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La FIFA firmó en febrero pasado un acuerdo con el insultantemente llamado “Consejo de Paz”, encabezado por Trump y constituido a bombo y platillo apenas un mes antes en la 56a sesión del Foro Económico Mundial. Con esta firma, estampada en un acto celebrado en el ¡Instituto Donald J. Trump para la Paz! y que según Infantino, “…fomentará inversiones en el fútbol, con el objetivo de contribuir al proceso de recuperación en zonas afectadas por conflictos”, la FIFA se sitúa nítidamente como cómplice de la limpieza étnica y el genocidio infringido al pueblo palestino por el sionismo y el imperialismo nucleado en torno a EE.UU., la OTAN y la UE.

La “memorable” aportación de la FIFA a tal operación especulativa, urbanística y financiera, gigantesca y criminal, sería la construcción en Gaza de “50 minicampos de FIFA Arena ubicados en las proximidades de centros educativos y zonas residenciales,…”. ¿Qué centros educativos? ¿Qué zonas residenciales? Y, sobre todo, ¿qué niñas/os van a usar esas canchitas? Según el informe de una Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU, publicado recientemente, “más de 20.000 niños palestinos murieron y más de 44.000 resultaron heridos entre octubre de 2023 y octubre de 2025,…”, cerca del 30% de todas y todos los asesinados en Palestina en dicho período, muchas y muchos de los heridos con amputaciones.

No olvidemos que ese acuerdo firmado por la FIFA se produce en el contexto del “Plan de Paz para Gaza” firmado en octubre de 2025, un proyecto colonial que un siglo después pretende restituir en Palestina el protectorado británico, ahora yanki-sionista, con el objetivo delirante de establecer en Gaza una “Riviera de Oriente Medio”. Cerca de 300 niñas/os, asesinados tras la aprobación del ¡Plan de Paz!, tampoco podrán disfrutar de las 50 canchitas que “generosamente” les va a construir la FIFA.

Por si no quedase clara la absoluta alineación de la FIFA con los perpetradores de genocidios y agresiones imperialistas, entre ese “Plan de Paz para Gaza” y la firma del acuerdo con ese “Consejo de Paz”, y coincidiendo con el sorteo final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, el 5 de diciembre pasado el presidente de la máxima autoridad del fútbol mundial le entregó a un tal Donald J. Trump el primer “Premio FIFA de la Paz: el fútbol une al mundo”, trofeo inexistente hasta entonces e inaugurado ad hoc para agasajar al dictador.

Apenas tres meses más tarde, Estados Unidos y la entidad sionista estaban bombardeando ciudades, colegios, universidades, hospitales, centros deportivos (¡qué ironía, ¿verdad?),…, de Irán, uno de los países que estaba dentro del bombo tras su clasificación por la Federación de Fútbol de Asia Central y que ocupa el puesto 21º del ranking FIFA. ‘Unidos por la paz’ es el lema de la FIFA que llevan todos los jugadores en los parches oficiales de sus camisetas. ¿Alguien da más?

Pues sí, hay más. Muy probablemente será Trump quien entregue el trofeo de campeón a la selección ganadora de la Final del domingo 19 de julio. Para las y los más viejos del lugar será imposible no revivir la entrega de la Copa del Mundo de 1978 por Videla, cabeza de la criminal dictadura militar argentina, al entonces capitán de la selección anfitriona, Daniel Passarella. Y algo más nos lo recuerda pues, como ya sabemos, un fascista vuelve a encabezar el gobierno argentino.

Sobreexplotación, corrupción, especulación, xenofobia, racismo, supremacismo blanco, limpieza étnica, genocidio, guerra imperialista a las puertas ya de la “civilizada” Europa, y un fascismo galopante que, de facto, ya ha tomado el poder en su principal organizador, convierten a este Mundial FIFA 2026 en la repetición, esta vez como farsa, de aquellos Juegos Olímpicos de Berlín 1936 organizados por la Alemania Nazi bajo el lema “Llamo a la juventud del mundo”. Pronto supo la juventud soviética a qué se refería.

Pero finalicemos con un buen sabor de boca. El pasado 22 de junio, en plena celebración del fasciomundial, se cumplieron 40 años de aquellos dos históricos goles de Maradona frente a Inglaterra en el Mundial de México 86: el primero, minuto 51, un gol de niño que aprendió a jugar entre chabolas, y conocido como ‘La mano de dios’ tras la inteligente respuesta a la prensa por parte de su autor. El segundo, sólo 3 minutos más tarde, el mejor gol de la Historia, para taparle la boca a quienes se les ocurriera acusar a estos “sureños” (por no decir otra cosa) de ganar con marrullerías: 52 metros, 10,6 segundos, 44 pasos, 12 toques de balón, 6 jugadores ingleses desbordados.

“Vamos ¡eh! Vamos, que estos hijos de puta nos mataron a nuestros pibes, a nuestros amigos, a nuestros vecinos. ¡No podemos perder!”, cuentan que Maradona arengó a sus compañeros tras las últimas notas del himno argentino. Y así fue. Cuatro años atrás, durante la Guerra de Las Malvinas, inmediatamente antes del Mundial de España 82, el Reino Unido había machacado militarmente a Argentina en nombre de la “democracia”, la del colonialismo y el imperialismo, la de la ‘Operación Cóndor’.

El pueblo de Cuba tiene casi imposible el acceso a los partidos de este Mundial FIFA 2026 debido al estado de sitio energético al que le tiene sometido uno de sus organizadores. En un magnífico artículo publicado en el Diario Granma pocos días antes del inicio del Mundial bajo el título ‘El Mundial comenzó muy mal, antes del silbatazo inicial’, su autor define a la perfección lo que el fútbol ha significado en muchas de nuestras vidas: “En unas horas los amantes del fútbol volveremos a ser niños, luciremos esa edad fuera del reloj cuando el balón equivalía al sol, el terreno parecía acoger el universo y los 90 minutos duraban la única eternidad que pretendíamos poseer”. Construiremos el Socialismo y el fútbol volverá a ser así porque, tal y como aseguró Maradona en su despedida de las canchas, “La pelota no se mancha”.

José Barril

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