Estos días posiblemente cambies de calzado con la llegada del buen tiempo. Los escaparates tienen precios astronómicos, de tres cifras. Probablemente desconozcas que a quien une pieza a pieza, desde casa o desde un garaje mal ventilado convertido en taller, le han pagado por ese mismo par entre euro y medio y euro con setenta céntimos. Es probable que tampoco sepas que ese trabajo tiene nombre de mujer, porque la industria del calzado se ha construido sobre dos pilares: la segregación por sexos y la economía sumergida.

Tampoco pienses que hablamos de geografías lejanas, hablamos de comarcas del País Valenciano como Elda, Petrer y Elx; también en otros lugares, donde los explotadores son los verdaderos beneficiados de ese andamiaje laboral clandestino. Fábricas, marcas e intermediarios obtienen tremendos beneficios de las plusvalías que sacan de las manos del trabajo invisible y sumergido de las aparadoras. Troceada la cadena de producción del calzado, cerca del 90 % se ensambla fuera de la fábrica que tiene la marca y una de las partes iniciales en el proceso de fabricación del zapato, la que consiste en la unión de sus piezas, denominada aparado, se hace en condiciones de clandestinidad en más del 80 %. Ese trabajo lo hacen mujeres, conocidas como aparadoras, a las que no les cotizan a la seguridad social, no figuran de alta, no tienen contrato, no cuentan con espacios dignos de trabajo ni con condiciones de seguridad e higiene, no pueden jubilarse, ni cobrar el paro, ni enfermar. En definitiva, no existen como trabajadoras con derechos.

Estas mujeres aparadoras pagan la electricidad, las agujas y las reparaciones de las máquinas. Pasan horas de trabajo frente a una máquina sin cambiar de posición por unos pocos euros, proveedoras secundarias de la economía domestica tal como dicta la sociedad patriarcal y justificación machista de los trabajos más precarios, penosos, salarios más bajos y, una vez llegadas a una mediana edad, con enfermedades como artritis,ceguera, lumbago, desviaciones de columna… Enfermedades que nunca les serán reconocidas como contraídas por causa del trabajo desarrollado.

Aún más, fabricar el calzado es un proceso de transformación y ensamblado de varios componentes. Algunas de esas operaciones consisten en unir piezas del zapato, para lo que se utilizan colas o adhesivos (de baja viscosidad, fácil aplicación y rápida evaporación) y disolventes. Desarrollado ese trabajo en barrios obreros de las ciudades, casa a casa, sin espacios reservados para esa actividad laboral y con el uso de esos materiales tóxicos, sin ninguna protección efectiva frente a esa exposición a contaminantes tóxicos tanto para la trabajadora como, por supuesto, tampoco para el resto de personas que conviven en el domicilio; trabajando cerca de la cocina y otros espacios de la casa al alcance de niños y niñas, son expuestos a dichos contaminantes y a contraer enfermedades a todos los que inhalen esas sustancias o las absorban vía cutánea. Enfermedades como la polineuropatía tóxica subaguda (y conocida popularmente como “parálisis del calzado”), es una de las dolencias que pueden contraer y que nunca les será reconocida como enfermedad profesional, pues aunque siendo una enfermedad típicamente de origen laboral, ellas y sus familias “no cuentan con historial laboral” que avale dicha exposición para que cuando enferman se considere una contingencia profesional. Hay estudios del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Alicante que han constatado también el mayor número de abortos sufridos entre las aparadoras que entre la restante población femenina, en un concreto centro de salud en Elche. El común denominador de todas ellas eran la postura mantenida durante muchas horas, duros ritmos de trabajo y, sobre todo, la exposición a tóxicos.

En el año 2018 se creó la Asociación de Aparadoras y Trabajadoras del Calzado de Elche; entre sus objetivos: la lucha por el reconocimiento de las enfermedades propias o de los años trabajados, que permitan el acceso a una jubilación digna o la aplicación del Convenio Colectivo. En 2021 presentaron ante el Ministerio de Trabajo firmas de apoyo a sus reivindicaciones. En 2026 ninguna de sus peticiones ha sido atendida y el trabajo sumergido se extiende al juguete y otros sectores.

La lucha sigue porque, como dice el poeta: “mientras haya injusticia, se pelea”.

Ana Muñoz

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