
Algunas películas, por su deficiente distribución o porque el realizador y el casting son desconocidos por el público en general, se ven relegadas y no logran el éxito esperado. Incluso, pese a que sus temáticas sean interesantes y de gran actualidad, quedando probado que el triunfo de un filme es, también, cuestión de marketing. Es el caso de esta más que sugerente producción hispano-portuguesa, Justicia Artificial, llevada a la gran pantalla en 2024 por el cineasta gallego Simón Casal, autor de llamativas películas, como el telefilme Eduardo Barreiros, el Henry Ford español (2012) o Lobos sucios (2016), una historia ambientada en las minas de wolframio en Galiza durante la 2.ª Guerra Mundial. Un mineral esencial para el desarrollo armamentístico nazi proporcionado en aquellos años por el régimen franquista. En esta ocasión, el realizador coruñés se interesa, y con toda la razón, por un asunto que no deja indiferente a nadie en nuestros días: la Inteligencia Artificial (IA). Tampoco a Unidad y Lucha, cuya editorial acaba de publicar un libro sobre el tema del reconocido profesor danés Sven Tarp. Y ello lo pone Simón Casal en escena, narrando la historia de Carmen Costa (Verónica Echegui), una reconocida juez que se opone tajantemente al proyecto gubernamental de sustituir en un futuro próximo a los jueces por programas informáticos de Inteligencia Artificial. Mucho más, sabiendo que el proyecto y su azarosa puesta en funcionamiento estarán controlados totalmente por una voraz multinacional. Nada exorbitante, por otra parte, cuando pensamos en empresas como Palantir Technologies (PLTR) y sus Plataformas de Software Gotham, Foundry o Apollo, fundadas con apoyo de la CIA y orientadas a controlar los sectores públicos y privados, la defensa, el “terrorismo” o la gestión de datos operativos y toma de decisiones.
Por el progreso humano
Y es ahí, más allá de la debilidad del guion, de un cierto esquematismo psicológico de los personajes o de la carencia de un análisis político-filosófico profundo, donde reside la importancia y relevancia de este atractivo thriller; y del por qué es recomendable: tiene la virtud de hacernos reflexionar y tomar conciencia del peligro de la implementación a nivel mundial de un sistema tecnológico sumamente poderoso y sofisticado (¿la cuarta revolución industrial?), que en manos de insaciables intereses imperialistas pondrá — pone ya— a la humanidad frente a la esencia misma de su capacidad cognitiva. Es decir, frente a aquello que nos ha elevado por sobre las demás especies: la inteligencia humana y la racionalidad. Ante esa decisiva batalla, anunciada cada vez con mayor acuidad, el joven director gallego opta claramente por un discurso humanista, oponiéndose a esa creciente amenaza y defendiendo la utilización de la IA en beneficio del progreso humano y no en el de unos pocos.
Rosebud












