que fluye toda la riqueza: la tierra y el trabajador”.
Junto con el agotamiento del suelo, el otro ejemplo de catástrofe ecológica mencionado por Marx y Engels es la destrucción de los bosques. Marx parece defender el “principio de responsabilidad” y en algunos textos el socialismo se asocia con la abolición de la separación entre la ciudad y el campo, y por tanto con la eliminación de la contaminación industrial urbana. En el volumen III de El Capital, Marx ya no define el socialismo como “dominación” o “control” humano sobre la naturaleza, sino más bien como control sobre los intercambios materiales con la naturaleza: en la esfera de la producción material, “la única libertad posible es la regulación racional, por el hombre socializado, por los productores asociados, de su metabolismo con la naturaleza, que la controlen juntos en lugar de ser dominados por ella como un poder ciego”.
Una ecología que ignore o desprecie el marxismo y su crítica del fetichismo de la mercancía está condenada a no ser más que un correctivo a los “excesos” del productivismo capitalista












