Cuando las palabras enmudecen  y doblegan a los movimientos sugerentes de Alicia Alonso en el epicentro de la danza mundial y la voz centenaria de un continente, y la voz de Omara Portuondo vibra por todos los continentes; la Cuba de la Revolución, la única posible, porque sin la Revolución, Cuba no existiría en el mapamundi, ha llevado a la cima mundial la danza y la música a través de dos mujeres imprescindibles.

Alicia Alonso había perdido la visión y con casi cien años danzaba flotando en el aire del escenario, grácil y decisiva, pintaba en el vacío del espacio con la expansión dinámica de su cuerpo la melodía y pulsión de la vida en una incesante coreografía. Alicia comenzó interpretando La bella durmiente del bosque en 1931 en el país de las “maravillas” del sanguinario Machado. Había pasado por el American Ballet Theater en la que había sido la vieja metrópolis. Dará un salto de pértiga en el Bolshoi y teatro Kirov en la Unión Soviética, la meca de la danza mundial. A partir de entonces, llevó a cabo giras mundiales por la vieja Europa y el continente americano, así como por la vastedad del continente asiático. Alicia fundó la Compañía Alicia Alonso, que acabó en la quiebra. A partir de 1959, Alicia Alonso regresó a la Cuba liberada del putrefacto neocolonialismo norteamericano y fundó el Ballet Nacional de Cuba, centro de relevancia mundial de la danza. Tuvo un papel fundamental a la hora de impulsar la proyección internacional de Antonio Gades. Hasta sus casi cien años no se apartó de la danza, la vida.

Omara Portuondo sigue la senda centenaria de Alicia. Con sus noventa años sigue activa, su voz y vitalidad son vertiginosas fuerzas telúricas. Desde su interpretación de La bayamesa de Sindo Garay, su paso por Tropicana , cantó  melodías inolvidables del  jazz en tiempos de  Loquibambia Swing, primero, y formó parte del grupo de mujeres cantantes Anacaona. En solitario comenzó su senda  con el álbum Magia Negra. Su broche de oro ha sido su apoteosis en Buenavista Social Club.

Alicia y Omara representa las altas cumbres de la danza y la música de dos cubanas revolucionarias indoblegables.

Miguel Ángel Rojas

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