Podría ser la secuela de aquellas magistrales películas de Berlanga y Azcona, la Escopeta nacional, Patrimonio nacional, Nacional III, y por qué no, Prioridad nacional. Las aventuras de señoritos casposos, moralmente abyectos, que no han dado palo al agua en su vida, en la búsqueda de cómo salvaguardar sus privilegios apelando a lo de siempre, lo nacional. Y es que en españilandia, la palabra nacional va acompañada de lo esperpéntico. Es la esencia misma del fascismo, la escenificación de una ideología, tan falsa como atroz, la puesta en marcha de la narrativa, decoración y vestuario necesarios para hacer de la crueldad la imitación de un proyecto político. Es así como en 1935, Walter Benjamin, definió el fascismo, la estetificación de la política, a la que los y las comunistas respondemos con la politización del arte.

Sobra dar la explicación periodística de la prioridad nacional, ya sabemos que es la propuesta estrella de VOX, la cuestión no es el suceso en sí, sino su significación. Sin una fórmula mínima de maquillaje lingüístico, no en vano, en eso consiste la simulada transgresión de los fascistas, decir lo que todos piensan y solo ellos se atreven a decir -como si hablar como un ignorante fuera valiente-, prioridad nacional es la reformulación del "los españoles primero" que los partidos fascistas, como Democracia Nacional o España 2000, consignaban hace más de 20 años. El caso es que, a quién se dirige el mensaje, a todos los que tienen DNI, a los blancos católicos, a los que hablan bien, con el acento de Castilla la vieja, a los que son muy hombres y no andan con mariconadas… qué tipo de limpieza de sangre hace falta para ser de los primeros, habrá que hacer como el siglo XV, ostentación de suciedad para demostrar ser cristiano viejo?

La consigna de los españoles primero es importante porque hará efecto en aquellos sectores útiles para el fascismo, el proletariado desclasado y aspiracional que se cree clase media por vivir más hipotecado, los fachapobres. Cuando la relación es de subordinación, cuando los únicos extranjeros que conoces son la limpiadora de tu casa, el conserje de tu edificio, o el camarero que te atiende, lo de los españoles primero no tiene mucho sentido, pero cuando tienes que compartir espacios, servicios y derechos interesadamente degradados, entonces ese mensaje se convierte en la explicación fácil a tus problemas. Atacas al de al lado porque no ves al de arriba, porque el conflicto, no es entre españoles y extranjeros, es entre ricos y pobres, es lucha de clases. Con la retórica de cómo vas a quitar el pan a un hijo para dárselo al de fuera, lo que argumentan es el reparto de la pobreza, normalizan la escasez y problematizan la clase obrera. Mientras cae el nivel de vida y aumenta la pobreza, logran el dos por uno, el ejercito de reserva del capital que compite por satisfacer las demandas del patrón, y los escuadrones de camisas pardas, negras o azueles que salen de cacería para sembrar la política del miedo.

El esperpento consistía de retratar la realidad con espejos cóncavos, acentuado sus rasgos más grotescos, pero con el fascismo sobran los espejos cóncavos, la realidad se vuelve en sí grotesca, y del biopoder que domina estableciendo lo que debe ser biológicamente normal, pasamos a la necropolítica del quién tiene derecho a vivir y quién debe morir. En los últimos 40 años, sin socialismo real, los servicios públicos se están liquidando, los derechos sociales en extinción, el colonialismo y la guerra desatados, gana el fascismo y su miseria nacional. Solo en el socialismo hay futuro.

Eduardo Uvedoble

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