
Lo que ha sucedido recientemente en Almería no es una anécdota: es la prueba de que el oportunismo no tiene límites. Cuando la clase obrera atraviesa las peores condiciones, ahí aparecen los sindicatos del pacto social, CCOO y UGT, intentando capitalizar el descontento justo en plena precampaña electoral andaluza. Llaman a las trabajadoras y trabajadores del manipulado de verduras, hortalizas y flores a movilizarse contra la sobreexplotación brutal que sufren… pero callan lo esencial: esa explotación está blindada en el convenio que ellos mismos firmaron.
Más de 30.000 trabajadoras y trabajadores sobreviven con un convenio que no garantiza ni lo mínimo para una vida digna, un convenio que , mágicamente, en fechas electorales, los mismos firmantes presentan como “injusto”. No es sorpresa: es la lógica del pacto social, del sindicalismo que prefiere quedar bien con el patrón antes que ponerse del lado de la clase obrera. Y cuando llegan las elecciones al parlamento burgués , entonces sí, entonces denuncian oportunistamente la miseria que ellos mismos avalaron.
Convocan al sector, no a la huelga, sino a movilizarse en domingo para no incomodar a la economía patronal. Reúnen a las y los asistentes en una plaza y, sorpresa, allí aparecen los candidatos de la socialdemocracia servil —PCE IU, Sumar, Podemos y demás oportunistas y traidores— buscando pescar votos entre la desesperación obrera.
Se cantan consignas, incluso se baila al ritmo de la música, mientras figuras destacadas de ese reformismo decadente se dirigen a la masa obrera para animarla a repetir la “acción”, quizá la próxima vez junto al mar, en el paseo marítimo, con chiringuitos, cervecitas frías y todo el decorado de su política espectáculo.
Algunas trabajadoras, aún con claridad, se atreven a plantear la necesidad de la huelga, pero son silenciadas con cánticos de “sí se puede” y demás consignas vaciadas de contenido. Los convocantes no toleran que nadie cuestione sus planes ni su estrategia, que hoy pasa por convertir la movilización en un acto electoral, por arrancar el máximo número de votos de unas trabajadoras y trabajadores que no encuentran salida a su extrema precariedad y sobreexplotación.
Se inundan las páginas de los periódicos locales —y algunos incluso de tirada nacional— con titulares perfectamente calculados. Miles de fotos y vídeos circulan por las redes sociales. Nada queda al azar, y mucho menos al cuestionamiento. En mayúsculas y negrita se proclama que “el sector se manifiesta” y que CCOO UGT lideran la batalla por un mejor convenio, construyendo así un relato que pretende fijar en la opinión pública quiénes son los supuestos referentes de la lucha obrera.
Aquí un hecho: Son partes firmantes del presente Convenio Provincial, de una parte, por el Sindicato de Industria, Construcción y Agro de U.G.T. y el Sindicato de Industria de CC.OO., como representación laboral, y, de otra parte, las Asociaciones Empresariales COEXPHAL, ECOHAL y ASEMPAL-AGRICULTURA, y "ASEMPAL", en representación empresarial.
Pero, sin ser mal pensados y negativos, concedamos por un momento que fuese cierto lo que dicen los titulares. Aun así, ¿de verdad podemos creer que sin paros, sin huelga, sin organizar la resistencia obrera frente a la soberbia y la sobreexplotación patronal, estos oportunistas están por mejorar las condiciones de las trabajadoras y los trabajadores?
¿Convocando en domingos y festivos, reduciendo la protesta a una fiesta de colores y proclamas, a un espectáculo inocuo que jamás intimidará al patrón porque, de hecho, le resulta beneficioso para sus intereses?
¿Quién puede creer que así se conquista un convenio digno, que así se doblega a una patronal que solo entiende el lenguaje de la fuerza organizada? Solo con el más alto nivel de organización obrera, que sitúe como eje central la huelga indefinida para presionar hasta vencer a la patronal, podrán las trabajadoras y los trabajadores de este sector —vital y fundamental— conquistar sus objetivos. Ninguna otra vía, ningún sucedáneo festivo o simbólico, sustituye la fuerza real de la clase organizada en lucha.
Carlos Bashir












