Desde los primeros escritos de Marx, llama la atención su evidente naturalismo, su visión del ser humano como un ser natural inseparable de su entorno, pues la naturaleza, como escribió Marx en los Manuscritos de 1844 “es el cuerpo no orgánico del hombre”. Marx define el comunismo como un humanismo que es al mismo tiempo un “naturalismo completo”. Mediante la abolición positiva de la propiedad privada, la sociedad humana se convertirá en la “culminación de la unidad esencial del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo consumado del hombre y el humanismo consumado de la naturaleza”.

En el texto de Engels El papel del trabajo en la transformación de los monos en hombres (1876) es esta concepción del naturalismo la que fundamenta su crítica de la actividad depredadora del ser humano sobre el medio ambiente: “los hechos nos recuerdan a cada paso que no dominamos la naturaleza como un conquistador domina a un pueblo extraño, como quien está fuera de ella, sino que le pertenecemos con nuestra carne, nuestra sangre, nuestro cerebro, que estamos en su seno y que todo nuestro dominio sobre ella reside en la ventaja que tenemos sobre todas las demás criaturas de conocer sus leyes y de saber usarlas juiciosamente”.

Marx utiliza la teoría del valor trabajo para explicar el origen del valor de cambio en el marco del sistema capitalista. Por otra parte, la naturaleza contribuye a la formación de la verdadera riqueza, que no es el valor de cambio, sino valor de uso. Marx plantea esta tesis explícitamente en la Crítica del Programa de Gotha (1875): “el trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es fuente de valores de uso (que, al fin y al cabo, son auténtica riqueza) tanto como el trabajo, que en sí mismo no es más que la expresión de una fuerza natural, la fuerza de trabajo del hombre. El trabajo no es, pues, la única fuente de los valores de uso que produce, de las riquezas materiales. Él es el padre y la tierra la madre, como dice William Petty”.

El objetivo supremo del progreso técnico según Marx no es el aumento infinito de los bienes (“tener”), sino la reducción de la jornada de trabajo y el aumento del tiempo libre (“ser”). En los Manuscritos de 1844 leemos: “cuanto menos eres, menos manifiestas tu vida, cuanto más posees, más crece tu vida enajenada, más acumulas de tu ser enajenado”.

Marx estaba convencido de que en las sociedades primitivas existía una especie de unidad entre los productores y la tierra, y veía como una de las tareas importantes del socialismo restablecer esta unidad destruida por la sociedad burguesa, pero a un nivel superior (negación de la negación).

Antes de El Capital(1867), los escritos de Marx contenían una visión bastante acrítica del “progreso” capitalista, actitud a menudo descrita con el término mitológico “prometeísmo”. En 1865-1866, cuando Marx descubrió a través de los escritos del químico agrícola Justus von Liebig los problemas del agotamiento del suelo y la ruptura metabólica entre las sociedades humanas y la naturaleza, comenzó a cambiar su postura con una visión mucho más crítica de los daños del “progreso” capitalista, acentuados después de 1868 al leer las obras del científico alemán Carl Fraas y descubrir la deforestación y los cambios climáticos locales. Así, leemos en un pasaje del capítulo 47 del libro III de El Capital, “Génesis de la renta capitalista de la tierra”: “por una parte, la gran propiedad territorial reduce la población agrícola a un mínimo en constante descenso; por otra parte, le opone una población industrial en constante crecimiento, apiñada en las grandes ciudades: crea, en consecuencia, condiciones que provocan una ruptura irreparable en la conexión del metabolismo social, un metabolismo prescrito por las leyes naturales de la vida. El resultado es que se desperdicia la energía del suelo, y este despilfarro se extiende a través del comercio mucho más allá de los límites de cada país… La gran industria y la gran agricultura industrializada actúan juntas. Si bien en su origen se distinguían en que el primero devastaba y arruinaba la fuerza de trabajo y con ello la fuerza natural de los seres humanos mientras que el segundo hacía lo mismo directamente con la fuerza natural del suelo, en su desarrollo posterior unieron sus esfuerzos, en la medida en que es sistema industrial en el campo debilita también al trabajador mientras que la industria y el comercio proporcionan a la agricultura los medios para agotar el suelo”.

 

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